CHARLY GARCÍA

Mucho Ruido, Poco Charly

Movistar Arena

24 de mayo de 2012

La anécdota ya quedó impresa en varios medios: al segundo tema, Charly García saludó al público y dijo “Hola Mendoza”. Detalle extra-musical pero que en vista de lo mostrado en más de dos horas de show asoma como tentador ejemplo del estado actual de un músico que no parece muy consciente de dónde está parado en su carrera.

 

La pasada de Charly en el marco de su gira 60x60 fue confusa, intensa y, entre tropiezos y tropiezos, memorable. No se niega la fuerza emotiva que su show trajo, con un set que por fin englobaba toda su carrera – ese fue siempre el propósito inicial – y no pretendía pasarse de listo sino complacer al respetable. Ese era el ánimo y ello sumado al amor eterno de García con Chile explican la fogosa comunión durante toda la noche. El asunto es otro. Ya iremos a eso.

 

En un canción por canción, costará encontrar un show más completo que este de 2012. El arranque con ‘Fanky’ dio pronto paso a ‘Rezo por Vos’, con homenaje al Flaco Spinetta incluido y una imperdonable descoordinación entre los músicos (que eran 10). Charly ya no tiene voz y con gran dificultad puede llevar una melodía completa por su propia cuenta; vital es el papel que juega Rosario Ortega (remplazando a Hilda Lizarazu) en coros y segunda voz.

 

Es curioso, pero la mayoría de los instantes que llamaron la atención fue en las jugadas como ‘No Soy un Extraño’, la apocalíptica performance de ‘No importa’ y una atrevida ‘Instituciones’, clásico de Sui Generis y que al menos en la libreta de quien escribe resalta como una luz en el camino. En ‘Asesíname’ el del bigote bicolor hizo al Arena cantar ‘All You Need is Love’ pero no logró ser un instante determinante simplemente porque este Charly García hace que la gente se sienta parte de la fiesta pero en ningún minuto se asume como el protagonista que es.

 

Este Charly vive en el escenario. Ese es el único territorio donde parece habitar con comodidad, independiente de que anoche haya estado en Mendoza, Santiago o Nueva York. Es triste decirlo, pero más allá de lo que pueda hacer como intérprete de su propia obra, es difícil creer que este músico que a ratos se aturde torpemente con el duro rol de conducir un concierto minuto a minuto sea el mismo al cual la música le salía por los poros.

 

De Serú sonaron también ‘Llorando en el Espejo’ (otra que nadie vio venir) y ‘No Llores por mi Argentina’; de Sui Generis pasaron la mencionada ‘Instituciones’ y ‘Canción para mi Muerte’. El resto vino de su rutina solista, materia en la que faltaron pocas de las que esperaban todos.

 

‘Yendo de la Cama al Living’ fue un buen logro en cuanto a interpretación, más todavía con un sonido que no funcionó bien. La presencia de un trío de cuerdas, dos guitarras, un percusionista/acordeonista, bajo, batería, teclado y corista estuvieron lejos de saturar el sonido: a ratos parecía todo lo contrario, se sentía cierto vacío. Sólo los locales Toño Silva y Carlos González (batería y bajo) y el Zorrito Von Quintiero (teclados) sonaron claros y presentes en todo momento. En varios temas se sentían nuevos arreglos; lamentablemente no era posible identificar qué era innovación y qué era simplemente desbalance sónico.

 

La dupla ‘Demoliendo Hoteles’ y ‘Los Dinosaurios’ fue quizás el punto más bajo de la noche, al punto que ni siquiera la emoción de los menos de 10 mil asistentes pudieron levantar canciones que merecen otro trato. Lo de ‘Los Dinosaurios’ con banda completa fue paupérrimo. ‘El Amor Espera’, la que siguió, tampoco contagió a nadie: pese a su incontenible energía, el sonido se llevaba los riffs de García López y Hayashida. La lejana ‘Anhedonia’ no logró levantar y sólo ‘Nos Siguen Pegando Abajo’ al cierre de la primera parte nos hizo suponer un futuro mejor.

 

‘Hablando de tu Corazón’ y ‘Popotitos’ hicieron el trabajo sin esfuerzo. La primera, especialmente, armó la fiesta y aunque todavía faltaba el karaoke final de ‘Canción para mi muerte’, el mensaje fue clarísimo: la gente no estaba ahí para ver si Charly estaba en buena o mala forma, sino para escuchar estas canciones todas en una misma noche.

 

Como reflexión post-show, quedan dudas. ¿Cuánto bien hace la complacencia en el arte? ¿Cuánto vale el presente ante tan irrefutable pasado? Seguramente entre los fans de Charly no hay cuestionamiento posible. Pero la duda final es si el que vimos anoche era o no era él. Qué porcentaje del que firmó tan brillante catálogo estaba anoche en Santiago (o mentalmente en Mendoza, al menos por casi una hora). La ocasión fue demasiado grande para tan poco Charly.

 

Juan Ignacio Cornejo K.

Fotos: Ignacio Gálvez

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