Chini & The Technicians: Menos es más

Un viaje al futuro a través de su nuevo disco “Abajo es arriba”

Viernes 10 de agosto, 2018
Matucana 100

El mito existe para poder narrar la historia de los nuevos rostros del pop rock nacional. Uno que cuenta que grupos de amigos, con afinidades cercanas, sembraron varias bandas siguiendo la ideología del under. Por supuesto, hallaron terreno yermo y tierra arrasada en un circuito pequeño donde abundan propuestas. Un imposible en términos de cualquier futura cosecha. Pero ocurrió lo impensado: de las ruinas del rock y sobre el éxito de una generación anterior, desperdigados por la periferia de Santiago, hallando otros lugares y nuevas formas de difusión, empezaron a darle vida a lo que pasada más de una década se le conoce como indie, esa mezcla de rock alternativo, pop lo-fi, y las más impensadas y desprejuiciadas influencias, invocando pasado y presente por partes iguales. Un nuevo modo de ser y hacer rock chileno.

Una de las bandas más destacadas de esta generación es Chini & The Technicians, el proyecto iniciado por los artistas visuales Chini Ayarza y Roberto González –ambos en guitarras y otros instrumentos de cuerdas– y complementado por Sebatián Riffo (percusión), Gabriel Ardiles (bajo) y Tiare Galaz (multiinstrumentista). Tras un EP que de inmediato encendió los radares de los medios pendientes de los sonidos noveles y alternativos, la banda se mantuvo tocando mucho, extendiendo un pasivo silencio discográfico. Hasta julio pasado, cuando estrenaron su primer álbum largaduración “Arriba es Abajo”, lanzado la pasada noche en una repleta sala de M100.

Interpretando el disco completo, lo primero que sorprende de la propuesta de la banda es el cómo van jugueteando permanentemente con las diversas intensidades de sus canciones. Para ello, eligen no tener un set completo de batería. No, solo basta una caja (cubierta por un paño), un hi-hat y un bombo legüero. También, a pesar de contar con dos guitarras eléctricas, no las distorsionan ni emplean muchos efectos. Pese a todo, su minimalismo  presenta varios matices, casi en función a su estética visual. Si cuando comenzaron con ‘Arriba’ e ‘Igual’ la música era más sutil y tímida, ya en ‘Espacio’ se soltaron, tomaron confianza, y la música tomo cuerpo, acercándose –tangencialmente– a la esencia de estilos como el shoegaze y el dream pop.

En general, se mueven entre esos dos polos. Sutileza e intimidad. Explosión y desprejuicio. En medio de esas dos formas de entender sus canciones, aparece una de sus mejores cualidades: cuando su indie pop se acoraza, toca la tierra y se conecta a las raíces a través de la integración de ritmos y elementos folclóricos. Ukelele, charango y guitarra criolla se suman al pulso del bombo en ‘Cita a ciegas’, Pirita’, ‘CTLQHL’. Es acá cuando la música de Chini adquiere un color distintivo y único, alcanzando otra dimensión (quizás solo comparable a los conjuros sónicos de los en vivo de Camila Moreno). Y lo mejor de todo, es que se manifiesta orgánicamente, sin una pretensión de “sonar a” o enredarse en una sobreproducción. Se nota la honestidad en querer construir melodías representativas a ellos mismos, quizás por lo mismo son muy visuales, o eso al menos provocan canciones como ‘Amor naif’ o ‘Fiesta de despedida’, creando imágenes ensoñadoras para quienes las escuchan, con la voz de Chini –que a veces recuerda a ese tono agudo contenido de Julieta Venegas– que cautiva pero también encara, apoyada en varios pasajes por Tiare, que no declama protagonismo, pero que ya reconocemos por su aventura solista como Niña Tormenta.

Hacia el final, otro capo de la escena independiente como lo es Diego Lorenzini acompaño en el ukelele en ‘Niña Glaciar’, que por lo menos en vivo pidió más guitarras afiladas y más presencia percutiva para que lograra explotar a plenitud. La sensación de éxtasis queda en el ambiente cuando la pegan con ‘Siempreviva’, un tema con espíritu ruidoso e inquieto, que invoca al noise descarnado de Sonic Youth y al riot punk de Lilits. Luego del bis, ‘Porqué no’ tiene un influjo sicodélico en su cadencia y pulso electrónico. El remate es con ‘Te vienen a ver’, una de las canciones favoritas de sus seguidores, que cerró un show mágico que más bien fue un viaje hacia el futuro. De la banda, sin duda, con canciones que encarnan el espíritu de su tiempo, pero también de la nueva música chilena. Ojalá así sea.

César Tudela

Fotos: Andrés Borie

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