Eyehategod: En el nombre del vértigo

Aplastante debut de la leyenda de New Orleans

Jueves 4 de octubre, 2018
Espacio San Diego

Un poco antes de que el reloj marcara las 00:00 horas, los integrantes de Eyehategod figuraban exhaustos arriba de un escenario que ya había prendido todas sus luces, signo inequívoco de que 1 hora  y media de historia había pasado delante de nuestros ojos. El cuarteto se encontraba afectuosamente con su público, fervientes parroquianos que lucían ensimismados ante la presencia de las leyendas del sludge norteamericano, una banda irreverente que no le debe nada a nadie, manejada bajo sus propios términos y que desborda una agresividad sonora y corporal que está en extinción.

Pero la jornada empezó mucho antes que eso. Puntualmente a las 21:00 horas, los nacionales Sangría pusieron sobre la mesa su apabullante densidad sonora al servicio de una mezcla de doom, sludge y death metal que mantuvo las cabezas de los presentes en un constante y lento vaivén; ‘Ritualista’, ‘Cegados’ o las nuevas ‘Origen’ y ‘Esclavos de la Ira’ cubrían todo el espacio San Diego con sus oscuras atmósferas amplificadas por los parlantes. La lapidaria actuación del trío se encaminó por un poco más de 45 minutos, destacando  las participaciones de Alejandro Ossandón en ‘Resistencia’ y Miguel Ángel “Comegato” Montenegro en “Ornamento”, respaldando así un contundente acto de apertura  que dejó los ánimos calientes para recibir el plato fuerte.

La euforia no se hizo esperar. Muchos se agarraban la cabeza entre la incredulidad y las ganas de romperse el cuello en el headbanging provocado por el extenso trance  de una especie de obertura que desembocó en la aguerrida ‘Agitation! Propaganda!’, para que Mike Williams tomara el micrófono y gritara enfervorizado: “¡somos Eyehategod de New Orleans!”. Así pasaron ‘Jackass In The Will Of God’, ‘Lack Of Almost Everything’, ‘Parish Motel Sickness’ o ‘Blank’, entre la cerveza que volaba por los aires,  el agua que Williams tiraba con total desparpajo y la invasión constante del escenario por parte de algunos entusiastas, situación que a ratos ponía un tanto incómoda a la banda, pero con el correr de la presentación añadió otro ingrediente especial a la cita.

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Mientras Gary Mader lucía concentrado haciendo rugir las cuatro cuerdas en ‘Shoplift’, ‘Sisterfucker Pt1 & Pt2’, o ‘Medicine Noose’, el guitarrista Jimmy Bower se mostraba más relajado, fumando y tonteando con Williams, pasándola bien y tocando pegado a la reja para nutrirse de la vibra que se formó en trallazos como ‘Revelation/Revolution’, ‘Take As Needed For Pain’ o ‘$30 Bag’, todo mientras Aaron Hill controlaba perfectamente los tiempos, pasándose entre los ritmos furibundos y espesos de ‘New Orleans Is The New Vietnam’, ‘Methamphetamine’ y ‘’Serving Time In The Middele Of Nowhere” en una jornada que nunca mermó en intensidad gracias a los constantes moshpit y los gritos que acompañaban cada canción.

A pesar de su confrontacional puesta en escena, Eyehategod engloba la noción de comunidad en su sentido más primitivo. El contacto entre la banda y sus fanáticos es un ingrediente primordial en su fórmula. Se entiende que es lo que hace aflorar esa pasión desatada que no da tregua y no puede pasarse por alto en un concierto que vive constantemente en un aura de quiebres y sensaciones. Hay bandas que saben darlo todo en el nombre del vértigo y con su actitud traspasan cualquier género o etiqueta, al punto de ser referentes. Ésa ética viste la historia de Eyehategod, una bestia indomable que, finalmente, presenciamos en todo su esplendor en un escenario chileno. Irrepetible.

Pablo Cerda
Fotos: Juan Pablo Maralla

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