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The Mighty Mighty Bosstones: La magia de la experiencia

The Mighty Mighty Bosstones: La magia de la experiencia

La tercera ola del ska llegó a Chile
The Mighty Mighty Bosstones: La magia de la experiencia

Jueves 11 de agosto de 2016
Teatro Cariola

Si se escribiera la historia del ska punk, un capítulo importante habría que dedicárselo a The Mighty Mighty Bosstones. La llamada tercera ola del ska, que a mediados de los noventa traspasó el mundo subterráneo, abrazando -durante un par de años- con bastante éxito los circuitos más comerciales, difícilmente habría alcanzado la masividad que tuvo sin el aporte del grupo oriundo de Boston.

Cuando a fines de los ochenta el grueso de las bandas estadounidenses de ska se caracterizaba por intentar rescatar el sonido del Two Tone británico, los Bosstones fueron uno de los precursores en incorporar elementos más cercanos al punk melódico y al punk pop norteamericano.

Son referentes, unos íconos del estilo, de eso no hay una duda. Sin embargo, su primera visita a nuestro país llegó con varios años de desfase, por lo que aspirar a llenar un teatro con una capacidad para más de 1.000 personas parecía algo bastante aventurado para un grupo que hace más de dos décadas alcanzó su peack de popularidad. Y claro que lo fue, ya que a minutos de que comenzara el show, el panorama en el Cariola y en sus inmediaciones era desolador.

Con prácticamente un cuarto de la gente que cabe en el recito, el noneto de Boston salió a escena, vistiendo unos elegantes trajes rojos a cuadros. ‘Old School Off The Bright’, el movido tema del séptimo disco de la banda “A Jackknife to a Swan” (2002) fue el puntapié inicial, provocando unos tímidos bailes, que rápidamente se replicaron cuando casi sin respiros sonó ‘The Rascal King’, uno de los clásicos de “Let’s Face It” (1997), el disco más mediático del grupo.

Tras el tema sobre James Michael Curley, alcalde de Boston que tuvo una carrera política muy cuestionada por sus vínculos con la delincuencia, pero que fue muy querido por su apoyo a los pobres, los Bosstones retrocedieron un par de años con ‘Kinder Words’, track inicial del aplaudido “Question The Answers” (1994).

Luego fue el turno de dos hits del grupo, ‘Someday I Suppose’, que fue coreado por gran parte de la gente, seguida de una emotiva y apasionada interpretación de ‘So Sad To Say’, uno de los grandes cortes del excelente “Pay Attention” (2000), el mejor disco de los Bosstones de acuerdo a su propio vocalista, Dicky Barrett.

La ausencia de público había quedado relegada a segundo plano, y no era un impedimento para que sobre el escenario se observara una banda entregando todo. Y pese a las deficiencias en el sonido, sobre todo en el comienzo, el grupo ejecutaba cada uno de sus temas a la perfección.

Si hay algo que hace tan distintivo el sonido de los Bosstones es el complemento perfecto que logran los alegres y limpios sonidos de los bronces, con la sucia y rabiosa voz de Dicky Barret, menos gutural que a comienzos de los 90, eso sí. Encomiable es el trabajo que realiza el cincuentón vocalista arriba del escenario y abajo también, ya que en numerosas ocasiones se acercó a la barricada para interactuar con la gente.

Más silencioso, pero no menos llamativo es el rol que cumple el manáger y bailarín del grupo Ben Carr, con su incombustible energía contribuyó a mantener encendido al público durante los sesenta minutos que se extendió el show.

Tras ‘Everybody’s Better’, la banda dio paso a una correcta versión de la canción de The Clash, ‘Rudie Can't Fail’, que provocó algo de entusiasmo, el cual fue incrementado por ‘Nah, Nah, Nah, Nah, Nah’ y ‘Another Drink’ y que llegó a uno de sus puntos más altos con ‘Where’d You Go’, ocasión en la que Lawrence Katz, sacó a relucir su exquisita técnica con la guitarra.

Luego de continuar con un recorrido por los primeros cincos discos del grupo, con temas como ‘Devil's night out’, ‘Royal oil’, Hell Of Hat’, tocaron ‘Sunday Afternoons on Wisdom Ave’, de su última placa, “The Magic Of Youth” (2011), trabajo que en teoría venían a presentar.

Prosiguió  una corrida de grandes canciones como “She just happened”, el cóver de The Waillers, ‘Simmer down’, o ‘Don't Worry Desmond Dekker’, single del lados B “Medium Rare” (2007), y ‘They Will Need Music’, también de su último disco, hasta que llegó el címax de la noche con gran hit mediático del grupo, ‘The Impressión That I’ Get’, el tema más coreada por lejos y que provocó que, pese a la poca asistencia de la gente, algunos entusiastas comenzaran a hacer crowd surfing.

Los de Massachussetts dejaron el escenario durante unos minutos, pero regresaron a deleitar a sus seguidores con un tema inédito, ‘Muhammad Ali’, seguido de ‘1-2-8’. Con ‘A Pretty Sad Excuse’ culminó un show de 28 canciones que se extendió por cerca de una hora y cuarenta minutos y en el que los Bosstones lo entregaron todo. Eso a fin de cuentas es lo que vale.

Pese a las distintas adversidades y a que el marco no era el adecuado para un grupo con el cartel y la calidad musical que poseen, sacaron a relucir todos sus años de recorrido para brindar una noche que comenzó de forma preocupante, pero que culminó de gran manera y con la satisfacción de haber presenciado en gran forma a una banda que el cartel de referentes se lo han ganado con creces. Ayer lo demostraron. Tres décadas de carrera no pasan en vano. Los Bosstones sí saben cómo divertirse.

José Pedro Rossel
Fotos: Gary Go

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