D.R.I.: Al límite de lo extremo

Un brutal banquete crossover
D.R.I.: Al límite de lo extremo

Domingo 8 de abril, 2017
Teatro Caupolicán

Vaya jornada. Qué golpe al mentón. Lejos uno de los shows más intensos de los que se tenga recuerdo. Dejando de lado las vergonzosas cancelaciones pasadas, la energía, agudeza y entrega de D.R.I. aclararon, una vez más, las credenciales de estas leyendas del underground. Pasadas las 19:00 hrs, Tiempos Duros abrió los fuegos en representación del hardcore santiaguino. El público, poco a poco, llegaba al Teatro y obviamente el horario limitó la visibilidad de esta poderosa banda capitalina que no decayó en entrega durante su set. ‘Ángel Caído’ y ‘Lealtad y Unión’ fueron parte de la performance del quinteto, justa y necesaria para calentar el ambiente. Quedamos a la espera del nuevo material de la banda, a más 5 años de su interesante disco homónimo, muy recomendado para los seguidores del New York Hardcore más metálico.



Luego sería el turno de Bonebreaker, una sorpresa en el cartel del show. Primero, porque su death metal se escapaba bastante del temperamento de la cita, también su esencia de tributo alimentaba ciertas dudas en la previa al concierto. Pese a ello, es innegable que temas como ‘To the final Battle’, ‘Bonebreaker’, ‘Evil Being’ o ‘Mercy’ son registros de peso para la escena extrema nacional y resulta significativo que alguien se aventure a rescatarlos. En ese sentido, Tito Mellín y Marco Medina como viejos amigos y baluartes de aquella época, deciden crear esta agrupación que de seguro animará a muchos a más búsquedas históricas de este tipo. ¿La positivo? El grupo no solo se centra en el disco “Bonebreaker”, el guiño inicial a ‘Empire of Orgies’ y su final con ‘They Kill for me’, dan cuenta que la idea de Bonebreaker es rescatar toda la primera época de Undercroft en su conjunto. Veremos cómo les va, aunque es evidente que serán un aporte a la escena nacional y permitirán revivir una época que ya se remonta a 20 años atrás y que muchos no tuvieron la oportunidad de apreciar.



20:30 hrs, puntuales dentro de los horarios publicados, sube a escena D.R.I, acompañados de una bengala dentro del público que los recibía con toda pomposidad. Dicha postal más el plus indudable de bestiales canciones como ‘The Application’ ‘Hooked’ o ‘How to Act’ comenzaron a construir una demencial batahola sin acceso a pausas: zapatillas y gorros que volaban, camisas afuera, el mosh que era persistente y se acrecentaba con hits como ‘Violent Pacificaction’ donde todo el público coreaba con ahínco un himno memorable. Adrenalina a tope. Luego de ello, Kurt Brecht y su tropa presentarían temas de su último EP más reciente ‘Against Me’ ‘Anonymity’ y ‘As Seen on TV’, todos fieles a la impronta de sus creaciones más emblemáticas. Casi como anécdota en ‘Madman’ sube –y con polera de Pentagram- a ocupar el puesto de bajista, el gran Dan Lilker, conocido por sus trabajos en Nuclear Assault y por ser uno de los fundadores de Anthrax.

Una hora de show y DRI bordeaba los 20 temas, un hit tras otro. A la adulada ‘Acid Rain’, le siguen ‘Probation’, ‘Abduction’, ‘Argument Then War’; nada de rellenos, ni de saludos inoficiosos, lo justo y necesario, agradeciendo el apoyo y todos extasiados por la respuesta entregada durante las casi 2 horas de show! ‘Who Am I’  ‘Slumlord’  ‘Dead in a Ditch’ recreaban parte de su colosal obra “4 of a Kind”, devastando todo a su paso. Los stage diving desde el escenario fueron una constante, burlando toda seguridad. Las pasiones estaban desatadas y no había pausa para nada. Seguían ‘Suit and Tie Guy’ y ‘Syringes in the Sandbox’ para llegar a la monumental ‘Thrashard’ la que lamentablemente se vio interrumpida por un error en la guitarra, rápidamente solucionado, para dar paso a ‘All for Nothing’ y ‘Manifest Destiny’, las cuales generaban una efusión descomedida.  El encore no sería más que una cosa de minutos, para dar paso al cierre, donde el concierto se tornaría en una muchedumbre agolpada entre el escenario y los stage diving más intensos imaginables. La locura era total, las bengalas se vuelven a encender y suenan ‘I Don't Need Society’, ‘Beneath the Wheel’ para terminar con ‘The Five Year Plan’ donde el público ya no podía más del éxtasis.

Lejos del romanticismo ochentero, D.R.I. demostró que el espíritu contracultural del crossover no se ha perdido. La rabia y frustraciones siguen ahí, más patentes que nunca y eso generó que el concierto estuviese al límite pero siempre con la música como el elemento integrador principal. Un show transversal que aglutinó desde metaleros extremos, punks, y fans del hardcore, dando como resultado una gran cultura en torno a una banda que en Chile es respetada y tiene ribetes de masividad inusitada para lo que ellos acostumbran; más de 30 temas, un sonido que retumbaba por su alto decibel, pero con una nitidez sorprendente, todo acompañado por una respuesta épica y memorable por parte de la gente. Nada de destrozos ni absurdas peleas, todo fluyó en este despiadado ataque subterráneo. Inolvidable.

Maximiliano Sánchez
Fotos: Sergio Mella

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