BOA: Ley inquebrantable

La potente presentación en vivo de "Todo muere"

Viernes 9 de noviembre, 2018
Club Rock & Guitarras

Uno de los referentes más recordados del metal moderno chileno de la década pasada volvió con todo. "Todo muere", editado a mediados de esta temporada, le devolvió a BOA un sitial ganado en base a actitud, despliegue técnico y un trabajo creativo que, contra todo pronóstico, los sitúa nuevamente en la primera división del género a nivel local. Por ende, el encuentro de anoche en el nuevo Rock & Guitarras implicaba un espectáculo en grande, invitados a la altura y la exposición de un sonido tan inexpugnable como letal cuando se trata de rebanarle el cuello al público. Esto último se pudo dar, pero las fisuras estuvieron ahí, las cuales detallaremos más adelante.

Tras un retraso importante -cerca de dos horas-, Karneamarga abrió los fuegos con su propuesta arraigada en el metal alternativo, el hardcore y los ritmos con sabor latino. Dinámicos, ágiles y dueños de un groove que varía entre el funk y lo más crudo, con una fluidez magnánima, aunque en varios pasajes se impidió distinguir con mayor nitidez el poder destructor con que el combo local arrasa con todo y con todos.

El abismal contraste escénico entre las agrupaciones presentes, quedaría de manifiesto al momento de apreciar a Smoking Sabbath y Cries en acción. Porque mientras los primeros tuvieron que lidiar con constantes problemas técnicos y la poca solidez proyectada sobre el escenario, los viñamarinos no solo respondieron a las expectativas, sino también remarcaron su reputación como una agrupación local de alto nivel profesional y dispuesta a barrer con todo lo que se interponga a su paso. Atacando y siempre frontales, desatando el mosh en base a sus propias armas.

Poco después llegaría el turno de Betrayal Devours Cowards y su deathcore con tintes tridimensionales, una serie de situaciones técnicas con las bases de fondo derivaron en una presentación sólo correcta. Todo aquello mezclado con un  tremendo recibimiento por parte de su fiel publico que a coro acompañaban al vocal con su micrófono .

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Pasadas las 2AM, Y con la intro 'Muerto en vida', BOA iniciaba una presentación en que tanto el reciente “Todo muere” como sus otras placas darían que hablar, al punto de remecer los cimientos de un local que registraba, una altísima concurrencia a esas horas. Eso sí, durante el estallido inicial de 'Solo' hubo que batallar con un retorno sonoro deficiente, derivando en el enojo de “Caballo” Romero con los sonidistas. Afortunadamente, todo mejoró notablemente y en nada empañó la poco más de una hora de presentación e inmisericorde.

Con un set de 17 canciones, hubo tiempo para lucir el fresco presente y prender fuego al local con los clásicos de una era irrepetible. Porque luego del primer periplo por su reciente cosecha –'Entierro y olvido', 'Animal de miseria'-, 'Fuego' y 'Lincha al maldito' refrescaron la memoria. Por ende, el hecho de que gran parte del set estuviera repartido entre el impacto reciente de "Todo muere" y “BOA 2” respondía a la necesidad de mantenerse en la brecha y dejar en claro que su sonido se mantiene inexpugnable ante cualquier atisbo de nostalgia insinuada por terceros. Simplemente, metal del más carnicero y honesto, como tiene que ser y como queda impuesto a través del recién editado single 'Vacío'.

Al momento de analizar individualidades, la clase con que el guitarrista Gerhard Wolleter genera y encarna el característico sonido demoledor de BOA queda de manifiesto con la superioridad propia de la experiencia y las ganas de romperlo todo, lo último respaldado y reforzado por “Caballo” Romero, un frontman que destila carisma por toneladas y no tiene empacho en otorgar el micrófono al público para comprobar de qué está hecha su calurosa fanaticada. En tanto, la sobriedad con que Alex Hudson ejecuta su tarea en las bajas frecuencias es compensada con una solidez escalofriante, mientras el eximio baterista Sergio Carilni, ingresado hace unos meses a la banda, despliega todos sus pergaminos como instrumentista de excepción e intercala pasión y técnica de manera exorbitante.

Y si bien el presente era el foco, la inclusión de 'Extinción' en la mitad del set anticipó un final sublime para los fans más iniciados. 'Puerco', 'Dios', 'Mil años de dolor' y 'Sangre', una tras otra nos transportaron en un abrir y cerrar de ojos a una época irrepetible, al mismo tiempo que el mosh se volvió un trance del cual apenas podríamos abstraernos pasado un buen rato terminado el espectáculo. Final perfecto para una presentación que niveló para arriba pese al comienzo accidentado. Y es en esas instancias donde se comprueba la experiencia y el uso de los recursos adecuados cuando lo que importa es la música y el “veneno” que nos sumerge en este trance de libertad y furia. Todo muere y debe morir, de acuerdo a las inquebrantables leyes de la naturaleza.

Claudio Miranda
Fotos: Isa Herrera

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