Aggrofest 2018: pese a todo, estamos vivos

La música fue más fuerte que el odio

Domingo 16 de diciembre, 2018
Teatro Cariola

El anuncio del Aggrofest 2018 se celebró harto. Por lo menos en las redes sociales por los fanáticos más acérrimos de un estilo que, a veinte años de su ebullición, aún sigue conglomerando seguidores. A cuatro años de la fiesta nostálgica que significó la edición anterior, los nombres que comenzaron aparecer en el line up parecían los más adecuados para una nueva junta. Bandas vigentes (Audiopsicótica, 2X), otras clásicas que volvían para revivir viejas glorias (Rey Chocolate, Total Mosh), más el anuncio de los argentinos A.N.I.M.A.L., conformarían uno de los últimos festivales del 2018 y uno con los de más trayectoria (aunque sea a cuentagotas). Pero pasó lo impensado: una burda declaración pública por Facebook –que rayó en la estupidez– por parte de uno de los productores, echaba por tierra la realización del evento. No era menor ni una exageración: a días del asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca a manos de Carabineros, Mario Bravo expresaba que había que “fumigar la Araucanía”. Las fichas de dominó fueron cayendo por el peso de una publicación cuya réplica solo prendió con bencina el incendio provocado. Pese que en algún momento el festival se canceló porque todas las bandas involucradas se bajaron, en toda esa mierda algunos seguían viendo esperanza –¿habrá algo con espíritu más aggro que eso?–, y fue Gino Fuenzalida (Rekiem) junto a Ricardo Quinteros (Rey Chocolate) quienes amparados en los valores de la vieja escuela, decidieron parar nuevamente el evento. “Nada nos separa” fue el slogan para reactivar una tocata que confrontó los valores más acérrimos de músicos y público.

Las diferencias se dejaron sentir. La llegada de fanáticos fue tímida, aunque creciendo a medida que pasaba la hora. Pese a la fractura, los que fueron pudieron disfrutar de diez shows con la esencia intacta del aggro más filoso. Había rabia, y qué mejor que las guitarras machacantes, pesadas y graves del estilo para exorcizar ese sentimiento extremo. En ese sentido, el metal alternativo de Auris, el rap metal de Antes Muertos, la brutalidad femenina de Lyriahn y el canon más tradicional del nu metal de Sen6, fue el bálsamo en las primeras horas de la tocata para el centenar de fanáticos que se hicieron presente desde temprano en el Cariola. Cautivante fue lo de Audiopsicótica, un murallón de metal que derribó todo a su paso. La banda enfundada en blancos atuendos de clérigos encapuchados, hicieron sendas versiones de ‘Mientras sus hijos observan’, ‘Degeneración’, ‘Ensordecedor’ hasta el regalo de ‘Alcohol’, demo inédito del quinteto. En la misma línea de potencia se ubicaron las emergentes Sukuba –banda integradas por solo mujeres– y Total Mosh, una de las bandas referentes del estilo en el país que desató varios de los momentos más vertiginosos de la tarde dominical, aún cuando toda su presentación fue un mar de ruidos destellantes (e inentendibles).

Con el mal sonido como karma, las esperadas tres últimas presentaciones –y en especial la de Rekiem– marcaron la noche. 2X, con disco nuevo bajo el brazo (“Resiste!”), basó su show en ese gran disco de ya casi dos década, “Pateando cráneos”, más temas nuevos como ‘Fuerza y rebeldía’ y ‘Resistencia’. Si bien la banda no es la misma, sí se nota un trabajo instrumental de mayor factura que el del último lustro, con un Alex de la Fuente –único integrante original– comandando esa bestia que grita unas cuantas verdades dolorosas. ‘La fuerza policial’ cerró como un himno, con la puteada hacia el final coreada bien fuerte por todos los presentes. Por su parte, Rey Chocolate salió a romper todo. Pese a los años de retiro –que igual se notan–, su presentación fue de las más aplaudidas y “bailadas”: la cancha se convirtió en una fuerza centrífuga a cada instante debido al entusiasmo violento de los fanáticos de una de las bandas iconos del movimiento, que al igual que el 2014, se reunían para tocar en el Aggrofest y dejar su marca indeleble a punta de riffs sin mayores matices, pero con una carga de dinamita que estallaba canción tras canción, gracias a la frescura desde la batería y los gritos guturales de Quinteros. Para cerrar, Rekiem salió a tapar bocas, literalmente. Desaparecidos del quehacer musical, la banda pionera de este imaginario supo conjugar el ánimo ambiente con el legado –a veces pesado– con el que cargan. La nostalgia lo era todo, y cada una de las grandes canciones de “Apgar:0” brotaban desde las guitarras y la garganta de Fuenzalida, quien pese al agitado día haciéndose cargo de la producción, mostró un gran registro vocal. ‘Claroscuro’, ‘Ariete’, ‘Novocaina’, ‘Traga’, ‘No respires’, ‘S’ (con la pegada del extracto de ‘Invalid litter dept.’ de At The Drive-In’) y el cover de Babasónicos,  ‘Microdancing’ daban por finalizada la accidentada jornada.

Sin la pomposidad que la fiesta quizás ameritaba, y con un discreto marco de público que llegó hacia el final, el Aggrofest 2018 fue más bien una celebración del antiguo ritual adolescente de principios del milenio. Un volver al pasado, con todo lo bueno y lo malo que eso conlleva. “Esto es el Aggrofest”, decían varios vocalistas en sus presentaciones, con un espíritu de validación que seguirá en dudas por algunos ortodoxos que vieron en la realización del festival más que una porfía o una falta, un negocio a costa de sangre. Ni lo uno ni lo otro. Sin duda, se aprendieron lecciones, pero lo más importante es que volvió la mística de un colectivo de músicos que desde la independencia, la autogestión y bajo el alero de un estilo pesado y de trazos gruesos (y ya no siendo televizado), sigue generando una hermandad que ya muchos quisieran (y al parecer, algunos molesta). Ni de cerca una de sus mejores versiones, pero el lema es claro: el Aggrofest sigue vivo.

César Tudela
Fotos: Francisco Aguilar A.

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