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U2: Tan lejos como se pueda llegar

U2: Tan lejos como se pueda llegar

Trajeron más que nostalgia en su cuarta visita
U2: Tan lejos como se pueda llegar

Sábado 14 de octubre, 2017
Estadio Nacional

El grueso del cuarto concierto de U2 en Chile consistió en la reproducción íntegra de "The Joshua Tree", su quinto disco, editado hace exactas tres décadas. Eso significa que los irlandeses, después de oponer estoica resistencia por muchos años, al fin se rindieron ante la nostalgia como motor de su actividad. Cabe el juicio artístico, de seguro, pero lo cierto es que el circuito mundial está lleno de grupos mucho menos importantes que se dedican a celebrar su propio pasado, así que la conmemoración de un álbum realmente histórico es bienvenida en el panorama de hoy, colmado de ofertas rememorativas.

Volver a "The Joshua Tree" tiene sentido porque, como el mismo Bono explicó antes de 'In God's Country', las canciones del disco resuenan con el presente. Se trata de un registro que captura la transformación de U2 en una de las bandas más importantes del planeta. Es la génesis del esquema conocido por todos, desde el mesianismo de su cantante hasta su romance con Estados Unidos, un detalle de vital importancia porque "The Joshua Tree" está inspirado por ese país. De ahí que la pantalla gigante de altísima definición de esta gira se dedique, en gran medida, a exhibir numerosas alegorías gringas. Pero cuando U2 le rinde tributo a Estados Unidos no está, en realidad, pidiéndonos genuflexión ante la mayor potencia del mundo, sino recordándonos la belleza y sobre todo la universalidad de sus principios fundacionales. En manos del cuarteto, el imperio se vuelve una metáfora de la libertad. ¡Ah, la libertad! ¿Qué mejor término para describir la sensación que provoca la guitarra de The Edge en 'Where the Streets Have No Name'? Es un sonido que no hace más que complementar las palabras de Bono acerca de ir, literal y metafóricamente, tan lejos como sea posible.

La distancia cubierta por U2 a partir de "The Joshua Tree" es inconmensurable, pero el camino que los llevó a la consagración no partió con la rimbombancia que hoy los caracteriza, sino con la sencillez de cuatro herederos del post punk armados de sus instrumentos y nada más. Para que a nadie se le olvide, el segmento inicial es minimalista, con los de Dublín en un escenario alternativo y más pequeño, tocando cuatro de los temas que los dejaron encaminados hacia la primera obra cumbre de su historia. Ningún artificio empieza a funcionar hasta que la banda tiene al estadio entero en el bolsillo a punta de música. Los pelos se erizan con 'Sunday Bloody Sunday' y 'New Year's Day', y a la altura de 'Bad', cuando Bono empieza a cantar 'Gracias a la vida', la compenetración entre el público y su gente es total, irreversible hasta el final del show. Aunque en México usaron el mismo clásico de su repertorio para insertar fragmentos de 'Cielito lindo', el saludo a Violeta Parra, y más que nada el gesto de personalizar un momento del espectáculo, resulta encomiable y vale tanto como una escenografía colosal o como tener de telonero a un artista de considerable arrastre por cuenta propia.

Noel Gallagher, sólido sin llegar nunca a ser descollante, fue el encargado de inaugurar la jornada. Un detalle representativo de su paso por el Nacional fue el uso del pedestal del micrófono para sacarle sonidos a su guitarra. En vez de hacerlo a lo Jimi Hendrix, procedía con absoluta calma. Lo suyo no es aventurarse, como evidencia su nueva canción, 'Holy Mountain', que suena glam en la veta de los subvalorados Slade. En un recinto como el Teatro Caupolicán, el repertorio de Noel Gallagher's High Flying Birds de seguro encendería los ánimos, con un público cien por ciento del ex Oasis, pero en el Nacional los únicos momentos en los que consiguió capturar a la audiencia fue cuando dijo que Alexis Sánchez sería el rey de Mánchester y cuando tocó los hits de su antiguo grupo, como 'Wonderwall' y 'Champagne Supernova'. Teloneo de ultra lujo para un concierto que responde a la misma definición. Lo de U2 fue una exhibición de riqueza, un muestrario de todo lo que han acumulado con los años, que es mucho más que hits románticos tipo 'With or Without You' o edificantes en la línea de 'Beautiful Day'. También es la influencia, ya sea sonora o espiritual, de los bluesmen ('Trip Through Your Wires'), de Jimmy Page ('Bullet the Blue Sky'), de Víctor Jara en 'One Tree Hill', otro de los momentos en los que la banda expresó querencia por Chile, recalcada hacia el final del evento con la proyección de imágenes de Gabriela Mistral, Violeta Parra, Sola Sierra y Michelle Bachelet en la pantalla.

El aspecto visual, muy cuidado como siempre, estuvo al servicio del mensaje. Al parecer temerosos de parecer majaderos, sorpresivamente U2 no se va en picada contra Donald Trump, que hubiese sido lo más predecible, pero sí lo aluden con veneno de forma (no tan) indirecta escogiendo un video extraído de "Trackdown", una serie televisiva estadounidense de los cincuenta. Justo el episodio en el que un personaje llamado Walter Trump intenta convencer a una muchedumbre de que el fin del mundo se avecina y de que la única forma de salvarse es construir un muro. "Eres un mentiroso, Trump", le responden, en un extraño caso de predicción involuntaria del futuro con el que el cuarteto de seguro se identifica porque, de forma similar, el tiempo le ha dado nuevas capas de significado a "The Joshua Tree". Y también a U2, que por primera vez en un buen rato parecen comprender perfectamente su lugar: ser los portavoces de un sentir humanista que va de la mano con la filosofía del rocanrol, pero también la trasciende.

Andrés Panes

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