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Rockódromo 2018: Aguante porteño

Rockódromo 2018: Aguante porteño

Valparaíso, nuevamente epicentro musical
Rockódromo 2018: Aguante porteño

1 - 4 de febrero, 2018
Valparaíso

El puerto de Valparaíso, con sus extravagancias y reconocida bohemia, da pie a muchas conversaciones sobre míticas anécdotas que ocurren dentro de esta ciudad. Algo que suena cliché en su manera turística, pero que resume muchas de las experiencias que se organizan. Rockódromo, uno de los principales eventos del verano, cumple con esta mirada. El festival organizado por el CNCA a través del programa Escuelas de Rock, es ya una tradición que se ha vuelto masiva con el pasar de los años, convocando a diferentes generaciones de amantes de la música popular, entregando un evento de calidad y un férreo apoyo a la escena musical nacional, con bandas emergentes y extranjeras, en un lugar que para muchos es añorado para dar el primer gran paso hacia la masividad. Fueron cuatro días en donde la llamada “tierra de músicos” se tomó las calles de la ciudad en distintas locaciones, con panoramas que destacaron por los discursos de los músicos, la variada cantidad de estilos que se encontraban sobre los escenarios en cada jornada, y los shows dispuestos por los protagonistas de este Rockodromo 2018.

Concierto de inauguración

En la Plaza Mena ubicada en el Cerro Florida, se efectuó la primera actividad, en donde el Premio Nacional de Literatura, Raúl Zurita, recitó su potente y crítica poesía acompañado de la banda González & Los Asistentes, quienes fueron la base pesada e intensa de rock alternativo sobre la cual descansaban y se fundían las palabras del poeta. La mezcla de rock y poesía entregó una fórmula llamativa, creando tiempos y pausas en donde los versos eran innatos al ritmo de las composiciones instrumentales de la agrupación de Gonzalo Henríquez.

La Noche de los Balcones

Esta instancia específica del festival cumplió diez años, y había que celebrarla en grande. Mientras en los parlantes se reprodujo ‘El hombre imaginario’ de Nicanor Parra, siendo aplaudida con efervescencia por el público frente al relato y vida del -hace poco- fallecido antipoeta, que fue foco de muchos homenajes durante la jornada. Raúl Zurita aparecía nuevamente, en el balcón superior, para recitar su poesía musicalizada en la Plaza Aníbal Pinto, e introducir a los que serían los encargados de inaugurar las noches del Rockódromo. Los balcones principales, igual que en años anteriores, albergaron sendas presentaciones a cargo de Nano Stern, Ana Tijoux y Chinoy, quienes entregaron interpretaciones de sus canciones en la dinámica emotiva que brinda este espacio, ligadas a la simplicidad y potencia de sus versiones acústicas. Este momento no solo sirvió como una postal bonita y de comunidad, sino que estos compositores la usaron como tribuna para otorgar su visión sociopolítica frente a diferentes injusticias que, según su perspectiva, están ocurriendo en nuestro país. Un público de casi ocho mil personas aplaudió a cada uno de sus mensajes. Pero ahí no terminó todo. Ele Bar, alineados con las Escuelas de Rock y La Industria Musical de Valparaíso (IMUVA), recibió a las bandas que tocarían en el Parque Alejo Barrios, dándoles la oportunidad de mostrar sus canciones y música con anticipación a sus presentaciones en los escenarios Pacífico y Andes.

Escenarios Parque Alejo Barrios

Los escenarios principales de este festín de música nacional se trasladaron hasta Playa Ancha, en donde se albergaron las jornadas principales de Rockódromo, con una convocatoria de casi 35.000 asistentes disfrutando de los artistas nacionales e internacionales. El 3 de febrero, Camila Moreno fue una de las principales atracciones, que con su show experimental de luces y sus recursos musicales, conectó con la primitiva interpretación de la cantautora, entre percusiones y efectos de sonido que desconcertaban a los fanáticos. Gondwana puso el transporte de nostalgia amorosa con su popular reggae, juntando generaciones diferentes que disfrutaron de sus relajadas canciones. Desde Coyhaique, Lobos Marinos demostró tener un abanico de estilos muy efectivo y gran potencial en vivo, con una presentación estratégica, aprovechando el impacto que causó Moreno anteriormente, para tener público a su merced, y no defraudar. Pero uno de los espacios en el cual hubo entrega y felicidad fue en el turno de Acoustic on Fridays, los ganadores del concurso “Desbándate” de La Cuarta, quienes hicieron valido su premio y con su blues juvenil, sorprendieron al primer público que llegó. También se presentó Kawéskar, ganadores de Talento Crudo que con su fuerza pachamámica, mostraron su propuesta de rock más técnico y guerrero.

Al día siguiente, se priorizó la trayectoria y convocatoria de Chancho En Piedra y la fiesta interminable de La Floripondio, quienes fueron lso responsables de que se armaran los primeros mosh pits de la noche, con un público que fue fiel hasta el último respiro y que no tuvo cansancio ninguno dentro de esta agitada celebración. El rock y el punk llamando a las masas para el desquite social, y la unión con los clásicos de ambas agrupaciones. Sátira, descontrol y mucha rebeldía fueron los elementos que primaron. Pero si hablamos de desorden e irreverencia, es imposible no tener en mente al primer punk chileno, Álvaro Peña. El mítico vocalista por fin recibió el reconocimiento del Puerto, entre chistes e sus irónicas letras con las cuales contagió a los presentes, haciéndolos participes de su presentación. Vistosas también fueron las performances de Eingell Baltra (Arica) y Siguinius Terra (Chillán), de correcta calidad sonora y profesional que lograron cautivar a parte del público. En un lado primaba la fusión de cueca, folclor y rock progresivo, mientras en el otro costado se alistaban con un power metal que retumbaba en Playa Ancha. Otro imperdible fueron Los Blue Splendor. De imparable e inoxidable carrera, hicieron bailar a todo el público con su incuestionable carisma y presencia escénica, entre risas y chistes, conectaron con gente de distintos gustos, en donde más de algún metalero se rindió ante las contagiosas canciones del grupo porteño. Ases Falsos, como uno de los platos fuertes, trajo consigo un discurso y presencia fuerte, dándole un minuto de protesta a manifestantes de Villa Alemana en contra de las termoeléctricas, mientras tocaban ‘Pacifico’, en donde entre el apoyo del público y la música, empezó una fiesta en la reja apenas el tema se intensificó en su climax.

Por su parte, auqnue en diferentes escenarios (Migrantes/Pacífico), Evelyn Cornejo y Mauricio Redolés estuvieron mostrando su música. La compositora rindió tributo a Violeta Parra en una tocata llena de celebración y sensibilidad, mientras que Redolés destacó por sus inusuales prendas urbanas, y una mezcla de su poesía con diferentes músicos en escenario. El nivel del festival de este año estuvo notable, con gran asistencia y una energía recíproca entre los participantes y la gente que fue a ser testigo de cuatro días de cultura.

La cercanía y proximidad del Rockódromo es la que completa la intención de esta organización que, entre contactos y eventos, logró exhibir lo nuevo de la música chilena, y rematar con la trayectoria de grupos y músicos transcendentales en el país. Una tarea anual, que con cada edición siempre trae una nueva sensación, y que nos aclara cuanto material hay en las tierras lejanas y cercanas de Chile. Y que no solamente se queda acá, sino que también para los países hermanos que siempre acompañan a apoyar esta causa.

Pablo Rebolledo
Fotos: Jorge López y Carlos Ormazábal (Escuelas de Rock y Música Popular)

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