En Chile

En Chile
Domingo 16 de octubre de 2011, Centro Cultural Amanda
Un verdadero privilegio fue contar con la presencia de la inclasificable súper banda estadounidense, The Sea And Cake en nuestro país. La propuesta de pop-rock elegante y, al mismo tiempo, energética del cuarteto de Chicago, dejó su impronta musical única, en un Centro Cultural Amanda, atiborrado de fanáticos. Sam Prekop en voz y guitarra, John McEntire en batería, Eric Claridge en bajo y Archer Prewitt en guitarra solista, se despacharon un show entretenido, al punto y de calidad, que recorrió sin concesiones, piezas de toda su trayectoria.

El festival “indie” como fue denominado, abrió con la presencia del interesante trío nacional de pop experimental, Astro. La banda ejecutó un set de seis temas muy variados que, indistintamente, recordaban algo a The Mars Volta, Mercury Rev e, incluso, Led Zeppelin. La banda liderada por el cantante y guitarrista Andrés Nusser, exhibió sus credenciales musicales por medio de temas como “Mono Tropical”, “Maestro Distorsión”, “Le Golden Ballon” y su single “Ciervos”, muestra de su nuevo trabajo de larga duración debut, tras el celebrado epé de 2009, “Le Disc de Astrou”. 

Tras el intermedio, fue el turno de Caravana, el proyecto acústico del integrante de Congelador, Rodrigo Santis. Con una banda formado por otros destacados músicos de la escena nacional, entre ellos Gepe, Fernando Milagros y Pedro Piedra, Santis mostró las canciones de su disco homónimo. Aunque el sonido no fue del todo claro, la mística melódica de las canciones de Caravana, aparecieron en temas como “Reconocer”, “La Entrega”, “Cada Vez”, “Garantía” y Sigue Sus Ojos”.

La presencia de los actos chilenos, que me parecen una extraordinaria iniciativa de la productora a cargo, Trucko, dio paso al plato de fondo, que todos esperaban. Con una propuesta escénica simple pero efectiva, los cuatro músicos de The Sea And Cake se subieron al escenario, con su tradicional formato de cuarteto rock. Y no era mentira cuando Prekop nos adelantó en entrevista para Rockaxis, que harían un recorrido por gran parte de su obra. 

El show comenzó con una seguidilla de canciones de su más reciente disco de larga duración, “Car Alarm” de 2008. Entre ellas, “Weekend”, “Window Sills” y “The Staircase”, temas que, inmediatamente, revelaron las características que han convertido a la banda, en una de las más representativas de la escena de Chicago. La manera de cantar y el tono de voz tan especial y adictivo de Prekop; la batería hiperkinética pero certera de McEntire; el sonido contundente y muy presente del bajo de Claridge; y los solos y arreglos de Prewitt en la guitarra líder, quien entregaba los detalles sónicos más puntuales a la banda, complementándose de gran forma, con la guitarra rítmica del mismo Prekop.  

Que las canciones sean parecidas y guarden una homogeneidad entre sí es, justamente, el acierto y el mérito de The Sea And Cake, ya que es ahí donde radica su marca registrada, su entrega musical tan particular, que fusiona en el formato de canción, la sensualidad del bossa nova, la complejidad rítmica del jazz, la cadencia del soul y la experimentación moderada del pop independiente. Así como en la primera parte del show, la banda se concentró en “Car Alarm”, la siguiente sección, estuvo conformada por temas del disco “Everybody” de 2007. Se sucedieron con fuerza inusitada y ejecución impecable, “Crossing Line”, “Exact To Me” y Coconut”, para luego ejecutar “Up On The North Shore”, del excelente epé de este año, “The Moonlight Butterfly”.

McEntire, también miembro de Tortoise, tocaba la batería con una potencia descollante, marcando el ritmo con pulcritud, pero también, con arduos momentos de redobles, destiempos y, sobre todo, de matices, claves a la hora de hablar de la música de Sea And Cake. Los cuatro integrantes se complementaban y comunicaban de manera casi telepática. La fruición existente entre Prekop y Prewitt en las guitarras era sorprendente, con momentos para la melodía y el ruido, mientras que el bajo de Claridge, hacía que todo fraguara a través de esas líneas narrativas y planeantes.

El recorrido del concierto fue el pasado por primera vez, con la interpretación de la instrumental “Escort” y luego, con “An Assasin”, ambos clásicos del recordado álbum de 1995, “The Biz”. El sonido temprano de la banda, se complementaba de excelente forma con las canciones más nuevas y el show avanzaba rápido y sin vacilaciones. “Midtown” del disco “Oui” de 2000, fue una ejemplar del que es, a mi juicio, una de las mejores entregas de la banda, para luego continuar presurosos con “Coconut” de “Everybody” y, nuevamente volviendo al pasado, con “The Biz”, “Leeora” y dos sorpresas: “Jacking The Ball” del disco debut homónimo de 1994 y “The Argument” de otro buen trabajo, como es “The Fawn” de 1997.

Así fue como la banda, que sólo se comunicó con algunas pequeñas intervenciones de Prekop, agradeciendo o anunciando uno u otro tema, terminó el show regular, antes de volver para el encore. La audiencia que repletó el recinto, clamaba por más música del cuarteto y este, no se hizo rogar demasiado, para regresar al escenario. La destacada “Lyric” de “The Moonlight Butterfly” y el clásico “Parasol” del álbum “Nassau” de 1995, fueron las piezas elegidas para cerrar el debut de The Sea And Cake en el país. Un show redondo, sin momentos bajos, que mantuvo al público todo el tiempo entusiasmado y que se pasó rápido, no porque fuera corto, sino que por la innegable calidad de una banda intensa y adictiva, que no dejó un minuto para respirar ni aburrirse.

Héctor Aravena A.-
Fotos: Nicolás Cubillos.-

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