Aiken: Abriendo los ojos

Nacionales celebraron una década de vida en Club Chocolate

Sábado 8 de diciembre, 2018
Club Chocolate

Tras nueve minutos de presentación, el vocalista José Ferrera se dirigió al público y expresó la siguiente anécdota: “esta mañana recordé a mi padre o alguien de la familia que me dijo cuando era chico: ‘ya tienes 10 años, estás grande y puedes contarlo con las dos manos’. Y la verdad es que yo recién empezaba a entender lo que estaba pasando. Con la música es lo mismo, creemos que recién abrimos los ojos”. El relato cobra total sentido cuando se recorre la historia de Aiken, una banda que siempre ha apuntado a la internacionalización tendiendo puentes con Perú y México gracias a un cancionero muy exportable a esos mercados y que se desarrolla bajo la óptica madura de músicos que entienden lo que quieren. Hoy están abriéndose nuevos caminos, buscan distintos sonidos y trabajan en lo que será su tercer disco, próximo a lanzarse durante el 2019, por lo que habían motivos para celebrar y se lo tomaron en serio con una presentación llena de sorpresas que deleitó sus fieles en el Club Chocolate.

Siempre preocupados por la escena latinoamericana, los nacionales invitaron a Zen, agrupación peruana que también guarda una sensibilidad pop perceptible desde el primer momento en que comenzaron a sonar ‘Desaparecer’, ‘Vacío’ y ‘Aún me tiene’, todas con riffs gancheros que desembocaron en un rock muy melódico de solos limpios y progresiones de acordes muy cuidadas. El desplante del vocalista Jhovan Tomasevich es magnético y se desenvolvió magistralmente tanto con la guitarra como cuando estaba sin ella en ‘Sol’, mientras los demás integrantes ejecutaban cada corte con la máxima precisión. El acotado público que los vio no fue impedimento para que su performance fuera de  primer nivel, muy enérgica y profesional en todo momento. Aparte de recorrer clásicos como ‘Mi perdición’ o ‘Quédate’, versionaron a Los Prisioneros tocando ‘Estrechez de corazón’, instante en que el vocalista contó cómo había conocido a Jorge González en una de las visitas que el ídolo nacional realizó al país vecino, gesto que sacó acalorados aplausos entre los presentes. Finalmente, ‘Tan cruel’ cerró una actuación que debió haber contado con más público debido a la trayectoria y a la excelente calidad del show que realizó el cuarteto. Luego de unos minutos de espera, se prendió la exquisita escenografía que Aiken preparó para la ocasión, adornada con luces led de colores azul, blanco, rojo y amarillo, lo que sirvió de perfecto complemento para el arranque con ‘Quédate’, ‘Latino’ y  ‘Alma indomable’, conjunto de canciones en las que se  aprecia la evolución que han experimentado en sus EP,  mirando por el espejo retrovisor a la música pop ochentera y noventera proveniente de latinoamérica con elegancia.

Tras ‘No olvidaré’, las sorpresas no se hicieron esperar y la primera de la noche fue la colaboración de Constanza Lewin en  ‘Si no están’, con  ambas voces nutriéndose para levantar un track que sacó fervorosos aplausos. ‘Se nos olvida’ y ‘Bárbara’ continuaron con el aura romántica por el que transitó la presentación en su sección media, la cual tuvo otro momento memorable con la inclusión de Jhovan Tomasevich en ‘1860’, demostrando la gran habilidad de ambos vocalistas para tejer melodías finas que suenan exquisitas al fragor de composiciones que gozan de una capa de dulzura irresistible. Con la dedicatoria al amor de madre en ‘Sola’ y la sentimental ‘No voy a regresar’, vitoreada ampliamente por los feligreses, el grupo realizó el primer encore, espacio en que se alzaron los gritos que pedían continuar la velada y apareció en la pantalla un video en el que todos los integrantes  daban las gracias por la asistencia y apagaban las velas de su cumpleaños, tras lo cual volvieron al escenario para cerrar con un tridente que encendió los ánimos con  ‘Allá voy’, ‘Déjame llegar’ y ‘Busco el sol’, momento protagónico de Pablo Ferrera, quien asumió las vocales y animó a toda la concurrencia  a participar en un explosivo coro que terminó  con un estallido de papel picado, sellando así un festejo más que merecido.

Con una propuesta de alta factura en lo visual y lo sónico, es fácil notar que Aiken se encuentra en un momento de plenitud, con el carácter suficiente para mirar hacia adelante y afrontar lo que viene, asumiendo la tranquilidad de la experiencia ganada mirando atentamente a su alrededor, con un grado de madurez que, tras una década de arduo trabajo, los ha convertido en almas indomables.

Pablo Cerda
Fotos: Sergio Mella

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