DEPECHE MODE

Devoción Universal

Club Hípico
15 de octubre de 2009

La arrogancia del título del nuevo disco de Depeche Mode (“Songs of the Universe”) pudo haberle pasado la cuenta al trío, contando las numerosas cancelaciones por el tratamiento del cáncer de Dave Gahan y también el hecho que, por orden médica, haya tenido que guardar reposo para cuidar su voz. Pero cuando se trata de su presentación en vivo, no hay nada que se entrometa, ni siquiera la gélida noche santiaguina. Por el contrario, lo realizado anoche en el Club Hípico fue una clase de suma elegancia y vigor imperecedero.

Depeche Mode es de esos grupos que ha sabido evolucionar de manera admirable. Si mientras en sus inicios eran una especie de reyes de la electrónica, hoy disparan riffs y actitud con un desplante que tienen de sobra. Dave Gahan es el dueño del escenario, un showman nato, que pese a su viaje ida y vuelta a la muerte y sus complicaciones de salud, se mueve grácil, lleno de una energía que sus contemporáneos en cancha envidiaban, y con una voz que no se mantiene intacta, pero que cumple con más allá de lo exigido. Martin Gore, por su parte, es el maestro de la tradición inglesa de figuras como Elton John, pasando con soltura de la guitarra a los teclados y conmoviendo con su tierno vibrato. Fletcher, por su parte, fue el director de orquesta, el que muchas veces obró como observador y que, sin embargo, creaba los ambientes necesarios para entusiasmar al público.

Todo aquello se presenció con creces en el recinto santiaguino. Cada una de las virtudes de la banda se potenciaban para crear algo sobrecogedor, muchas veces adaptando canciones clásicas a sonidos más guitarreros y pesados o también más íntimos, demostrando que en un show en vivo no hay que limitarse a reproducir los discos sino que también hay que darse el espacio para jugar y experimentar.

El público que reunió a la más variada gama de admiradores (punks, góticos, metaleros, rockeros, ochenteros, etc.) vibró con toda la lista de canciones presentada por la banda, que incluyó temas extraídos desde el álbum “Black Celebration” a su nuevo trabajo “Sounds of the Universe”. Fue con tres cortes extraídos de esa placa que comenzaron el espectáculo pasadas las 21:00 horas, ‘In Chains’, ‘Wrong’ y ‘Hole to Feed’, donde el que se llevó la mayor cantidad de aplausos y la histeria femenina sin duda fue Dave Gahan, por su enorme presencia y sus sensuales movimientos. Por fin terminaban quince largos años de espera.

Pero no fue sino hasta ‘Walking in My Shoes’ que todo el conjunto se desplegó con más soltura, acomodándose al frío y a la expectante masa de fans. Con impresionantes puestas visuales en pantalla, el show transcurría como un paquete completo: buen sonido, gran performance y perfecta puesta en escena. Posteriormente, ‘It’s No Good’ y ‘A Question of Time’ (con una guitarra muy pesada, sacando esa sensación sintética de los ochenta), trajeron el glamour, el baile, los saltos y los canturreos de los numerosos asistentes, desatando la devoción total. Luego, el guiño al “Coexist” y la postura humanista que sostienen contemporáneos como U2 y R.E.M llegó en ‘Precious’.

Uno de los mejores momentos del show fue cuando Martin Gore quedó al micrófono, interpretando primero la bossanovesca ‘Jezebel’ y luego ‘Home’, en una conmovedora versión solo con piano, donde el líder del trío se dio el gusto de ir dirigiendo con su mano al público mientras cantaba y formaba un improvisado y enternecedor coro hacia el final. Fue de tal intensidad este paso por “Ultra”, que cuando Gahan volvió al escenario para cantar una rockera ‘Miles Away’ fue un poco difícil retomar el ritmo y habituarse a la fiesta que había explotado en ‘Walking in My Shoes’.

Ya para ‘Policy of Truth’ se notaba desde la banda que estaba disfrutando muchísimo el show, sensación que transmitían hacia sus seguidores y que ellos respondían entonando todo lo que se presentara. Así fue en ‘In Your Room’, la potente ‘I Feel You’, donde Gore y Gahan cabeceaban al son de los riffs, y ‘Enjoy the Silence’, su mayor éxito, en el que la euforia se tomó al público del Club Hípico. ‘Never Let Me Down Again’ finalizó de forma épica la primera entrega de Depeche Mode, con un público totalmente entregado al fervor moviendo sus manos en lo alto de lado a lado.

Pasados unos minutos, Martin Gore volvió para tocar ‘Somebody’, quien de nuevo tuvo a los fans en sus manos solo con el candor de su voz. Luego de ‘Stripped’, llegó ‘Behind the Wheel’ para causar de nuevo la locura colectiva, sobre todo entre los mayores de 40. Con ello, terminó esta vuelta para otra vez regresar al escenario, ahora con la ineludible ‘Personal Jesus’, que tomó un cariz country blues rock y que prendió a todo el Club Hípico y causar una locura aún mayor que ‘Behind the Wheel’. ‘Waiting for the Night’, que cerró las dos horas de espectáculo, disminuyendo los decibeles y el ímpetu expuesto hasta ese minuto.

En todo sentido, la presentación de Depeche Mode en Santiago tras una década y media de ausencia fue una muestra íntegra de cómo una banda que lleva 29 años de carrera se mantiene más que vigente, sino actual, joven y vivaz pese a los cientos de obstáculos que han debido sobrepasar, con un impecable derroche de talento y una brillante puesta en escena. Qué decir de sus admiradores, quizás de los más fieles que existan, que aportaron también a la integridad del show con un entusiasmo vital para llevarse más que un buen recuerdo a casa. Un concierto genial.

María de los Ángeles Cerda
Fotos: Ignacio Orrego G.

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