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Slowdive: una luz cegadora

Slowdive: una luz cegadora

El proceso catártico de la banda inglesa en Chile
Slowdive: una luz cegadora

Otoño Fauna. Sábado 13 de mayo de 2017, Espacio Riesco

Lo del sábado en la noche siempre se imaginó imposible. Cualquier ruptura que perdure por casi dos décadas llama inevitablemente al pesimismo. Es por ello que la reencarnación de los ingleses, y más aún la presencia de la banda en nuestro país, son del todo milagrosas. La vuelta de Slowdive revindica una existencia breve aunque inconfundible, y a su vez, se transforma en el rescate de un sonido injustamente infravalorado y que solo el tiempo obligó a reconocer. Existen fundamentos que destacan su relevancia, quizás soslayados por el claro carácter pop de la banda, y que derivan del protagonismo de las guitarras de Neil Halstead y Christian Savill -de las que tanto ha abusado una buena parte del post-rock instrumental-, así como su particular visión ambiental del sonido, una estética que cruzaba, en mayor o menor medida, cada una de las pistas que integraron la discografía del quinteto.

Aquello que comenzó unos cinco minutos antes de las diez de la noche y que se extendió por casi una hora y media, no podía comenzar sino con ‘Slowdive’ y ‘Avalyn’, dos temas del primer EP de la banda, y que registran una especie de declaración de principios de la misma, delatando etéreas guitarras elípticas, una suavidad melódica desvaneciente, así como ingrávidas vocalizaciones que llegaban incluso a ser psicodélicas, pero que en vivo, se distinguían claramente. Luego vino ‘Catch the Breeze’, proveniente de “Just a Day” (1991), y en la cual se apreció la ya mencionada veta ambiental de la banda, esa corriente que fue desarrollada a cabalidad en ese disco prácticamente solista de Neil Halstead, “Pygmalion” (1994), y del cual solo se extrajo el romántico mantra vocal de ‘Crazy for You’, otra de las tantas piezas de un álbum que seguía los principios teóricos de Brian Eno, pero que en su ejecución terminaba pareciéndose más a los Talk Talk de “Laughing Stock” (1991), dos álbumes esenciales en el desarrollo del amplio post-rock y que hacen sinónimos los nombres de Mark Hollis y Neil Halstead, sobre todo por el ánimo de posicionar sus vanguardistas deseos artísticos por sobre los comerciales.

 

Como quinta pista en vivo apareció la alegre ‘Star Roving’, desprendida del reciente álbum de la banda y del cual también se extrajeron ‘No Longer Making Time’ y la simple ‘Sugar for the Pill’, pistas más centradas en el pop vocal que en el tratamiento instrumental, y que en cuanto a su simpleza estructural, se conecta con la emotiva y también presentada ‘Dagger’, que en el disco original era ejecutada por Neil en guitarra acústica, anunciando su futura personalidad folk, estilo que paradójicamente continuó desarrollando luego de la extinción de Slowdive, ya sea oblicuamente, a través del proyecto Mojave 3, o directamente, tal como en su obra solista, la que incluso lo ha llevado a ser parte de la banda de Sun Kil Moon, un nombre esencial dentro del folk actual. Ese mismo origen acústico fue citado con ‘Golden Hair’, en la que la banda hace eléctrica la triste psicodelia de Syd Barrett, extendiéndola a través de celestiales guitarras que se sobreponen unas sobre otras, mientras, como es su costumbre, Rachel Goswell hacía abandono del escenario y permitía el desarrollo instrumental de la banda, con una base rítmica comandada por el preciso bajo de Nick Chaplin y la batería del destacado artista sonoro, Simon Scott.

Como era de esperar, aparecieron las pistas del aún indemne “Souvlaki” (1993), tal como ‘Souvlaki Space Station’, que se percibió con un acentuado carácter dub, o las afamadas ‘When The Sun Hit’, ‘Alison’, o la que cerró el show, ‘40 days’, en las cuales Slowdive arroja una dulce carga melancólica sobre la melodía vocal para luego desahogarla a través de un proceso catártico envuelto entre distintas capas de guitarra, bellas y rabiosas, noise incluso en sus clímax, que forman una entidad abstracta que se proyecta como una luz intelectual, un fulgor que termina por demostrar que, a pesar del hiato biográfico, la calidad interpretativa de la banda ha avanzado. Los años los han transformado en avezados músicos, poniendo incluso mucho de su temperamento actual al momento de ejecutar, sonando con aún más volumen y violencia. La noche del sábado hizo coincidir las personalidades del pasado y del presente. Aquellos siguen siendo los mismos de antes. A veces, también, las cosas terminan siendo tal como siempre se imaginaron. 

Carlos Navarro A.
Fotos: Gary Go

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