Alcest: Desde la oscuridad del cielo

Franceses deleitaron a una Blondie casi repleta junto a Bauda

Blondie - 27 de junio - 2018
Santiago - Chile

Puntualmente a las 20:30 horas, el cuarteto nacional Bauda apareció sobre el subterráneo escenario del centro de eventos Blondie, abriendo con la sonoridad oscuramente hipnótica de solo una parte de 'Trastornos', pieza desprendida del primer álbum de la banda, “Oniirica” de 2009. Luego aparecerían 'Vigil' y 'Sporelights', dos pistas muy cercanas al dark wave, tanto por el entusiasmo pop de sus voces como por el protagonismo de sintetizadores, una visión que arroja un antecedente incluso preliminar a las últimas etapas de otras importantes y camaleónicas bandas, tales como Ulver o Kayo Dot, dos agrupaciones muy cercanas al metal pero que no tienen miedo de forzar y torcer los límites del mismo. Los hombres dirigidos por la hiperquinesia creativa de César Márquez continuaron con 'Tectonic Cells', también del destacado “Sporelights” (2015), en una versión aún más rica y espacial que la original del disco, íntegramente instrumental, mostrándola como un trance kraut, una constante lisérgica que de algún modo encuentra paralelos incluso con la épica de Pink Floyd.

Un mar hereditario que el citado Cesar Márquez en guitarra y voces, Nikolas Recabarren en batería, Juan Díaz en bajo y Eliseo Peña en sintetizadores continuaron con una pista al parecer inédita, y luego terminaron su show con la extensa y agresiva 'HumAnimals' de su también atrayente disco "Euphoria ...Of Flesh, Men And The Great Escape" del año 2012. Bauda en tan solo cuarenta minutos demostró no solo sus conocidos pergaminos técnicos y compositivos, sino también su ánimo constante de cambio, no solo por las diferencias expresas de sus tres discos, sino también por la búsqueda de un sonido que evoluciona constantemente incluso sobre sus mismas composiciones. Algo parecido a lo que hizo “Como Asesinar a Felipes” hace menos de una semana también acá en Santiago. La renovación constante. Bandas que terminan siempre sonando distintas. El ánimo angustiante de escapar del tormento de la quietud y el conformismo.

A las 21.40 horas salió al escenario el plato principal de la jornada, los franceses Alcest. Una presentación que comenzaron tocando en plenitud su último disco, “Kodama” (2016), y por tanto, abrieron con los más de nueves minutos de la pista homónima, en la que inmediatamente resaltó uno de los rasgos más distintivos y bellos del Alcest en vivo: las emotivas fugas de sonido emanadas de las guitarras de Neige (Stéphane Paut) y de Zero (Pierre Corson), así como su difuminada y celestial labor en voces. Luego aparecería la etérea manifestación inicial de 'Eclosion', una que muta hacia la desgarrada expresión del black metal en la voz de Neige, la que se escuchó algo menos agresiva de lo que se encuentra en el disco. Una letra simple pero efectiva, misma característica de 'Je Suis D'ailleurs', pista comandada por el bajo del inquieto Indria Saray y la batería siempre precisa de Winterhalter (Jean Deflandre), una base que permite una de las melodías vocales más inspiradas de la discografía de Alcest, la que se radicaliza a través de un desarrollo que llega hasta una velocidad violenta y gutural.

Apareció a continuación la tristeza casi acústica de 'Untouched', con un inspirado Neige, el que se mostró mítico y melancólico en su canto inicial y luego, en su desarrollo, manifestándose complacido y agradecido por el fervor demostrado hacia su música, un público apasionado pero también respetuoso por el sonido de la banda, ya que en varias oportunidades solicitó el silencio para escuchar de manera más natural lo que se desprendía desde el escenario. Luego vino la agresividad de 'Oiseaux de Proie', traducida como “Aves de Rapiña”, una pieza que gruñó volcánica. Un ejército de violencia de carácter ecologista que cita su conocida inspiración en una de las tantas obras maestras del cineasta japonés Hayao Miyazaki. La rapidez rabiosa de la batería de Winterhalter demuestra la urgencia de invocar aquellos certeros principios panteístas que cerraron naturalmente con el cuerpo etéreo formado por 'Onyx'.
 
La segunda parte de lo presentado por Alcest continuaría con algunos de los clásicos del repertorio de los franceses. Pistas que lamentablemente repetirían parcialmente lo presentado por la banda en el mismo recinto en el año 2014. Primero aparecería 'Souvenirs D´un autre monde', composición homónima al primer LP de la banda, luego de la cual graves problemas técnicos terminaron con detener el show por aproximadamente unos diez minutos o más, un detalle importante que sin embargo permitió que el sonido posterior del show mejorara aún más. No era siquiera criticable todo lo anterior pero fue evidente que sirvió para después, escuchar grandes composiciones de la agrupación, tal como la inextinguible 'Percées de Lumière'.

Aparecerían a continuación dos piezas más apacibles y melódicas: el francés prístino de la accesible 'Autre Temps', pista que abre “Les Voyages De L'ame” (2012), y luego la perfecta tristeza de 'Sur L'Océan Couleur de Fer', canción que a su vez cierra “Écailles De Lune” (2010) y en la que Neige demostró toda la certeza que tiene sobre sus bellas secuencias de acordes. Entonces la muerte y el silencio aparecieron hasta la ejecución de 'Lá Oú Naissent Les Couleurs Nouvelles', violenta e híbrida pista que invoca una herencia amplísima, una en la que el shoegaze se desprende de sus genes post-punk y se acerca derechamente a la ambientalidad dream de Cocteau Twins o Slowdive, sin perder de vista el pop de “Nowhere” (1990) de Ride ni la oscuridad extrema de bandas como Emperor o Satyricon. Alcest terminó, ya en el encore, con la progresiva luminosidad de 'Délivrance', única pista ejecutada de “Shelter” (2014) y también dotada del profundo desprejuicio estilístico que antes habían evidenciado los nacionales Bauda. Desde la oscuridad del cielo, dos lunas se vuelven inmensas en su descenso hacia el subsuelo.

Carlos Navarro Acosta
Fotos: Juan Pablo Maralla

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