THE ADICTS

¡Viva!

Teatro Novedades.
Jueves 9 de septiembre de 2010

Cuanta energía. En las huestes de The Adicts, a diferencia de muchos pares que bajaron el telón por agotamiento, desmotivaciones, desinterés o simplemente letargo, el alcanzar un estatus tan valedero como pasar la barrera de las tres décadas en el punk rock no apunta al facilismo de dar más cuerda a un deteriorado reloj. Para nada. Basta consultarle a alguno a los cerca de mil espectadores que se hicieron participes la noche del jueves a una de esas fiestas atípicas que prevalecen en el tiempo. Los de Ipswich cumplieron y mataron desde la partida con una colección, sin bajas ni tediosas pausas, de todo su catálogo.

Todo lo que un seguidor de años del quinteto podría haber esperado se depositó en el escenario del Novedades. Estaba el perfil extravagante que los británicos portan desde sus inicios,  a finales de los setentas y que los situaron en una posición casi fundacional dentro de la vertiente cómica del punk, principalmente por el hedor circense que su dossier de poses incendiarias, cartas de poker voladoras, serpentinas, un paragua con confetti y por sobre todas las cosas, el desplante del inmortal cantante, Keith “Monkey” Warren, complementaban a un show que ya se sostenía por sí solo con la música.

En un mundo atestado en tsunamis digitales, escasez de mística y distancia kilométrica de las nuevas generaciones con los veteranos precursores de escenas subterráneas como la del punk rock, la clase obsequiada por bandas como The Adicts es una verdadera lección de principios para cualquier novicio que se jacte de poder hablar con propiedad respecto a la movida por portar una cresta o llevar accesorios distintivos. Estos tipos vienen de vuelta, tienen que trabajar en otras cosas y aprovechan de girar en sus vacaciones con la banda. Por lo mismo, este batatazo que recibimos el jueves pasado se aprecia de sobremanera. Entrega y pasión aprobada con honores.

Vamos a la función.  Pasadas las siete y media de la tarde, los nacionales Radicals impusieron en buena forma su crudo punk rock que ya los perfila como uno de los exponentes a considerar en la escena local. También, los clásicos Peores de Chile dejaron en claro el porqué son tan queridos por la gallada. Pogo, fiel a su esencia, un showman  nato. Aplicaron un set corto y efectivo. ¿Caballos de batalla mejor recibidos? ‘Síndrome Camboya’ y ‘Hollywood Boulevard’.

Las parejas de hermanos Dee y Ellis suben a escena y la gente clamaba con furor el inicio de la esperada función. Obviamente que al irrumpir Warren la respuesta fue aún más efusiva. Dando inicio al show con ‘Joker In The Pak’, emblema absoluto de su segundo largo, “Sound of Music” (1982), el público comenzó a participar en esa verdadera fiesta de punk rock en clave Oi!.

Uniformados con sus clásicos atuendos inspirados en “La naranja mecánica” que, a partir de su primer álbum, “Songs Of Praise”, los destacó como uno de los exponentes más innovadores de la escena en el Reino Unido, el combo dio paso a poderosas e efectistas tomas como ‘Easy Way Out’, ‘Fuck it Up’, para también aprovechar de bajar los tempos en su lado  sofisticado explorado en ‘Troubadour’.

‘Angel’, otro hitazo, tomó protagonista en la pista del Novedades. En varios momentos, Warren aprovechaba, como es tradición en las presentaciones de la banda, de lanzar confetti y serpentinas a las primeras filas de asistentes. Reconocidos amantes de la parranda, pese a su avanzada edad, aprovechando las bondades de ‘Bad Girl’, el grupo convida a las chicas a subirse al escenario en uno de los momentos divertidos de la noche.

El show comenzaba a incrementar su intensidad y el sonido, considerando las limitantes que siempre otorga el Novedades, acompañaba muchos más que en otras oportunidades. Luego de ‘All the Lucky people’ imposible no considerar como el punto alto de la performance el himno ‘Viva La Revolution’, una de las primeras tomas que consiguió que la formación entrara a lo alto de los charts a comienzos de los ochentas y que acá animó la fiesta acompañado de una gran pelota de plástico.

Se notaba la satisfacción en las filas The Adicts por como se desarrolló su primer concierto en Santiago. La efectividad de su atractiva puesta en escena, sumado a que la mayoría de los cortes elegidos en su repertorio funcionaban a cabalidad para mantener un show caliente de principio a fin, daban la razón al porqué los de Ipswich aún creen que pueden dar pelea por mucho más tiempo.

‘Ode To Joy’, pildorazo que abre “Smart Alex” (1985) bajó el telón de una cita alucinante para cualquier degustador del punk rock de elite. Con más de 31 años a sus espaldas, The Adicts dejó en claro todos los vestigios que ayudaron a meter a la formación británica en lo más alto de la escena europea en la penúltima década del siglo pasado y el público chileno respondió. Ojala podamos reeditar noches como las del jueves. Historia pura. A esperar que Buzzcocks no desentonen.

Francisco Reinoso Baltar
Fotos: Ignacio Orrego.
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