Deftones y Quicksand: Centro cremoso

Emotividad a raudales en una noche de ensueño
Deftones y Quicksand: Centro cremoso

Martes 29 de mayo, 2018
Coliseo Santiago

Dos lujos en una misma noche. Primero, una banda que nunca esperamos ver. Segundo, una banda que siempre deseamos tener de vuelta. Ambas en un entorno íntimo y especial, el teatro que hoy se llama Coliseo, inaugurado a fines de los años treinta y por décadas asociado a una iglesia que lucraba con la fe de sus creyentes. El lugar ofrece cercanía con los artistas, una proximidad imposible de lograr en un festival, por ejemplo. Partimos, entonces, con Quicksand y cincuenta minutos de ensueño noventero neoyorquino, la evocación de recuerdos ajenos que, sin embargo, provocan una nostalgia profunda y verdadera, la añoración de lugares nunca visitados y momentos jamás vividos. Reducido a un trío a causa del delicado estado mental del guitarrista Tom Capone, aun así el grupo de culto golpea como si hubiese más gente sobre el escenario que Walter Schreifels, Alan Cage y Sergio Vega.

Aparte del remate con la enorme 'Thorn In My Side', lo mejor del show de Quicksand fue tener al frente a una banda clásica con suficientes razones artísticas para seguir en pie, como expusieron cada vez que echaron mano a "Interiors", su disco del 2017, tocando temas como 'Normal Love' o 'Cosmonauts'. Su regreso está casi al nivel de los retornos de Mission of Burma o Dinosaur Jr., por nombrar a dos bandas estadounidenses de similares características: modesto desempeño comercial, pero tremenda influencia. Con o sin ellos, el recinto seguramente se hubiese llenado igual sólo para Deftones, por lo que su añadidura se sintió como un regalo desde el anuncio del show y también se vivió como tal, una sensación acentuada por la brevedad del concierto, que, dicho sea de paso, tuvo la duración precisa para satisfacer a la minoría iniciada en Quicksand y, al mismo tiempo, no impacientar a la mayoría expectante por el plato de fondo.



La dosis de Deftones no fue tanto más larga que la de Quicksand, o al menos así de rápido se fue, pero dio lo mismo la extensión porque resultó ser un agasajo. En vez de repetir el setlist del lunes, como hace la mayor parte de los artistas que tocan aquí más de una fecha, los californianos optaron por un repertorio que presentó numerosas variaciones respecto al de la noche anterior, suficientes como para esperanzarse con una auténtica trilogía en vez de la mera reiteración de una sola lista de canciones. Había que asistir a este segundo encuentro para escuchar 'Bored', 'Knife Prty' o 'Sextape', ausentes en la velada inaugural, donde sus casillas fueron ocupadas por temas que, a su vez, se echaron de menos entre los que se perdieron lo del lunes, como 'Digital Bath', 'Be Quiet and Drive (Far Away)' o 'Rocket Skates'. La decisión de Deftones sobre su repertorio habla de una banda confiada en la calidad de su cancionero como un todo, y que no se dedica solamente a acumular singles para agruparlos en cada show, lo que reafirma su condición de especial, de distinta al resto.

Es más que Sergio Vega lo que Deftones tiene en común con Quicksand. Las dos bandas que hicieron del martes 29 de mayo un día memorable comparten un exacerbado instinto melódico. Hay una sensibilidad doliente, estremecedora y vulnerable en todo lo que hacen Chino Moreno, Stephen Carpenter, Abe Cunningham y el mentado bajista que estuvo de doble turno. Los Deftones son unos sentimentales por mucho que a ratos castiguen con inclemencia metalera. Se nota a millas de distancia su querencia por The Cure, My Bloody Valentine y Smashing Pumpkins, tres bandas que, como ellos, pertenecen al canon del rock, pero siempre han tenido un costado que se aleja de las convenciones del género, en específico las relacionadas con el imaginario del macho recio y sus costumbres, por mucho que los de Sacramento también atraigan a esa clase de audiencia gracias al escalofriante poderío que combinan con su emotividad. Crocante por fuera, cremoso por dentro.

Andrés Panes
Fotos: Jacinta G