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Rock Río Simpson: Rocanrol al sur del mundo

Rock Río Simpson: Rocanrol al sur del mundo

Una experiencia más allá de la música
Rock Río Simpson: Rocanrol al sur del mundo

Sábado 20 – Domingo 21 de enero, 2018
El Conejo, Coyhaique

El colectivismo en los ámbitos artísticos es, sin duda, una de las mejores herramientas para enfrentar el estado actual de la industria. Un buen ejemplo es el encomiable trabajo que ha hecho la Agrupación de Músicos Independientes de la Patagonia (AMIP), que ya llevan seis años consecutivos en la producción y realización de uno de los festivales de rock más bonitos del país y de la cartelera estival, y el más austral de Latinoamérica: Rock Río Simpson.

Las postales inolvidables que entrega Coyhaique han sido el escenario natural para la realización de este festival con un escenario que se levanta a tan sólo metros del cauce del Río Simpson, y teniendo de fondo al Cerro Mackay, casi como un gran tótem del rocanrol que entrega el reflejo del sol incluso pasadas las 21:00 hrs. La posada El Conejo ha sido el refugio de la AMIP en todos estos años, lugar que entrega las comodidades necesarias para estas dos noches de música en vivo, con una oferta gastronómica local de lujo.

Con una serie de actividades que contemplaban charlas y conversatorios en los días previos, Rock Río Simpson 2018 se desarrolló con un alto profesionalismo en su producción y con una apuesta arriesgada pero muy loable: el fuerte de su grilla eran bandas del sur de nuestro país. Breaddasknk –que inicio los fuegos-, Déjate Skapar y Par de Chocos asumían localía y expandían los sonidos cálidos del ska, reggae, funk, soul y rap en la tarde del sábado, en perfecta armonía con el despejado día que había. Solteronas en Escabeche (de Santiago), a pesar de la ausencia de su baterista, no quiso restarse del festival y se subieron al escenario brindando un show más lúdico, de canciones contestatarias a puro bajo y guitarra criolla. Mahindra Project, Dulcidio y los valdivianos Fuma & Baila fueron las bandas que brindaron aires más experimentales al canon rock, cercanos al jazz progresivo, el pop y la electrónica, respectivamente. Sorprendente en la jornada fue lo de As de Oro, un power dúo de blues/garage rock desde la lejana Punta Arenas al que hay que seguirle la pista. Lo mismo ocurre con los también coyhaiquinos Oblicua Tara, que casi al cerrar la primera noche fueron los que armaron el primer pogo del festival, ante la exaltación de un público que se sabía las canciones, saltaba y se abalanzaba entre sí.

Las ganas seguían intactas para el segundo día. Esta era la primera versión que contaba con una doble jornada, así que las expectativas eran altas. El tiempo acompañó, y las bandas que le darían vida a la soleada cita dominical estuvieron también a la altura. La banda de la casa, Lobos Marinos, dio la partida, esta vez amparados en los sonidos de un rock noventero crudo, de un grunge patagón, casi en la misma línea de Rock al Sur, otra potente banda cargada al hard rock y que fue la encargada de cerrar esta sexta versión del Rock Río Simpson. Entre estos polos, también pasó el pop rock de los capitalinos Club Rocker, el rock clásico de Privaos Ché. Desde Iquique, el trío La Banda del Comodoro llamó la atención con su propuesta entre el free jazz, el rock sesentero y la música étnica; desde Chillán, Jano Letelier le puso blues al festival, mientras el invitado especial Alonso Núñez bajaba los decíbeles para un especio de trova y canto comprometido. Con una propuesta de neoprog pero con tintes muy sureños, Jaruki también fue otra banda que sorprendió. Y desde Valparaíso –ad portas de lanzar su tercer disco-, Tephiret se llevó todas las miradas y los aplausos. Su estilo, su sonido y su performance, más la voz poderosa de Cata Blanco, pusieron de manifiesto por el buen momento que está pasando la banda, a punta de harto trabajo desde la independencia. Gran show, poniéndole el peso a este hermoso festival.

A unos 1600 kilómetros de la capital nacional, lo que ha venido demostrando la AMIP con la producción de Rock Río Simpson –gracias al financiamiento de SERNATUR y otros departamentos estatales-, es la consolidación de una forma de trabajo que es posible. Santiago no es Chile, lo sabemos, pero muchas veces se nos olvida. La alternativa de este tipo de instancias, sin duda hay que cuidarlas, quererlas y difundirlas. No es fácil sacar un festival de dos días con más de una decena de artistas y actividades aledañas, pero la gente de la AMIP lo hizo posible a punta de un trabajo hecho a pulso y con cariño. Sobre todo, teniendo en cuenta las posibilidades que entrega el destino Aysén Patagonia, más allá de ir a disfrutar de buena música, RRS es una experiencia para conectarse con nuestro sur austral, sentír sus olores, atesorar los sabores de su comida en uno de los últimos rincones del planeta, donde, por supuesto, el talento joven gustoso del rock da la pelea con sus proyectos. Larga vida a Rock Río Simpson.

César Tudela
Fotos: Óscar Aspillaga / Franco Martiniello

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