Evanescence: Intactos en la memoria

Amy Lee y sus compañeros conservan un público masivo y fiel

Jueves 4 de mayo, 2017
Movistar Arena

Cuando se confirmó la fecha de Evanescence en el país, la incógnita que surgió fue qué había sido de esta banda que alcanzó una popularidad importante a principios de los 2000 a nivel global, con su crossover entre rock pesado –muy emparentado entonces con el nu metal- y un estilo gótico en lo visual, reforzado por el oficio de una cantante tan carismática como enérgica.

El rastro de la banda se había perdido por seis años. Lo último que se escuchó de ellos fue en 2011. Sin embargo, la convocatoria en el Movistar Arena demostró que Evanescence conserva en nuestro país un público masivo y fiel, conformado por millennials que se identificaron con su música a destiempo, pero también, por aquellos adultos que los acompañan desde el exitoso “Fallen”, cuando eran adolescentes irascibles y abrumados.

Desde el inicio del show, uno puede comprobar que Amy Lee es el alma y corazón de Evanescence. Es la dueña del escenario, con un desplante intenso y unas cuerdas vocales que parecen desafiar el paso del tiempo. Su protagonismo es tal que todo se centra en ella, desde la banda que está a su completo servicio (saliendo de escena cuando es necesario), hasta las cámaras de las pantallas laterales que la siguen constantemente. Ella lo sabe, y maneja a voluntad los climas del espectáculo.

El primero de ellos, es mostrar la faceta más ruidosa de la banda –sonando como cañón, nada que decir-, con el cruce entre melodías dramáticas y riffs con declarada intención a sonar muy pesados. La demostración clara fue con ‘Everybody's Fool’ o en la ensordecedora ‘Going Under’ en la apertura, canciones que son parte de su catálogo más clásico. Público al bolsillo al instante. Sin embargo, cuando ya tienen que echar mano al resto de su cancionero más intenso, es cuando se evidencia la repetición de su fórmula, con composiciones que caen en la monotonía. Y si bien hay intentos de mostrar matices, como en ‘The Other Side’ con su toque industrial, ‘What You Want’ y sus límites con la electrónica, o en ‘Haunted’ con su discreto solo con efecto wah wah en guitarra, no alcanzan para darle un ritmo más dinámico.



En esos momentos de mucho ruido y pocas nueces, es cuando Amy apela con todo al poder de su canto, con sus gritos llegando a unos altos imposibles. Pero además, muy inteligentemente, su setlist realiza pausas para que pueda lucirse en aquella otra vertiente de la banda como lo son las sensibles baladas, en donde entra el piano y Amy es la estrella absoluta, al poder escucharse limpiamente su voz mezzosoprano lírica, que llenaba la gran cúpula del Movistar Arena. Momentos estelares se vivieron en ‘Lithium’, Breath No More’ y ‘My Immortal’, esta última, convertida en un íntimo, dramático y nostálgico karaoke masivo, que emocionó a más de alguno, incluida la propia Lee.

Entre esos dos parajes se movió Evanescence durante la noche. Hay que rendir créditos también a parte del resto de la banda, como al baterista Will Hunt, responsable del tono avasallante en las canciones. Malabarista y virtuoso con las baquetas, tiñó de un color más metálico el espíritu de la banda, echando mano a su experiencia, donde aparece en el currículum su labor en Black Label Society. Destacar también el trabajo de overol de Jen Majura, que en segunda guitarra además apoyaba a Lee en las voces corales. Punto aparte su look, una Grace Jones gótica-industrial.

Perfectamente el proyecto podría pasar a la singularidad. Ser Amy Lee con banda soporte, pero hay ciertos códigos, cierta magia –y contratos- que es mejor mantener. Quizás es mero romanticismo conservar el nombre, ya que los cambios en el equipo han sido permanentes y para qué seguir hablando de su largo silencio discográfico, pero cuando uno escucha con tanta pasión a un público cantar –gritar- la segundas voz de ‘Bring Me to Life’ (originalmente realizadas por Paul McCoy de 12 Stones), con esas frases eufóricas “wake me up” y “save me” tan arraigadas en la memoria, todo el análisis se va al suelo. Sí, Amy le da épica y cuerpo a Evanescence, pero es este nombre grupal el que invoca a una sensibilidad que es capaz de emocionar y llenar teatros. Y que aún no ha pasado de moda, pese a todo.

César Tudela
Fotos: Juan Maralla

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