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Weichafe: Un domingo feliz

Weichafe: Un domingo feliz

Una despedida mágica
Weichafe: Un domingo feliz

Domingo 4 de junio, 2017
Arena Recoleta

La palabra es magia. Podría apelarse a una multitud de adjetivos, pero lo que hizo Weichafe en el Arena Recoleta tiene estrecha relación con lo inexplicable. Con ese momento en que todo se combina, todo cierra, todo tiene sentido. Hasta la fusión del rock más crudo y potente con el concepto de una kermesse colegial. Hasta la materialización de los fanáticos de siempre, venidos de todas partes, con sus familias, hijos pequeños de por medio. La historia particular de Ángelo Pierattini, Marcelo Da Venezia y Roberto Ugarte, registró ayer otra página de visaje para sus pasaportes: una serie de momentos imborrables y otro triunfo en su plan de nuevos desafíos. Primero fue un show de entradas agotadas en la preventa, realizado el día anterior. Pero ayer el ambiente era otro. Era la última presentación en Chile del trío que parte a radicarse a México. Sin ticket de regreso.

Todo partió temprano, con las presentaciones de Nano Stern y Como Asesinar a Felipes, artistas que se sumaron a Pancho Folk, Pancho Rojas y Crisálida que estuvieron en la noche del sábado. Músicos referentes de distintas escuelas, en parte homenajeando y también despidiendo a los Weichafe. Y es que lo que evoca la banda es un cariño evidente a nuestra música popular, desde el rock pero sin prejuicios. Gracias a eso se han convertido en la banda sonora de muchos, exponiendo su vocación electrónica, folklórica y acústica, más allá de su histórico talento arrasador para tocar rock pesado.

Se respiraba en el ambiente las ansias y la tensión. Atrás del escenario y entre el público asistente. Con ‘Al patíbulo’ de Machuca por los parlantes –rito inaugural irrestricto de la banda, y con el mismo Pierattini pidiendo que se cantase fuerte- el show de despedida daba comienzo. “Somos canto obrero agraz / Un destello libre y visceral” fue el grito primal, desatando la exaltación de un público que no paró de saltar hasta bien entrado el setlist, porque Weichafe partió rompiendo todo: ‘No tienes poder’, ‘Amarga voz’, ‘3 puntas’, ‘La miseria está aquí’, ‘Cuesta respirar’.

Esto era una despedida alegre. Optimista. La banda venía de sendas presentaciones en festivales que funcionaron como puertas de acceso a toda su obra, misma que repasaron durante la tarde: un robusto catálogo de canciones y sonidos que refleja turbulencias personales, estados de ánimo artístico y una voluntad irreductible para dejar atrás los tropiezos y mantenerse en la primera plana de la escena rock chilena. ‘Respiro la luz del sol’, ‘Sobras de ayer’, Silencio’, ‘Bella herida’, ‘De espalda al cielo’, ‘Lo que gatilló el camino hasta aquí’. ‘Alcatraz’, ‘Pan de la tarde’, ‘Hazme dormir’, ‘Incendiando infiernos’… Quizás, esta síntesis es más que perfecta, porque así como el trío supo amalgamar a la perfección su arte con sus crecimientos personales, del otro lado de las vallas pasó lo mismo.

Entre los fanáticos weichaferos parecía primar esa sensación de no perderse un segundo de este show. Festejarlo. Prestarle toda la atención e involucrarse en cada ritual, para atesorar ese recuerdo como hueso santo. Desde los temas de su debut hasta “Mundo hostil”, todos fueron cantados desde el corazón. La comunión entre banda y público es casi única en nuestra escena, ya que Weichafe siempre ha coqueteado con las cosas que pasan abajo del escenario. Así han creado místicas como el final de ‘Tierra oscura del sol’, con Pierattini y unos acordes viscerales que desgarran oídos; los gritos de “Weichafe” entremedio de ‘Suicidio general’ (pedido del público, ya que no estaba en el setlist), o ‘Fe maldita’, que en su epílogo, la mitad de la audiencia se divide: unos con los “ooohhh ooohhh” de hinchada, mientras los otros van repitiendo como mantra la frase “Ser feliz aunque nos cueste / Resistir y estar al frente / Listas las bombas de gas / Bombas de gas / Bombas de gas”. Final sublime, donde todos somos Weichafe.

Y qué decir de las joyas del repertorio: la versión íntima de ‘Domingo feliz’, el cover de ‘Blow up the Outside World’ homenajeando a Chris Cornell desde este lado del mundo, la versión a capella de ‘Dios es solo para algunos’, la aplanadora ‘Ripio y soledad’ que no deja a nadie inmóvil, y el inicio de barra de ‘La fuerza viene de la tierra’. Todas, con la carcateristica interpretación de una banda que no deja fisuras.

Otro momento clave, tanto del show como para su historia se vivió en ‘Pichanga’. No es novedad el carácter popular que siempre ha tenido Weichafe. Su tendencia de involucrar a las familias viene desde sus años de tocatas en el Galpón Víctor Jara, pero era aquí donde las cosas podían calzar como nunca antes. Por eso la efervescencia de todo el público (incluso desde temprano cuando Nano Stern interpretó el ‘Carnavalito del ciempiés’), y sobre todo de quienes llevaron a sus hijos e hijas. Niños rockeando desde el comienzo del show, entre reja y escenario, otros en hombros de sus padres. Todos, arriba como parte de una escenografía viva, fundando otra mística weichafera. Si el sábado fue con ‘Opción laverna’ (y Pancho Rojas en la voz), el domingo la “canción infantil” fue el clásico del “Disco Rojo”. Ambas, en toda su gloria rockera. Las fotografías de ese momento es lo que siempre la banda ha anhelado, y lo que los fanáticos han agradecido hasta el punto de estamparlo en banderas: “Gente buena y de verdad”.

Ese fue el punto central de la cita: la comunión y el ritual de despedida, que no es más que un hasta luego. Nada de lo que hizo Weichafe sonó forzado o producto de un capricho. Así lo vivieron los mismos músicos, que se llevan unos conciertos grabados a fuego a tierras aztecas. Así, también, lo vivió esa gente que transformó la geografía de Recoleta con poleras negras durante todo el sábado y domingo , que siguió pidiendo temas aún cuando habían pasado dos horas y media de show, y que sólo se dio por conforme cuando sonó ‘Las cosas simples’, en una versión electrificada con la que se apagaron los amplificadores, haciéndo sentir el frío de la noche santiaguina. El final de un momento de gloria musical para un grupo que cada día disfruta más abrazar el riesgo.

Un festín de treinta canciones fue el último regalo de los muchachos, que no descansaron en la facilidad de repetir su repertorio del día anterior. Y ése fue uno de los mayores encantos de esta despedida. Y una certeza: para Weichafe, poder expresar todas las emociones a través de su música frente a las miles de personas que llegaron durante los dos días al Arena Recoleta, es el puntapié para mirar definitivamente un futuro que huele a chili y a tequila. Buen viaje, guerreros.

César Tudela
Fotos: Juan Pablo Maralla

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