En Órbita 2018: Odisea sónica

Un viaje hacia lo más profundo de la vanguardia

Sábado 24 de noviembre, 2018
Teatro La Cúpula

Un astronauta y un cohete espacial de gran tamaño recibieron a los asistentes que desde el mediodía rondaban las cercanías de La Cúpula para sumarse a En Órbita 2018 y así embarcarse en un viaje que unió ciencia y música, objetivo principal de un cónclave que este año afrontó su tercera edición con múltiples iniciativas que lo posicionan  como uno de los eventos más refrescantes de la amplia oferta nacional.

Los fuegos se abrieron el martes 13 de noviembre con el acto de inauguración que tuvo al mismísimo Jonathan Wilson tocando en formato íntimo para dar paso a  las charlas y conferencias que se desarrollaron en el Museo de Arte Precolombino entre el jueves 22 y el viernes 23 de noviembre y continuaron ese mismo día con los showcases de bandas como Bahía Sónica, Moutain Castels, Cabra Guaraná y Portugal en Bar Loreto, Onaciu y Club Vita . Dichas actividades  tuvieron su epítome el día 24 con la ponencia del astrónomo y Premio Nacional de ciencias exactas José Maza titulada “Life On Mars”, la cual pretende generar conciencia sobre la posibilidad de que el hombre pueda habitar  el planeta rojo a futuro, dando así el vamos a una travesía de sonidos únicos provenientes de distintas partes del planeta tierra.

La escena de Seúl se hizo presente con la mezcla de funk, soul y reggae de NST & The Soul Sauce Meets Kim Yul Hee y el rockabilly de corte garage de Dead Buttons, quienes deleitaron a los presentes con energéticas puestas en escena y brillantes ejecuciones que sorprendieron a más de alguno. Por su parte, los australianos Alex Biggs, Deep Sea Arcade y los canadienses We Are The Wolves complementaron el cariz multicultural de evento, balanceándose entre las bellas piezas acústicas del primero, la propuesta llena de colores psicodélicos de los segundos y el indie rock con tintes bailables de los terceros. Entre tanta diversidad, la actuación de Juan Wauters asomó como una de las más singulares, ya que el uruguayo se bajó del escenario, pasó el micrófono a la gente, pidió apagar todas las luces del escenario para “disfrutar de sus sonidos vacíos” y alentó al público para que hiciera el mayor ruido posible mientras se iba, una performance diferente que contrastó con la electricidad enardecida del tramo principal del certamen.

Lo de Suuns fue toda una experiencia sensorial. La pantalla con lineas rojas resplandecientes a sus espaldas fueron el telón perfecto para los tensos sintetizadores saturados que resonaban en La Cúpula, mientras ‘Control’ cubría todo con su densidad atmosférica y el público se asomaba de a poco a presenciar un derroche de intensidad que se extendió por un poco más 50 minutos. “Instrument”, “Translate” y “Paralyzer”, entre otras, insertaron  a todos en un verdadero agujero de gusano sónico, formando capas de gran intensidad amparados en golpes secos de batería o acoples de guitarra que invitaban a los asistentes a un baile lento en el que las texturas estaban al servicio del trance.

Y si lo de los canadienses ya había  traspasado las barreras de lo hipnótico, lo de Föllakzoid hizo estallar los sentidos como una supernova incandescente gracias al repaso íntegro de ‘Follakzoid III’, transformando la actuación en una rave onírica en la que cortes como ‘Electric’ o ‘Earth’ sonaron despampanantes. Domingo García-Huidobro se movía con total desparpajo, luciendo su delgada figura por todo el escenario, fumando y haciendo girar su fender jaguar, mientras los sintetizadores se esparcían lentamente como polvo estelar hasta llegar a su fin con ‘Feuerzeug’, dando vuelta su guitarra y machandola contra el piso, lo que culminó una performance de una banda reconocida altamente por sus electrizantes pasajes.

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En ese sentido, el contraste no podía ser mejor con la intensidad mostrada por los dos actos de cierre que tuvieron a los asistentes en llamas hacia el final del festival. El músico israelí Yonatan Gat llegó como uno de los números más  importantes de la vanguardia mundial, con una fuerza encandilante que gracias a sus pletóricos guitarrazos y la solidez de una base instrumental entrega actuaciones que no dejan  indiferente. Con el escenario al medio de la cancha, Gat se dispuso a comenzar su explosivo set no sin antes enfrentar algunos desencuentros con la seguridad del lugar, ya que el pequeño espacio en el que iba a tocar contaba con rejas, las cuales mandó a quitar para desenvolverse  tal y como le gusta: atiborrado de gente, recibiendo y desbordando la energía que sale a golpes de temas tan explosivos como ‘Cockfight’, dando pie a largas improvisaciones en donde lo importante es la combustión colectiva. En sus propios términos y levantando su guitarra tal y como luce en la foto de su LP “Universalist”, Gat concluyó su actuación en medio del clamor popular de un público extasiado por tal demostración de poder.

Y mientras todo eso ocurría en la cancha, en el escenario principal se podían ver dos sets de baterías que miraban de frente al público, signo inequívoco de que The Oh Sees estaba por tomar el espacio por asalto. Tras una prolongada prueba de sonido con la banda sobre el escenario ajustando los últimos detalles y un público impaciente, finalmente los de San Francisco arrancaron de forma meteórica una presentación en la que el respetable no paró de saltar, cantar y bailar. Y es que trallazos como ‘Plastic Plant ’, ‘Tidal Wave’ y ‘The Dream’ incendiaron la noche con riffs entretenidos, baterías astronómicamente veloces, bajos rotundos y teclados psicodélicos que sobresalen en la marchante ‘C’ con su vibra peligrosa y urgente. John Dwyer era imparable, saltaba con su guitarra bien arriba, se retorcía y jugaba con los pedales mientras la tormenta sónica impregnaba a un público totalmente prendido que hasta se atrevió con un mosh. La prolongada ‘Contraption/Soul Desert’ bajó la cortina de una jornada extensa, pero caracterizada siempre por el espíritu inquieto de una banda frenética y visceral.

Con un cartel siempre propositivo y multicolor, En Órbita volvió a demostrar la importancia de los festivales de nicho, ya que le dan al público nacional la oportunidad de ver lo que está pasando en otras latitudes para ampliar los horizontes perceptivos, poniendo la calidad por sobre la masividad. Las palabras de un agradecido Yonatan Gat en medio de su presentación son el argumento más fuerte para avalar esta verdadera odisea sónica: “Se sentía una vibra especial antes de comenzar el show. Ojalá que en el futuro existan más festivales como estos”.   

Pablo Cerda
Fotos: Juan Pablo Maralla

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