Fernando Milagros: Con las venas abiertas

Impecable lanzamiento en vivo de su nuevo álbum
Fernando Milagros: Con las venas abiertas

Martes 30 de mayo, 2017
M100

Antes de la partida falsa en el lanzamiento del más reciente álbum de Fernando Milagros, la sala se oscureció por completo. Los músicos seguían sobre el escenario y solo él había desaparecido. Segundos después, una luz lateral cae sobre uno de los pasillos para iluminarlo. Vestía un poncho amerindio. Despojado de toda amplificación, anuncia: “algunas canciones son eternas”, y acompañado solo del cuatro, empieza a cantar ‘Tonada de luna llena’, una canción original del venezolano Simón Díaz. Se produjo un inquietante silencio, con un público que observó al borde de la emoción la performance de Fernando. Instante sublime. Un viaje a nuestras raíces latinoamericanas, como alguna vez lo hizo Víctor Jara. Esa pasión, esa convicción, esa emotividad, tiñó la noche y el repertorio de un artista que sin una pretensión esnobista, nos invita a un paseo sonoro por nuestro barrio sudaca. Cantándole a todos los despiertos.

Los caminos que ha recorrido Milagros son diversos. En su búsqueda por ganar confianza y seguridad en su discografía, ha visitado distintos estilos, convirtiéndolo como en un paria dentro de la escena nacional. Demasiado eléctrico para el folk. Demasiada instrumentalidad para el pop. Demasiada quietud para el rock. Pero en todo en ese proceso, con discos como “San Sebastián” o “Nuevo Sol” que no le han permitido despegar por completo –quizás por su carácter intimista-, en “Milagros” encontró el lenguaje unificador y popular. Un disco que entra en comunión con la influencia de la música latinoamericana, y sus propias inquietudes compositivas, confluyendo en un sonido único, destellante y cercano. Y que en vivo, crece como el musguito en las piedras, tanto en lo musical como en lo interpretativo.

La presentación estuvo llena de puntos altos. Desde la iluminación que aportó una visualidad súper potente, cargado al azul profundo, mismo de la carátula del disco que fue proyectada desde la mitad del show; la performance de sus músicos, todos muy versátiles, destacando la labor del multinstrumentista Martín Benavides; y el setlist, que como buen lanzamiento estuvo dedicado al disco nuevo, cuyas texturas permean a sus canciones más viejas, tiñéndolas de una nueva personalidad.

Así fueron pasando ‘Abrí’, ‘Un espíritu’, ‘Cuál es el secreto’ y ‘Despierto’ (con su cadencia a la ‘Ain’t No Easy Way’ de Black Rebel Motorcycle Club), canciones en donde se percibe muy bien el nuevo sonido autóctono que ha estado trabajando, filtrado con arreglos muy eléctricos y, sin prejuicios, usando lo digital de manera muy inteligente, ejercicio muy en sintonía con el trabajo que ya lleva encaminado Camila Moreno. Y con las lecciones entregadas por Radiohead. ‘Sí, siempre’, por ejemplo, tiene unas percusiones a lo ‘There, There’, que acompañan a los chisquidos de los dedos característicos de la canción, y que el público acompañó muy bien.

‘Carnaval’, ‘La playa’ y ‘Reina japonesa’ fueron las primeras visitas a su pasado, actualizándolo con arreglos al sonido actual. En la última, además, viviéndose otro momento de interacción con el público. "Sé que es un teatro y hay butacas, pero igual se podrían parar en ésta. No es broma”. Obedientes, los fanáticos –que llenaron el auditorio principal de M100- lo acompañaron de pie y cantando su canción más emblemática, que hasta se puede ver rayada en las paredes de la ciudad. Fernando disfrutaba la complicidad, y en ‘Querido Enemigo’ invitó a la gente a que se subiera al escenario, de los que una veintena se animaron, y entre cantos y bailes lo acompañaron en una canción con raíz en el vallenato colombiano. La fiesta del cordón andino.

También dio un espacio para momentos más íntimos. Luego de la ya mencionada ‘Tonada de luna llena’, seguió con ‘Abuelo’, ‘Nahual’ –esa hermosa canción cuyo espíritu es el de ‘Que he sacado con quererte’, con bronces incluidos-, y más adelante ‘Aurora’, en la vuelta al escenario. La primera pausa vino de la mano de la subversiva ‘Marcha de las cadenas’, y sus versos que parecen molotov encendidas con las percusiones mestizas.

Presentación lúcida, profesional y cargada de símbolos, todo desde lo musical. Milagros no necesitó echar mano a nada más para evocar distintos sentimientos, desde lo romántico hasta lo sedicioso. Sus letras son sus testimonios, que parecen intactos mientras su música va perfeccionándose. “Todo lo que soy, lo he aprendido en el camino”, canta en ‘Todo lo que sé’, y es una sentencia precisa. “Milagros” es aprendizaje, quizás, tomado desde las lecciones de otras épocas por musicalidades tan ricas y diversas como la de Los Jaivas, Divididos o Café Tacvba. Y, desde su propia perspectiva, va tiñendo esos relatos sonoros con las melodías propias del espíritu de su tiempo, pero por sobre todo, mirando el barrio, la cultura latinoamericana, convirtiéndolo en un artista invaluable dentro de nuestra escena. Capturando y haciendo propia la identidad triturada de los pueblos al sur del mundo, cuyo patrimonio inmaterial aún no ha sido saqueado -su folklore bastardo- pero que sigue con las venas abiertas. Fernando Milagros, desde la música, con su disco e impecable show, hace su propio acto político para aquella autovaloración. Y para su defensa, como lo dice claro y fuerte: no podrán detener el ruido, no podrán apagar el canto.

César Tudela
Fotos: Loreto Valenzuela

Contenido Relacionado