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Woodstaco 2018: Las cosas están pasando

Woodstaco 2018: Las cosas están pasando

Un encuentro con pasta de clásico
Woodstaco 2018: Las cosas están pasando

12, 13 y 14 de enero, 2018
Cruce El Manzano. La Montaña de Teno.

“Apoyen a la música chilena y a Woodstaco”, sonó el sábado en plena actuación de Campanario. Sin quererlo, la experimentada banda con miembros de lugares tan disímiles como Maipú y La Legua lanzó el que puede ser usado como un lema soporte de la más reciente versión de Woodstaco. El encuentro cumplía 10 años de realización, sentando un espacio gigante para el desarrollo y difusión de sonidos locales. Una iniciativa que, huelga decirlo, nuevamente estuvo a la altura.

No lo estamos descubriendo. En Chile cuesta -el doble y mucho más- hacer música y lograr vencer los innumerables obstáculos. Por eso la realización de Woodstaco revestía de una enorme expectativa, cumpliéndose desde el primer día. Los asistentes comprometidos comenzaron a llegar a raudales la mañana del viernes. Para cuando llegó el momento del puntapié inicial, eran miles los repartidos en sus cuatro escenarios. Un logro para aplaudir.

La premisa era simple, mezclar estilos y experiencias. El escenario Woodstaco Rock albergó a presencias metaleras como Engranaje y su metal fuertemente conectado a la tierra, deslumbrarse con la energía de Dezaztre Natural y su impronta cercana a Suicidal Tendencies; los argentinos Knei y su mezcla de hard rock en clave setentera y con riffs aprendidos de la escuela de Pappo; despertar con el stoner de Vorágine -abriendo a mediodía el sábado-, La Blues Willis y Andrés Lecaros ensamblando un bloque blues orgánico en la segunda jornada. Todo eso al lado de consagrados como Weichafe -debutantes absolutos en el festival-; Aguaturbia y sus carteles de tótem viviente del rock nacional, dando clase y sorprendiendo a los más jóvenes, que ovacionaron cada intervención de la agrupación liderada por Denise y Carlos Corales; Fiskales Ad-Hok llamando a funar “la visita del papa culiao” y llenando de rabia catártica a las 2 de la mañana. Florcita Motuda cerró con locura el domingo.

Del centenar de artistas que ofrecía la cartelera de Woodstaco, probablemente lo más interesante de ver se encontraba en el escenario Nexo. El motivo era bien simple acogió a grupos absolutamente independientes, provenientes de diversos puntos del país. Columpios al Suelo desde Valparaíso; Los Sin Retornos y un garage rock, marcado por Fugazi y un coqueteo con el metal alternativo firmado por Helmet; Icarus Gasoline levantando almas y plegarias con su psicodelia aguardentosa, demostrando por qué “Púrpura esencial” es uno de los mejores trabajos del 2017. Los Lobos Marinos y su funk vital, provenientes de Coyhaique. Desde Temuco, Invernadero creando el panorama ideal: eran pocos los asistentes a la hora de su actuación, pero su rock instrumental, arraigado en la expertiz del conocido pero siempre sorprendente dominio de la guitarra-bajo-batería, entregando imágenes en consonancia a paisaje natural del festival. Toda una experiencia. Tata Barahona y sus historias de desamor, con aroma de despedida, se encargó de cerrar.

Si asistías por primera vez a Woodstaco, sin duda sorprendió el emplazamiento del escenario Blesstaco: en medio de unos árboles, como si fuera una extensión de las ramas, al lado del río. Ahí conocimos la propuesta funk y jazz de Parresía: nos alegramos por la gran cantidad de público que esperaba a Cola de Zorro, uno de los nombres a considerar al hablar del rock experimental de Valparaíso, absolutos veteranos del evento (era su cuarta ocasión), aprovecharon de ofrecer material de su próximo disco de estudio. La misma numerosa multitud esperó a The Ganjas, recibiéndolos con un caluroso fervor y abundante humo, haciendo honor a su nombre. El sábado vimos a Los Kaníbales Surf Combo -portando máscaras de lucha libre- y su contagioso surf rock & roll, con destino bailable y desenfreno, la forma en que el público respondió. Terapia Grupal demostró seguir estirando las posibilidades de la música experimental, mientras que Cómo Asesinar a Felipes demotró que, a plena luz del día, puede seguir haciendo magia.

El escenario Enjambre fue el que más demoró en arrancar pero compensó con actuaciones para atesorar. Resumir a Zorbas Crisol creó un mundo en que Pink Floyd pre  “Dark Side of the Moon”, Fulano, Primus y Mr. Bungle se acoplan de maravillas. Afronautas dio cuenta de una fusión de impronta parecida, pero con un sostén melódico cadencioso: tenemos hip hop, funk y jazz sabroso. Pupila Spectra llevó su rockero y lisérgico “Zenit”. En plena noche, Aisles aportó la cuota progresiva y sofisticada con una ejecución impecable. Mora Lucay fue uno de los secretos mejores guardados del 2017 y en Woodstaco fue la oportunidad de ver al proyecto en acción, una selección de sonidos latinos y poesía cercana, más la voz de Natalia Vásquez, ofreciendo un melodramatismo familiar que en vivo gana en sintonía. Para la fiesta, Mediabanda y Keko Yoma, fue un bálsamo en la noche del sábado tras una larga jornada de música. La enorme explanada en donde se ubica Enjambre fue ideal para estos conciertos, retomando fuerzas para todos los asistentes que, pese al cansancio, se negaban ir a dormir.

Woodstaco presentó un nivel de producción y organización que barre con todos los prejuicios de un evento totalmente independiente, sin auspicios. Había comida -de todo tipo- y bebida a cualquier hora. La asistencia fue numerosa pero nunca se vio sobrepasada, todos encontraron un buen sitio para acampar.

Si no querías ver los conciertos, existían otras actividades aledañas -como el micrófono abierto, para cualquiera que se atreviera-, junto con el entorno natural, la característica excluyente de Woodstaco, al lado de un río, rodeado de árboles, alejado del ruido de la ciudad y su extenuante tren de vida.

Muchas de las cosas buenas que ocurrieron en la música nacional durante el 2017 lo escuchamos en Woodstaco. Junto a ellos, clásicos y varias sorpresas armaron un festival de excepción y totalmente necesario. Son diez años. La próxima edición será en otro lugar, pero esperamos que guarde las mismas características. La vara es demasiado alta y de alcances históricos.

Jean Parraguez

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