Chancho en Piedra: el nuevo aire

Anoche fue el primer show con C-Funk en guitarra
Chancho en Piedra: el nuevo aire

Teatro Coliseo, sábado 9 Mayo de 2018

Son las 21.08. Han pasado solo algunos minutos de que Chancho en Piedra pisa el escenario y su cantante, Eduardo Lalo Ibeas se arroja impaciente a presentar a Cristián C-Funk Moraga, como su nuevo integrante. “Le damos la bienvenida oficial a C-Funk”, dice Ibeas desbordando ansiedad. Claro, es probable que hayan deseado que este momento llegara pronto. Después de todo, los últimos meses han sido agitados: a fines de abril se supo de la salida de Pablo Ilabaca, guitarrista y uno de sus fundadores, el arribo de C-Funk y, con ello, los ensayos para el reestreno de la banda. Pudo haber sido un tambaleo duro, pero tal como ellos mismos han señalado, acá comienza una nueva etapa. Tan rápido como Moraga es presentado, la ovación se deja caer. El hombre de Mama Funk y La Medicina está emparentado de cerca con la escena: Los Tetas y Los Chancho pueden haber hecho caminos diferentes, pero crecieron mirándose uno al otro.

Con la excusa de lanzar el single ‘Funkybarítico’, de su último trabajo, anoche el conjunto santiaguino ofreció una fiesta en el Teatro Coliseo para presentar su nueva formación. ‘Edén’, ‘Sinfonía de cuna’  y ‘Huevos revueltos’ van musicalizando la pista, que alberga un público muy juvenil y otro no tanto. Porque en eso los hombres de ‘La Dieta del Lagarto’ han hecho su capital: instalar hits capaces de traspasar generaciones, como dictan los grandes.

En medio del show, a ratos C-Funk luce algo ido. Cauteloso. Tibio. Casi lejano. Mira al público y va asumiendo de a poco su nuevo rol. Es probable que se sienta como un invitado a la fiesta y no como el protagonista. Pero, ciertamente, esta fiesta le pertenece. La gente se lo hace saber. Y él lo trata de asimilar pronto. Con el avance del show, va entrando en sintonía. El riff de ‘Hacia el Ovusol’ lo clava certero, con ese sonido duro y lleno de onda, tan propio de la escuela del funk rock americano. Luego, haciendo uso del talk-box, Moraga finalmente se empodera del show. Parecía que iba a empezar alguna de Los Tetas, pero no. El guitarrista juega con el instrumento y lanza frases como: “Sube la hueá”, generando el delirio del público. Ahí, el guitarrista ha forjado su sonido y se siente cómodo. Se nota. Por un pequeño momento, el espíritu de Los Tetas- hoy en pausa forzada- apareció con merecimiento. El grupo hace una versión más lenta de ‘Guach Perry’, que no cuadró del todo bien.

La celebración tuvo como invitado al bajista Mario García (Papa Negro, Tomo como rey) quien subió a desplegar una metralleta de slaps, momento en el que Felipe Ilabaca soltó el bajo y se lanzó a cantar como un frontman. Ilabaca, portentoso en las cuatro cuerdas en todo momento, es hoy quien lidera los cantos melódicos, compartidos anteriormente con su hermano. El conjunto toma solvencia con Pancho G en la segunda guitarra y Cristóbal Platz en los teclados, fundamentales en un sonido más sustancioso, que Toño Corvalán dirige desde su batería. Son los clásicos los que generan mayor entusiasmo, pese a que los fanáticos, alzando sus ‘Juanitos’, rinden devoción en todo momento.

‘Locura espacial’ es la encargada de poner el cierre. Cae el confeti y Lalo se fotografía con C-Funk, con el público de fondo. Una selfie llena de historia. El cantante ofrece disculpas por las canciones que no tocaron, pero promete más shows. El remezón pudo ser duro, pero se respira nuevo aire. Y las instituciones, como lo es Chancho en Piedra, merecen aquello.

Juan Pablo Andrews.
Fotos: Juan Pablo Maralla.

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