El Último Ke Zierre: Hasta perder la voz

Un culto en constante ascenso
El Último Ke Zierre:  Hasta perder la voz

Sàbado 2 de junio.  Teatro Cariola.

El vínculo que El Último Ke Zierre comenzó a forjar con el público chileno en diciembre del 2005 parece inquebrantable. Pasan los años, envejecen los integrantes del grupo y también lo hacen sus seguidores. Algunos de ellos se van y otros llegan. Cambian los escenarios y también el contexto. Puede ser en un enardecido Estadio Víctor Jara con la policía lanzando gases afuera del recinto o en un emocionado Caupolicán que celebra junto a los españoles su aniversario número 25. Puede ser en una atiborrada K-masú, que parece hacerse pequeña para tanta gente, o en un festival realizado en la explanada de un Club Hípico cuya gigantesca extensión es insuficiente para albergar el enorme cariño que los fanáticos le tienen a la banda.

Una vez más un escenario chileno fue testigo de esa devoción que El Último Ke Zierre genera en estos lados. Un Teatro Cariola repleto con más de 1.600 personas es el marco escogido para apreciar que ese vínculo no sólo sigue intacto, sino que parece ser cada vez más fuerte. Fuerte como el estruendoso coro que resuena por todos los rincones del recinto construido entre 1949 y 1954. “Hasta que pierda la voz, hasta que pierda la voz, hasta que pierda la voz gritando”, cantan todos en medio de una masa de gente en la que se entremezclan las coloridas crestas con polerones con capucha decorados con parches, brazos tatuados, torsos desnudos y una que otra chaqueta de cuero con remache.

“Hasta que pierda la voz gritando”, exclama la gente y es precisamente eso lo que está sucediendo, están perdiendo la voz gritando. Algunos comenzaron a hacerlo desde que sonó ‘Con la moral de un carnaval’, canción que abre el último disco de la banda, “El mutante del barrio chino” (2017), cuya presentación fue la excusa para armar esta nueva gira por Sudamérica. El grueso del público, eso sí, empezó a perder la voz con ‘Yo también puedo ser malo’, ese clásico de “A cara de perro”, editado veinte años atrás.

Es difícil poder resumir en poco más de una hora de presentación casi tres décadas de una trayectoria repleta de himnos, pero El Último Ke Zierre se las arregla para dejar conforme a todos. Los fans más viejos se deleitan con ‘Olor a muerte’ o con “A cara de perro’ que los transporta a tiempos en que conseguir el último disco de tu banda favorita era una difícil aventura. Los más jóvenes lo hacen con ‘No es amor’, mientras cantan junto a Roberto Aragonés, el vocalista del grupo, que “no es verdad, si mientes no es verdad. No es amor, si duele no es amor”.

 Los shows de El Último Ke Zierre no son sólo un viaje generacional, sino que también un trayecto que tiene como paradas distintas emociones. Hay espacio para la rabia con ‘Escupiré jodidos’ y su furioso coro que dice “cuídense, aún no me he caído, no lo han conseguido, sólo estoy herido’, o con ‘Insurgente’, esa canción que denuncia las atrocidades que Israel comete con el pueblo palestino. “No voy a ser el perro que guardará tu sombra, si no me quieres libre tendrás que verme muerto”, grita todo el Cariola.

También hay lugar para el amor con “Mi revolución” y, sobre todo para el desamor con esos himnos del “¡Ay, de mí” (2003): ‘Vuelta al infierno’, ‘Tus bragas’ y ‘Mis calzones’, estos dos últimos tocados de manera seguida, casi sin pausas, tal como en el disco, y que se transforman en uno de los puntos más altos de la noche, con coros que resuenan desgarradoramente, mientras varios fanáticos aprovechan de surfear por las cabezas del público.

Varios lienzos decoran el Cariola, uno de ellos las emprende contra la sociedad carcelaria y otro es un llamado a la memoria, a no olvidar. El Último Ke Zierre también hace un llamado parecido con ‘Canto’, que musicaliza algunos fragmentos del último poema de Víctor Jara, escrito por el cantautor chileno horas antes de ser asesinado en el Estadio Chile, recinto rebautizado con el nombre del autor de ‘Plegaria de un labrador’ y donde debutaron los españoles en el país hace 13 años.

Es tal el fervor que el público chileno le tiene a los oriundos de Burriana que en agradecimiento a esa pasión la banda compuso, para el disco “La Burbuja” (2009), ‘Vuelvo a Santiago’, canción que no podía quedar fuera de la presentación, y que, tal como en los últimos shows del grupo, es reservada para la recta final. “Me quiero perder, me quiero perder, yo vuelvo a Santiago y me quiero perder”, es el cántico que al unísono surge de unas desgarradas y exhaustas gargantas.

 

La jocosa y, a estas alturas, antigua ‘Tú me vicias’ provoca una carnicería en la cancha, sobre todo por parte de los seguidores de la etapa más cruda y punk del grupo, seguida de ‘La noche, el día, la droga y el sexo’, escogida para cerrar con cerca de hora y media de una emotiva actuación, que se vio precedida por la soberbia presentación de Ecosidio, banda fundada en Talcahuano y que en poco más de media hora sacó a relucir todo el bagaje de una agrupación que derrocha treinta años de furioso punk rock. Algo similar generó ‘Lo que nunca fuimos’, que con su show demostró por qué se está haciendo un nombre en los espacios subterráneos con su prendido punk rock barrial . 

“Lo que sentimos tocando en Santiago o en Buenos Aires es muy difícil de expresar. Entendemos porque hay equipos de fútbol que sacan de donde no hay con el apoyo de su hinchada, esto debe de ser parecido. Es difícil escucharte mientras cantas o haces coros porque ellos cantan más alto que tú”, escribió el grupo en el cuadernillo del “Directo al tiro”, disco en vivo grabado en la gira sudamericana que el grupo dio el 2010. Ocho años después en el Teatro Cariola es una demostración que esas palabras siguen vigentes. En los conciertos de El Último Ke Zierre cantan todos, gritan todos, y, si es necesario, hasta perder la voz.

Josè Pedro Rossel

Fotos: Juan Pablo Maralla

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