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RockOut 2016: apuesta editorial

RockOut 2016: apuesta editorial

Exitosa segunda edición de un festival aterrizado y coherente
RockOut 2016: apuesta editorial

Sábado 3 de septiembre de 2016
Estadio Santa Laura

La segunda versión del Rockout tenía el importante desafío de posicionar, nuevamente, un festival de nicho rockero en Chile. Dejando de lado la variopinta lista de números en su estreno el 2014, acá se apostó por potenciar dos frentes: el metal y el punk. Dos números “calados” y una consistente lista de bandas de repercusión subterránea dieron el vamos a un evento que además pasó al Estadio Santa Laura, espacio elegido en contadas oportunidades para la música en vivo. Más de veinte mil personas llegaron a la edición 2016 de un evento que, poco a poco y salvo detalles técnicos puntuales, está marcando pauta en términos editoriales, dejando abierta la puerta a una extensión para el próximo año. En esta pasada, la jugada fue acertada.

Valium tuvo la responsabilidad de arrancar la jornada con su festivo punk, próximo a NOFX y Millencolin. Con el piso construido en los últimos años gracias a un discazo 2014 (“Nuestro lugar”) y sólidas presentaciones junto a Adolescents y, sobre todo, la mencionada banda de Fat Mike, el trío demostró por qué fueron elegidos para representar al circuito local en Rockout. Un show compacto, dinámico y súper bien recibido por la gente que comenzaba a llegar al Estadio, varias de esas personas vistiendo poleras de estos créditos chilenos.

Los encargados de inaugurar el escenario Transistor, que agrupaba a las bandas de metal del festival, fue el ascendente cuarteto nacional de death metal progresivo All Tomorrows. Puntualmente a la hora señalada y ante una importante cantidad de público que llegó temprano a disfrutar del show, Pepe Lastarria en voz y guitarra, Ramón Pasternak en guitarra, Pablo Martínez en batería y Oscar Arenas en bajo, tomaron el escenario por asalto con un sonido de gran calidad en vivo, tocando varias canciones de su aclamado segundo álbum “Sol Agnates” (2015), donde brilló especialmente el tema que le da nombre al disco, pero sin olvidar por completo su debut “Opilion” (2011). La respuesta de la audiencia no se hizo esperar y de seguro después de estos 30 minutos de alto impacto, con un show solidísimo y compacto,  el grupo se fue a casa con muchos nuevos fans. Si Gojira se ha transformado en todo un referente internacional que ha revitalizado la escena del metal extremo en el último lustro, lo de All Tomorrows apunta en la misma dirección, con una materia prima exponencial.

Comprometidos con el activismo en su esfera más pura, Anti-Flag no desperdiciaron la chance de tocar ante una audiencia más amplia. El grupo descargó un entusiasta menú, repasando más de dos décadas de himnos antibelicistas y espíritu anarco. Pares generacionales de los mayores nombres del punk noventero, su carrera tuvo mayor visibilidad en los 2000, por ello también se les sindica como referentes más actuales y ellos mismos asumen con hidalguía dicho estatus; Chris #2 (bajista) es el maestro de ceremonia, salta por todas partes, conversa con la gente, mientras sus compañeros complementan un asalto escudado en potentes muestras de su recorrido (‘The Press Corpse’, ‘This Is The End (For You My Friend’, ‘Die For The Goverment’, algunas de las más coreadas). En ellos el discurso es tan importante como la música, por ello no extraña el deber de introducir una atemporal toma de principios como ‘Fuck Police Brutality’; la gente responde con todo en las primeras filas y el grupo asiente la calurosa respuesta; por ética suena lógico pensar en The Clash como una de sus piedras angulares y el esperable cover para ‘Should I Stay or Should I Go’ siempre cae de cajón, tanto como el clásico cierre que el grupo registra en casi todos sus shows, casi un ritual a estas alturas: Chris y Pat, con batería incluida, bajan al medio de la pista para tocar al lado del público. Final a la altura.

Había gran expectación por ver el debut en Chile de la banda norteamericana de groove metal Hellyeah, quienes vienen promocionando su reciente y revitalizador quinto álbum “Unden!able” (2016). El hecho que su baterista sea el gran y legendario Vinnie Paul (ex Pantera), aporta una cuota extra de interés por presenciar al grupo y lo cierto es que Vinnie hace 18 años que no volvía al país. En Chile la gente lo quiere, y las dos veces que fue presentado el baterista, se llevó tremendas ovaciones, las que respondió regalando numerosas baquetas. El vocalista Chad Gray (Mudvayne) es de la escuela de frontmen instaurada por Phil Anselmo a partir de 1990, y vaya cómo demostró su manejo de la audiencia poniendo a todo el mundo de cabeza a saltar y realizar circle pits. Con un buen sonido, un poquito sucio por momentos, el grupo montó un show brutal descargando material de la nueva placa, como la inicial ‘X’ que sonó aplastante, la visualmente impactante ‘Blood For Blood’ del disco del 2014, para la cual Gray se empapó la cara en tinta roja, o esa final ‘Hellyeah’ del disco debut del 2007 donde el grupo cerró su hora de actuación de alto octanaje, destacando también el nuevo bajista Kyle Sanders y las sólidas guitarras de Tom Maxwell y Christian Brady. Fue un debut potentísimo y triunfal que dejó con ganas de que la banda vuelva a realizar un show completo.

Luego del aluvión groove metal ofrecido por Hellyeah, Dead Kennedys subía al escenario para el tercer concierto de su historia en Santiago. Por décadas, la facción histórica de la banda ha debido lidiar con la sombra de Jello Biafra; East Bay Ray (guitarrista) ha señalado en varias oportunidades su voluntad para intentar un reencuentro, pero el tema sigue congelado hasta nuevo aviso; el radicalismo que hizo grande al combo de San Francisco radica, en un importante porcentaje en la imagen y textos de Biafra, por ello, cuesta obviar ese glorioso pasado, pese a la distancia de los años. No tuvieron los vistosos problemas de sonido de Anti-Flag y salieron a matar con una completa expedición por su catálogo más preciado: ‘Police Truck’, ese irresistible riff inicial para anunciar ‘Too Drunk Too Fuck’ o versiones actualizadas de viejos aciertos como ‘MP3 Get Off The Web’, relectura de ‘MTV Get Off The Air’, gran postal de “Frankenchrist” (1985); DH Peligro (baterista), pilar rítmico en la reformulación del grupo desde 1981, aprovecha de resaltar el problema del racismo que afecta a Estados Unidos antes de dar pie a ‘Nazi Punks Fuck Off’. En cierta, medida, Dead Kennedys puede ser visto como un karaoke funcional de punk rock, el punto bajo es Skip McSkipster. Efectivamente, el actual cantante de Dead Kennedys, no apela al guión de Biafra, va a la barricada para interactuar con el público, apela al humor y sarcasmo, pero ese rol deslenguado se ve demasiado forzado. Sus interpretaciones son correctas, pero la banda no golpea. Ahora, recibir ‘California Über Alles’, ‘Holiday in Cambodia’ y el bien logrado homenaje a Elvis en ‘Viva Las Vegas’ siguen siendo entregas dignas de apreciar.

Meshuggah, el quinteto sueco de metal progresivo extremo que nos visitaba por segunda vez, está próximo a lanzar el 7 de octubre el muy esperado “The Violent Sleep Of Reason”. Por ello, y con una larga carrera ya en sus espaldas, no deja de llamar la atención que todavía es posible encontrar cierto prejuicio y reticencia de algunas personas que califican la música de Meshuggah como fría, matemática, mecanizada y sin alma o ridículamente como los “padres” del Djent, ese limitante micro-género, por el extenso uso de los polirritmos y bases sincopadas en su compleja estructura musical. Pero luego de una actuación como esta que los expuso delante de un público masivo y mayoritario, esas aprensiones la banda las pulverizó en un santiamén con un show hipnótico y absolutamente aplastante. Las guitarras de ocho cuerdas de Fedrik Thordendal y Marten Hagström con sus crípticos y elásticos riffs, pusieron en trance a la multitud en canciones como ‘Obzen’, ‘The Hurt That Find You First’ y ‘Lethargica’, aunque es el vocalista Jens Kidman el encargado de conducir la aniquilación sobre todo en esa monolítica dupla de ‘In Death – Is Life’ y ‘In Death – Is Death’, donde por supuesto la batería de Tomas Haake tiene mucho que decir con su dínamo de poder bajo los pies. Con un sonido realmente nítido y muy bien ecualizado y en su mayoría usando luces blancas de efecto apocalíptico, el show fue perfecto en todos sus aspectos, demostrando que Meshuggah es una máquina humana, donde la violencia emana de su interpretación sin recurrir a un despliegue físico, logrando una simbiosis con el público que expresaba su catarsis con furiosos circles pits en una cancha ya repleta a esta hora de la tarde. Un show tremendo lo de los suecos en 90 minutos totalmente lacerantes.

Aparte del circo industrial de Rammstein, The Offspring era el grupo que acaparaba la mayor atención y lo demostraron desde el principio de su festiva performance. Pese a vivenciar algunos problemas de sonido en el arranque (‘You´re Gonna Go Far Kid’), ya para ‘All I Want’ se habían echado al bolsillo al público; el cruce generacional de fans es notorio y el uniforme éxtasis que provocan el repaso a su historia deja en claro porque ellos son carta segura para encabezar casi todos los festivales rockeros del planeta, bastó percibir esas todas esas gargantas acompañando a todo pulmón las melodías en ‘Come Out and Play’ para esclarecer el panorama.

Al tanto del paso del tiempo y las constantes críticas hacia el estilo, esta versión de The Offspring muestra plena forma: Dexter no destiñe en la mayoría de los tonos agudos y junto a Noodless se complementan para dirigir a las masas; el set es equilibrado y elude el tedio, ‘Coming For You’, ‘Gotta Get Away’ y ‘The Meaning of Life’ se cruzan sin problema; Holland cumple acompañando en guitarra a sus partners para la balada ‘Kristy Are You Doing Ok?’ y tampoco desentona para el hitazo ‘Why Don´t You Get A Job?’.

Fue resistida en su minuto, pero ‘Pretty Fly (For A White Guy)’ fue otra aplaudida fuente de dinamismo para un público generoso en respuesta y atento a cada muestra de los creadores de “Smash” (1994), el disco independiente más vendido en la historia de la industria norteamericana; Noodles vibraba como un fan más, por el hecho de compartir escenario con Dead Kennedys y al presenciar cómo distintos sectores de la cancha armaban un gran pogo en ‘The Kids Aren't Alright’ con miles de personas cantando al unísono, casi como en un partido de fútbol.

¿El cierre? Predecible y efectivo con ‘Self Esteem’. Santa Laura vibró con uno de los himnos responsables del éxito consistente de The Offspring, grupo que sabe manejar su manual con soltura sin necesidad de alterar su estable paisaje, tranquilidad ganada, claro está, por sus aciertos noventeros y la solvencia que aún regalan arriba de un escenario.

Rammstein, el sexteto de metal industrial de la ex RDA, volvía a poner en marcha su impresionante maquinaria luego de un largo receso de cinco años. Esta vez han decidido iniciar el ciclo a la inversa, realizando una gira mundial por festivales para ir ensamblando sus engranajes y preparando su artillería, para luego una vez finalizado el tour, meterse de lleno a componer y grabar su séptima placa de estudio, la sucesora de su mega exitoso “Liebe Ist Für Alle Da” (2009). Sin un disco nuevo que presentar, era esperable que su segundo show en Chile se centrara en un recital de grandes éxitos, pero para hacer las cosas más excitantes, el grupo abrió su aplastante e incendiaria actuación con un tema nuevo, ‘Ramm4’, donde la letra va mencionando varias canciones previas del grupo. Con un Till Lindemann ataviado completamente de blanco, la euforia desatada desde el inicio da cuenta que lo de Rammstein es prácticamente una legión de fieles seguidores.

Canciones como ‘Reise Reise’, ‘Keine Lust’ y ‘Feuer Frei’ demostraron que la banda no perdió un ápice de potencia durante el receso, con las guitarras de Richard Z Kruspe y Paul Landers sonando titánicas, junto a la durísima base de Christoph Schneider en batería y Oliver Riedel en bajo. Mención aparte para las tremendas y siempre jocosas intervenciones del tremendo tecladista Christian Lorenz (¿Quién dijo que los alemanes no tienen sentido del humor?), y sobre todo para Till Lindemann, que mantiene su voz en perfecto estado y es el “Kommandant” de un show absolutamente alucinante en cada uno de sus más mínimos detalles, como por ejemplo las sensacionales columnas de luces de última generación o ese espectacular escenario de dos niveles flanqueado por plataformas hidráulicas.

En ese sentido, sólo Rammstein es capaz de superar a Rammstein, y si en la visita anterior de 2010 en el Estadio Bicentenario de La Florida habían dejado su propia vara altísima, este segundo show lo supera con creces, presentando nuevos trucos y efectos alucinantes como el cinturón de explosivos que Lindemann llevaba en su cintura y que le estallan encima, o el nuevo ángel alado lanza llamas en ‘Engel’ o esas columnas de fuego que emanaban desde la mitad del cancha y se podía sentir el calor de las llamas en la cara. Sin duda, Kiss fueron pioneros en el uso de la pirotecnia en los shows, pero Rammstein lo ha llevado a un límite infinitamente superior, muchas veces exponiendo la propia integridad física de la banda.

Hits calados como ‘Du Hast’, ‘Links 2-3-4’ e ‘Ich Will’ pusieron a todo el mundo a saltar y cantar en un karaoke masivo antes de cerrar la primera parte del show con el cover de Depeche Mode ‘Stripped’, para luego retomar con ‘Sonne’, la ultra festiva ‘Amerika’ y cerrar con la citada y espectacular ‘Engel’. Y cuando el público creía que todo terminaba, por los parlantes se escucha la voz de Lindemann diciendo  en español “¿quiero más?” y como la eufórica respuesta no se hizo esperar, el grupo regresó para cerrar con una brutal y demoledora ‘Te Quiero Puta’ cantada en español por todo el estadio, en un cierre infartante de un show que se recordará por años y que le puso un broche de oro al RockOut Fest. La banda más exitosa y masiva de metal industrial de la historia demostró que sigue en plena forma y no existe grupo en el mundo que pueda amenazar su merecido trono.

Con el glorioso cierre de Rammstein, Rockout amplió su posicionamiento en el país como un festival rockero y propositivo. Las dos versiones han coincidido en un equilibrio formado por artistas de culto y algunos debuts de impacto underground. La onda festiva del escenario destinado al punk, la apabullante entrega y oferta del espacio próximo al metal, más el correcto cumplimiento de los horarios y el ejemplar comportamiento del público, justificaron con certeza la extensión de un evento aterrizado y coherente.

Texto: Cristian Pavez y Francisco Reinoso
Fotos: Jorge López y Magdiel Molina

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