El regreso triunfante de Arctic Monkeys

Potencia, elegancia y un repertorio de calidad para el cierre de #LollaCL

Domingo 31 de marzo, 2019
VTR Stage – Parque O’Higgins

Sumando y restando, no hay muchas dudas de que la música actual ya no viene de la mano de bandas. En esta época de consumo rápido, donde menos no es más sino que todo, son los proyectos solistas los que están liderando la industria musical. Quizás, es por esa razón que los Arctic Monkeys, tras un show de alta calidad cerrando la edición actual de Lollapalooza Chile, a la vuelta de su salida en falso, proyectaron su nombre en grandes y luminosas letras doradas sobre el telón de fondo, como queriéndonos decir: tranquilos, aún quedamos nosotros.

El lugar común de adjudicarles la responsabilidad de llevar las banderas del rock de guitarras en estos días (lo siento GVF, no son ustedes) hizo que desde temprano llegara un público mixto a las cercanías del VTR Stage. Grandes y chicos querían ver en acción a la banda inglesa que, en la previa, cargaba con el recuerdo de su discreta presentación en el Lolla 2012, y con el antecedente de su último disco, “Tranquility Base Hotel + Casino” (2018), trabajo que dividió las aguas de sus fanáticos por tomar la decisión de cambiar los zigzageantes riffs de guitarras por cadenciosas melodías pop. Finalmente, con los años de oficio que ya tienen en el cuerpo, los Monkeys fueron justamente un punto medio de todo lo que han hecho.

Lo que presenciamos fue mejor que cualquier pronóstico en todo sentido, y el cierre que debía tener este cuestionado Lollapalooza. El show que propusieron no solo se paseó por toda su discografía, asumiendo los riesgos de aquello, sino que se fue construyendo de tal modo que, a medida que iban apareciendo los nuevos temas –los más difíciles– no solo brillaron y establecieron su diferencia, sino que también enaltecieron al resto del repertorio. Desde la pegada inicial con la refinada ‘Do I Wanna Know?’ y la incendiaria ‘Brainstorm’, ya sabíamos que las guitarras trepidantes de encarnación rockera iban a estar presentes, y que el grupo entero sería una aplanadora cuando visitasen su catálogo desde “Humbug” (2009) hacia atrás, en una cuota del viejo y querido rock & roll para las masas.

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Por otro lado, Alex Turner estaba totalmente compenetrado y distendido en su labor de capitán del combo. Sus movimientos y su ejecución hicieron notar que aún bombea sangre en sus jóvenes venas. De traje, afeitado y engominado, el frontman era una mezcla de sus últimas personificaciones, brindando potencia cuando había que levantar y parsimonia melódica cuando entra en los terrenos de sus últimas composiciones. Clave también en toda la presentación es la vigorosidad de Matt Helders tras la batería, quien entrega más que el pulso a las canciones: su cometido es excepcional, adrenalínico y toma cierto protagonismo de vez en cuando. Si Turner es el cerebro, Matt sin duda es el músculo de la banda.

Arctic Monkeys se planteó su épica personal, yendo de un lado a otro demostrando que en ambos lados de su balanza musical saben hacer las cosas bien. Sí, ya son una banda con experiencia, que como sus queridos Queens of the Stone Age, pueden pasar de una trama instrumental, eléctrica, ruidosa y efervescente (‘I Bet You Look Good on the Dancefloor’, Teddy Picker’, ‘Cornerstone’, ‘505’, ‘Crying Lightning’), a un plano más intimo, soulsero y elegante (‘One point perspective’, ‘Knee Socks’, ‘Why'd You Only Call Me When You're High?’, ‘Tranquility Base Hotel + Casino’, ’Star Treatment’) sin que nada se torne raro o tormentoso, todo lo contrario: manteniendo un hilo conductor del gusto de todos. En ese sentido, el cierre con ‘R U Mine?’ –fina, arrolladora, rockera y a todo volumen– fue una declaración de principios: la muestra final de que su pasado vive en calma y en sintonía con su presente. El cierre convocante y sin discusiones que este Lollapalooza debía tener.

César Tudela
Fotos: Peter Haupt

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