El Cruce: Embrujo bluesero

Una sólida presentación en sociedad de su nueva producción

Sábado 1 de diciembre, 2018
Club Chocolate

Keith Richards dijo una vez que el blues es “un nervio que resuena en toda la historia de la raza humana, del homo sapiens” y sí hay un grupo chileno que puede adueñarse con propiedad de esa conceptualización es El Cruce, conjunto que toma la música del alma y la traduce en relatos vivos, a punta de fervientes armónicas y un swing de miedo. Y nada mejor que una noche de sábado en Club Chocolate  para disfrutar de la presentación de su nueva placa “Sin Mentir”, sucesora de “770” (2008) que los ve renacer discograficamente como el fénix, ampliando su óptica con elementos únicos que trazan una línea respecto a sus trabajos anteriores.

Con una vistosa chaqueta azul, Felipe Toro se apoderó del micrófono para dar comienzo a un show dividido en dos sets que sirvió para tomar una buena fotografía del presente y pasado del quinteto. Las imágenes del metro y de una ajetreada ciudad eran el telón de fondo que contextualizó ‘Santiago de Chile’, con un riff tan virulento como la estresante vida en la capital. Por otro lado, ‘Se nos fue el amor’ cambió la atmósfera rabiosa de la lucha por la supervivencia urbana para sumergirnos en un cuento de desamor protagonizado por Cristina Tocco en la pantalla y que mostró la aproximación de El Cruce hacia el soul para luego sumergirnos en la melancolía de ‘Sin Mentir’. La diversidad sónica tomó más forma  en ‘El almacén de mi vecino’, en la que exploraron el funk acompañados de la cantante Karen Brown y  una excelente sección de metales a cargo de Rodrigo Meza en el saxo, Roberto Veloso en la trompeta y Carlos Herrera en los vientos, mientras ‘Jenny’ llevó a la audiencia a los terrenos del country con Johnny Cash como norte.

Entrando en la mitad de esta primera parte asomó ‘Alzheimer etílico’, en la que Bluesman Valenzuela asumió el protagonismo con un relato de bar muy en su estilo, reforzado por la performance del artista de circo Emilio Chamorro, quien se caracterizó de borracho e hizo piruetas abajo del escenario. En ese momento, Chicho, seguidor de larga data del grupo, mostró un lienzo a favor de la legalización de la marihuana, acto que los guardias del lugar reprendieron inmediatamente. “¡Aún no era tu momento, Chicho!”, exclamó Felipe entre risas para luego seguir con la cadenciosa ‘Voy a entrar’ y la más pesada ‘Estoy bien’, ambas con momentos muy emocionantes y guitarras demandantes, pero que no se llegaron a escuchar con la potencia que debían y evidenciaron una falta de musculosidad en las seis cuerdas que sería la tónica durante todo el espectáculo.  Al final del primer bloque, ‘Ahora solo quiero olvidarla’ y ‘Mañana salgo libre’ hicieron referencia a antiguos miembros como Orlando Miranda y Pablo Castillo para rendirles un homenaje y a su viaje a la penitenciaría el año pasado, tras lo cual los miembros de la banda fueron saliendo uno a uno del escenario para luego dar rienda suelta a las narraciones nocturnas y lujuriosas que han cimentado su carrera.

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Con cambio de ropa incluido, El Cruce reapareció para desplegar su artillería con ‘A encender el blues’ y ‘Prensa’, momento estelar del reprendido Chicho que ahora sí pudo subir al escenario para mostrar a todos las proclamas “No más presos por cultivar” y “Cultiva tus derechos, siembra tu metro cuadrado”, lo que provocó la algarabía inmediata de los presentes, que siguieron la celebración con ‘Billetera’, con una flameante bandera chilena desde la pista , ‘Galán’, ‘Me gustan todas’ y ‘Mapuche’, esta última muy atingente al contexto actual y con su respectivo saludo a nuestra etnia.

En lo estrictamente musical la banda se encuentra en muy buen  estado. La inclusión del brasileño Gustavo Albuquerque no hace otra cosa que realzar los valores de un grupo que suena aceitado en ‘Mi moto y un blues’, ‘Llévame’, ‘Todo se devuelve’ y ‘Mi negra’, como siempre respaldado por la infranqueable base que proporcionan Jorge Quinteros en batería y Eduardo Silva en bajo, vitales para forjar ese vibrante sonido que lanzó a algunas parejas a la pista de baile en ‘La Chinita’. Tras ‘La Gata’, cantada a todo pulmón por los presentes, la noche cerró con la intensa ‘Blues a Rodrigo’, resaltando una vez más a Karen Brown con un gran dueto, y la clásica ‘Me tienes loco’, a la que solo se le puede criticar lo bajo que se escuchaban las trompetas, pero que se desarrolló con un emocionado Felipe despidiéndose agradecidamente de la gente, amarrando así una presentación estelar en la que una vez más público y banda demostraron perfecta simbiosis por dos horas.

Y es que es que el embrujo blusero de El Cruce sigue siendo irresistible. El encanto de esas crónicas urbanas de amor, desamor, alcohol y fiesta encuentran en las canciones más recientes un nuevo lenguaje que la banda maneja al dedillo, evolución que solo debe continuar para que el nervio siga resonando en nuestra historia nacional. Como decía un enfervorizado miembro del público: ojalá que esa armónica nunca deje de sonar.

Pablo Cerda
Fotos: Juan Pablo Maralla

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