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Max & Iggor Cavalera: El azote de la nostalgia

Max & Iggor Cavalera: El azote de la nostalgia

Una correcta revisión a su obra más celebrada
Max & Iggor Cavalera: El azote de la nostalgia

Domingo 18 de diciembre de 2016
Teatro Caupolicán

Qué categórica es la historia. Clara, lapidaria. El 11 de noviembre de 1996, Sepultura exponía su más osada aventura ante un fervoroso Teatro Monumental colmado hasta el techo. “Roots” dividió a sus fans de años en frentes irreconciliables, pero catapultó a la banda a un estrellato impensado e incómodo para sus gestores. Dave Grohl, Ozzy Osbourne, Björk, todos sucumbieron ante la jugada de los brasileños; el resto es harina de otro costal.

Dos décadas y un par de semanas después de ese hito, el mismo recinto alberga este reencuentro ante un público ansioso por reeditar esa época de gloria. Eran las 8 de la noche y los energéticos Incite dejaban el alma en el escenario. La gente recibía con entusiasmo la brutal descarga de thrash, groove y quiebres, tan instaurados en el metal actual, ofrecida por Richie Cavalera y sus camaradas. Es difícil dejar la asociación con el clan familiar, pero la banda elude con destreza su árbol genealógico gracias a su set y entregada performance. Se notan los kilómetros recorridos y no sería sorpresa verlos más arriba en su siguiente álbum.

No deja de ser llamativa la asistencia a este “Return to Roots”. La más numerosa desde, justamente, la mencionada cita del 96. Max e Iggor han visitado Santiago con Cavalera Conspiracy en festivales (Maquinaria) y un correcto show en Blondie el 2014. La señal es clara: este ejercicio retrospectivo de los hermanos Cavalera ES la instancia más cercana a una reunión del mejor Sepultura. 3500 personas. Como en aquellas veneradas postales noventeras.

Arranca la intro tribal y el Caupolicán se estremece. ‘Roots Bloody Roots’ barre con todo y la audiencia por completo se entrega; Iggor azotaba la batería y sonreía a su técnico. Esta vibra, distaba mucho de la fría respuesta al tour en Norteamérica; Max pide el berimbau, ese instrumento de cuerda percutida acercado al metal en “Roots” y clama, con evidente desgaste, “Can You Take It, Can You Take It!”. Era el turno de ‘Attitude’. La acción en la cancha iba en constante incremento.

No era difícil predecir el júbilo de la gente, pero hay señales difíciles de obviar. Dejando de lado el impacto del repertorio e incluso luciendo mejor forma que en visitas anteriores, el registro de Max está muy deteriorado. El entusiasmo en ’Rattamahatta’ con el plus de las percusiones y pegada de un Iggor riguroso e intratable, funciona pero dista mucho de sus aciertos de antaño; el menor de los Cavalera es la columna de este período y cómo se nota su empuje en canciones como ‘Cut Throat’ y ‘Breed Appart’. Lo de ‘Itsari’ también fue impresionante, otra seña de identidad para asimilar el background del percusionista y la escuela construida a partir de comienzos de los noventas al incluir elementos tribales desde el letal “Arise” (1991). Por otra parte, ‘Lookaway’ simplemente no funcionó.

Tony Campos (bajista) y el requerido Marc Rizzo forman una dupla funcional a más no poder, en especial el socio de Max en Soulfly y Cavalera Conspiracy con sus solos rápidos y certeros; ‘Spit’ ‘Dusted’ y ‘Ambush’ golpean como una aplanadora, tanto como la dosis hardcore de ‘Dictatorshit’, pero quedaban más momentos memorables.

Tras presentar el esperable y sólido cover de Celtic Frost, 'Procreation (Of the Wicked)', la banda dispara una saga de balas clásicas directas al corazón del fan más purista. Max e Iggor toman la batuta para recordar a Black Sabbath  (‘War Pigs'), Slayer (extractos de 'Black Magic' y 'Raining Blood') y segundos para un guiño a Discharge ('Protest and Survive'), pero todo estalla gracias a un medley sin anestesia con “Desperate Cry/Inner Self/Slave New World/Policia/Anti Cop”. Todos hiperventilados para recibir el frecuente homenaje a Lemmy y ‘Ace of Spades’, más la intervención speed para ‘Roots Bloody Roots’ que motiva otro pit incendiario de un público absolutamente complacido. “Return to Roots” funciona en su apego nostálgico y acercar aún más la historia de Sepultura con el público chileno, sobretodo, con los más jóvenes que no tuvieron chance de ver en directo la mejor cara de los íconos del metal sudamericano. Todo lo demás es carroña para los buitres.

Francisco Reinoso
Fotos: Peter Haupt Hillock

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