Deafheaven: Delicada atrocidad

Deafheaven: Delicada atrocidad

Lunes 4 de julio de 2016 
Parque Metropolitano Simón Bolívar – Bogotá 

Cuando la presentadora de Rock al Parque anunció al fondo, como un eco que fácil se escapa, la llegada a tarima de Deafheaven apresuré el paso, no urgido por ser el más fanático, pero si ciertamente atraído por este hibrido de black metal y shoegaze. En otras palabras, metal extremo con indie rock —sin que nadie se haga daño—. 

La banda lanzó en 2013 su segundo disco, “Sunbather”, el cuál le mereció amplios comentarios tanto en la prensa especializada como en la más comercial; la mayoría satisfactorias a pesar del riesgo de la intensidad de su propuesta. Tres años antes el vocalista George Clarke y el guitarrista Kerry McCoy iniciaron el proyecto en la ciudad de San Francisco, California. Muy lejos de Escandinavia, lugar de donde beben de las negras corrientes del metal patentado por nombres como Marduk, Mayhem o Burzum. Lo suyo emerge en un ambiente diverso y cálido que les ha merecido el rotulo de “black metal-hipster”; en escena sin embargo van mucho más allá. 

Deafheaven no pretenden en lo más mínimo revolucionar el black metal, se deben a él meramente por la atracción que el generó causó en estos dos músicos en el afán por expresar sentimientos, a menudos muy crudos y personales, adornados con bellos pasajes propios del post-rock. Aquellos segmentos cargados de brillo instrumental no cuentan con la presencia de las infernales vocales de Clarke. El cóctel por particular que suene no es nuevo, los franceses Alcest y sus coterráneos Wolves in the Throne Room ya lo venían sirviendo tiempo antes. 

Con una audiencia que debió superar las diez mil personas, el escenario Bio sirvió para disfrutar la catártica actuación conformada por tan solo seis cortes. Así ‘Brought to the Water’, ‘Luna’, ‘Baby Blue’ y ‘Come Back’ sirvieron para exponer de la mejor forma más del cincuenta porciento de lo que es su disco más reciente, “New Bermuda”. 

El cantante George Clarke se retorció con aspecto macabro en los tramos más viscerales mientras que su postura cargada de gesticulaciones y delicados pasos resultó un absoluto contraste; de la misma manera que los guitarristas McCoy y Mehra se sumían en las harmonías psicodélicas que construían como en una especie de trance.  

Entre la furia de las vocales, los blast beats, y los hirientes riffs, se mostraban épicos puentes y sorprendentes desenlaces para la mayoría de canciones. Todo interpretado con mucha proximidad a lo que se percibe en la grabación original. Algunos poguearon, otros dieron la espalda por algo más amable en el escenario contiguo, y muchos quedaron boquiabiertos con el esplendor del conjunto. 

Una de las mejores actuaciones vistas en los tres días del festival la cual probablemente fue ninguneada por muchos amantes del metal extremo y por otros vanguardistas que escampan bajo el techo de festivales más suyos, más hispters. De cualquier forma ‘Sunbather’ y ‘Dreamhouse’ desde aquél disco de carátula rosada, hicieron que una hora de show supiera a poco descrita la magnifica experiencia. Dignos de repetir en cualquier momento. 

Alejandro Bonilla Carvajal
Fotografías: Khristian Forero  

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