DEEP PURPLE

Romper la armonía

Domingo 23 de noviembre de 2014
Legalize Festival, Espacio Broadway


Si alguien dice que Deep Purple decidió morir sobre el escenario, hay que creerle sin asomo de duda. Su sólida actuación en el Legalize Festival 2014 lo confirma. A los ingleses les tocó cerrar una jornada que incluía nombres de variado calibre y estilo, como Los Jaivas, Aguaturbia, Jorge González y Quique Neira, entre los nacionales, mientras gente como Ska-P y The Wailers destacaban entre los invitados extranjeros.

A estas alturas, el grupo es una pandilla de veteranos que, lejos de querer demostrar credenciales, lo que hace es pasarlo bien sobre el escenario. Contra viento y marea. El viento, por lo menos, no es metáfora: sopló con fuerza en Espacio Broadway, al punto de que se comentó que los británicos evaluaron suspender la actuación por temor a que la ventolera afectara el escenario.  Al final, lejos de rendirse, Deep Purple apuró el trámite y salió a actuar incluso antes de que los españoles de Ska-P finalizaran su presentación.

Si bien la mayoría del público presente permaneció fiel al punk rebelde y bailón de Ska-P, Deep Purple supo convocar a un buen número de fieles. Para romper el hielo, ofrecieron una batería de clásicos ineludibles. ‘Highway Star’ en el arranque, ‘Into the fire’, ‘Strange kind of woman’ o ‘Lazy’ configuraron un setlist compacto y definitivo sobre el pasado de la banda. ‘Vincent Price’, de su disco 2013, “Now What?!”, remitió a un presente que confirma la vigencia de su propuesta, fiel al peso de un sonido fundacional para el hard rock y el heavy metal.

Deep Purple representan la contundente ancianidad no sólo de la banda y de sus integrantes, sino que del rock and roll mismo. La corriente se puede mirar y comprender desde ellos y su glorioso pasado. Por eso, el gesto de romper la armonía y salir a tocar mientras aún sonaba Ska-P demuestra que mantienen las ganas de molestar. Y lo hacen a punta de virtuosismo.

La duda y el prejuicio hacían esperable a un Ian Gillan que podía fallar. A sus 69 años, eso se puede incluso perdonar. Pero, a diferencia de otras actuaciones, creemos que su desempeño de esta vez estuvo en un buen nivel, considerando la edad y el desgaste normal. Gillan estuvo medido y casi conservador. No se trataba de demostrar lo indemostrable: que sigue cantando igual, porque eso no es así, pero adaptó su actuación a la verdad de lo posible, y sacó adelante la tarea. Instrumentalmente, el show estuvo muy basado en los teclados de Don Airey, quien confirmó ser un gran heredero de Jon Lord. Un Roger Glover potente y seguro, junto al eterno Ian Paice, eran la base rítmica que mantenía todo en su lugar, como verdadera marca de fábrica del grupo. Y, en la guitarra, Steve Morse desplegaba su habitual agilidad.

Deep Purple cerró la noche y dispersó a la multitud con una batería de clásicos como ‘Space trucking’, ‘Smoke on the water’, ‘Hush’ y ‘Black night’. Ni raya para la suma ni cálculos: Ian Paice y los suyos aplican oficio y veteranía para mantener en alto, y a todo el viento, las banderas de un rock que tiene energía para mucho rato más. Envejecer así, haciendo ruido y convocando multitudes todavía, no es poca cosa. Ellos lo saben hacer, y lo repiten en cada visita al país. Una adicción a los decibelios que no espera legalizaciones ni permisos: simplemente se impone.

Pablo Padilla Rubio
Fotos: Julián Pacheco

 

 

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