Courtney Barnett: El espíritu de su tiempo

PD: ¡Te amamos!

Viernes 1 de marzo, 2019
Club Blondie

Courtney Barnett es uno de los talentos femeninos musicales que se encuentra en el momento más efervescente de su carrera, y que, además, su arte refleja como ningún otro el espíritu de nuestros tiempos. Más allá que la alabanza sea compartida por cuento medio se pueda bucear, es su performance en vivo la que justifica todas aquellas sentencias. En su segunda visita al país, la australiana –que viene presentando su segundo álbum en solitario “Tell Me How You Really Feel” (2018)– demostró que es más que una de las figuras ascendentes de la actual generación de lo que llamamos rock alternativo, sino que ya puede ser considerada una de sus portavoces con más credenciales.

Por sobre las luces de las nominaciones a diversos premios o estar en la playlist de Barack Obama, Barnett refleja con inusitada sencillez a la actual generación millennial, que a esa misma hora estaba también siendo convocada por Bad Bunny y Becky G en el Festival de Viña. Y no es que sean públicos diferentes (no me cabe duda que muchos de los que estaban en el subterráneo de la Blondie no le hacen asco alguno al trap), solo era cosa de estar en algún lado. Porque a pesar que las guitarras de Courtney potencien ese sonido deudor del grunge y el ruido subterráneo de los primeros 90, es el humor seco de sus letras vivenciales –tan cotidianas como filosas– su característica más sobresaliente y el nervio que la he hecho conectar con sus coetáneos. "I’m getting louder now", canta sobre el final de la sombría y lisérgica 'Hopefulessness', tema que abre su último disco –cuyo título también juega con el imaginario personal– y con el que viene también iniciando los shows de su gira.

Como un fuego que iba propagándose libremente, pasó la primera media hora dedicada casi exclusivamente a sus nuevas composiciones, como ‘City Looks Pretty', ‘Small Talk’, ‘Need a Little Time’, si no fuese por la oda adolescente devenida en clásico, ‘Avant Gardener’ (del EP “A Sea of Split Peas”). Momento de alta distorsión fue ‘Nameless, Faceless’, donde no se aprecia nada de la joven tímida que se ve en entrevistas, sino que muestra su faceta más salvaje: música ruidosa, urgente y directa, con una voz fuerte que escupe intensidad que le permite desafiar problemáticas de esta época, lanzando un puñado de frases sensibles y cotidianas; las verdades de una generación que atraviesa su juventud rodeada de drogas, procrastinación, posverdad, y horas enteras conectados a un celular.

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Musicalmente reducida a la expresión mística rockera de power trío, las canciones en vivo ganaron en potencia pero perdieron en la riqueza instrumental de los arreglos que encontramos en sus versiones grabadas (evidentes en ‘Charity’, por ejemplo). Aún así, a Courtney se le vio cómoda –y sobre todo capaz– tomando el rol de las guitarras melódicas y rítmicas, pasando de tocar la sensible ‘Depreston’ al vendaval guitarrero ‘Pedestrian at Best’ (desprolijidad incluida); entre su Fender Jaguar o Telecaster, que mueve a todas direcciones y toca sin ayuda de uñetas –en algo que se ha transformado en su estilo particular– y sin miedo alguno de agregar efectos y distorsión a riffs cargados de actitud, terreno que en general el indie rock –en su afán de uniformar el sonido– no se entromete. Pero Courtney es única en su especie (y zurda como algunos protagonistas de la historia del rock).

Luego del bis, la australiana regresó en solitario para interpretar ‘Let It Go’ –un folky con corazón indie–, la única del disco realizado junto a su compañero generacional Kurt Vile (“Lotta Sea Lice”, 2017), para luego cerrar la noche con las rotundas ‘Kim`s caravan’ e ‘History eraser’. Noche mágica para quienes asistieron a la Blondie y vieron a una de las artistas que está liderando las huestes del paisaje musical joven, con un rock honesto, colectivo y visceral. Si las generaciones anteriores tuvieron a una Patti Smith, a una Blondie o a una Kim Deal, los jóvenes de hoy tienen en Courtney Barnett a su propia heroína del rock: empoderada, disruptiva, consiente y luminosa.

César Tudela
Fotos: Juan Pablo Maralla

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