Amigos desordenados: Con los brazos abiertos

Los Amigos Invisibles y Desorden Público entregaron un evento "chévere"
Amigos desordenados: Con los brazos abiertos

Sábado 2 de junio, 2018

Cúpula Multiespacio

 

Como muchas otras comunidades de inmigrantes en Chile, la venezolana festejó su cultura en un evento similar a los ya realizados, por ejemplo, por los residentes peruanos y sus atractivas festividades nacionales. Sin embargo, esta tenía algo especial. Había comida, barra tradicional, concursos, pero el nombre escogido para la celebración puso en el centro la principal atracción de la noche: la música. “Amigos desordenados” –el nombre del evento- guarda relación directa con los invitados estelares, Los Amigos Invisibles y Desorden Público, dos de los grupos más relevantes que la escena venezolana del rock regalara a Latinoamérica a partir de la década de los 90. Así, el Teatro la Cúpula iba a ser el escenario de un concierto de rock, pese a su concepto culturalista y los momentos previos, durante y posterior de los shows (con dj set de música latina y bailes al más puro estilo de una discoteque de urbe sudamericana).

Para ninguno era su primera visita a Santiago. La última vez de Los Amigos Invisibles fue en el décimo aniversario de Villa Cariño en marzo de este mismo año. En el caso de Desorden Público, se habían presentado justo con un año de anterioridad, el 2 de junio de 2017 en el Club Chocolate. La creciente participación de los grupos venezolanos en el país no es sorpresa y es que su público objetivo ha crecido como consecuencia de las olas migratorias. Pero por el contrario de lo que pueda pensarse, el Teatro La Cúpula no sólo albergó a sus compatriotas avecindados acá, sino además a un importante número de fieles seguidores chilenos. La celebración entonces, fue multicultural.

‘Sueño erótico’, ‘Dulce’ y ‘Qué rico’ fue el triplete con que Los Amigos Invisibles comenzaron su show. Uno que iba a estar articulado inteligentemente de menos a más hasta conseguir el clímax que la banda buscaba: hacer bailar. Menuda misión. Ya el rock es un género bastante rígido aún en sus formas más flexibles como el funk, pero la sensual atmosfera de sus canciones, las cadencias soul de las melodías y el pulso motown de su base rítmica no pueden sino consagrar esa intención. Ni hablar del tono de sus letras –perceptible, por ejemplo, en los títulos de las canciones nombradas-y el rol del carismático frontman, Julio “Churus” Briceño, que da el ancho de la tarea con movimientos hábiles, voz atractiva y desplante versátil entre el pedestal, el güiro y las maracas, recordándonos que esta música funk y acid jazz, fue hecha en esta parte del mundo (“qué importa el frío, hay que ponerse sexys”, recordó).

Canciones como el funk ‘Sexy’, la rumba ‘Ponerte en 4’ y sobre todo ‘Mentiras’ demostraron, además, que pueden defenderse como banda de rock, que levanta las energías de un público que coreó y saltó de comienzo a fin. Una banda versátil donde vale la pena destacar sobre todo a Juan Manuel Roura en batería, al tecladista Agustín Espina (responsable absoluto de las atmosferas en vivo) y al maestro de ceremonias “Churus” (que en la canción ‘Viviré para ti’ se vio obligado a imitar la voz de Natalia Lafourcade). Guiños a Nirvana, Bob Marley y Van Halen, y samplers de Bon Jovi y Gloria Stefan. Un show completo, entretenido y certero frente a un público ávido por verlos.

Desorden Público salió a escena a las 23:00 horas, pero no había horario ni tiempo que opacara su espectáculo. En este punto debemos ser directos. Si bien el show de Los Amigos Invisibles fue altamente efectivo, la decisión de cerrar con Desorden Público fue lo mejor. A diferencia de sus compatriotas, el show de Desorden Público hubiese funcionado en cualquier horario, cualquier público y cualquier festival ya sea chileno o fuera de Latinoamérica. El ska es un estilo universal, y eso ayuda bastante, pero el talento, el oficio y la arquitectura narrativa del show es mérito total de la banda.

“¿Cómo está chilezuela?” saludó Horacio Blanco, con una frase graciosa (sobre todo para los chilenos, que le asignamos un valor político extra) y cercana. “¡Fuerza y desorden!” pidió luego al público y esta sería la consigna a seguir durante la hora y media de ska, punk, cumbia y vallenato. ‘A mí me gusta el desorden’ y ‘Canto popular de la vida y muerte’ abrieron y en menos de 10 minutos la discoteque se había convertido en un concierto de rock, con mosh y trapos dando vuelta sobre las cabezas. Pero el vínculo entre Chile y Venezuela no era sólo una frase simpática o una verdad lógica por la naturaleza del evento. Para ‘Zapatos resbalosos’ el baterista Daniel Sarmiento deja su instrumento para tomar el mando de la voz y cede su lugar a Cristóbal González de Santo Barrio (una relación forjada desde la estadía del chileno en Venezuela a comienzos de los 90), además de contar en los vientos a Patricio Marambio de Tomo Como Rey y la porteña Francisca Vilches en el trombón. ‘Danza de los esqueletos’ y ‘Los zombies están de moda’ reafirmaron la vocación performática de Horacio Blanco, ‘Hay cosquillas que no dan risa’ y ‘Valle de balas’ revivieron viejos clásicos de los 90, ‘Esto es ska’ y ‘Mundo ska’ erigieron la bandera del género y ‘Gorilón’ y ‘Los que se quedan, los que se van’ sirvieron de puente para reflexionar sobre el proceso político venezolano (“cuidado con los demagogos, los populistas y los militares”). El cierre entre ‘Allá cayó’, ‘Tiembla’ y una íntima versión de ‘Selva del tiempo’ de Evio Di Marzo (cantautor venezolano asesinado el reciente 28 de mayo) sintetizó todas las emociones que una banda con 30 años de carrera es capaz de producir.

Amigos desordenados fue un espectáculo extraño. No fue un concierto de rock, no fue una feria costumbrista y no fue una fiesta discotequera. Pero tuvo todo aquello. Tal vez es extraño en nuestro país, donde las arepas están en proceso de integración y escuchar durante más de una hora un dj set con canciones de Shakira entre dos bandas de rock no sea para nada común. En fin, Amigos Invisibles y Desorden Público actuaron como en su casa, se sintieron como en su casa y el público no notó diferencia alguna entre los escenarios tripartitos definidos en este párrafo. Un evento “Chevere ¿cachai?” como afirmó Horacio Blanco, donde jugaron de local y ganaron.

 

Cristofer Rodríguez

Fotos: Peter Haupt Hillock

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