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Los Espíritus: Perdidos en el fuego

Los Espíritus: Perdidos en el fuego

Soberbia instrumental, consecuencia discursiva
Los Espíritus: Perdidos en el fuego

Sábado 14 de abril, 2018
Teatro Cariola

El salto a la masividad de Los Espíritus no es sólo medible, sino también evidente. Desde su tímida aparición en 2010, en estos ocho años han podido llevar sus canciones desde pequeños locales a microestadios, y a lugares afuera de las fronteras argentinas. En nuestro país, ya suman tres actuaciones, la última en un retrasado show en el Teatro Cariola, que había empezado con el colectivo femenino Ikanusi –cuyo nombre significa diablo para ciertas culturas amerindias– como telonero.

El trío partió su presentación pasada la medianoche. Su propuesta que apela a un folklore remozado, también se deja embellecer por ritmos caribeños y hasta milongueros (ayuda el uso del acordeón para esta interpretación), que en media hora logró captar la atención y aprobación del público. Su sonido en acústico construido a base de cuerdas criollas (cuatro, charango, guitarra) y el pulso del bombo legüero, aunque a veces es demasiado plano, tiene un ímpetu esperanzador. Una fuerza interna que espera salir con todo. Se notan las ganas de seguir actualizando –a su manera– los sonidos de raíz latinoamericana, como lo hicieron con su versión de ‘Pupila de águila’ de Violeta Parra al inicio. Interesante lo de las chicas (que se ponen en la misma ruta que DeRuts), para ir siguiéndoles la pista.

***

Hay algo en Los Espíritus que los hace únicos. Más allá de su sonido revisionista al blues psicodélico, la banda bonaerense se desmarca de un montón de propuestas similares al incorporar de forma natural y magistral su perspectiva latina. Este componente los hace tener link musical directo a Santana, pero más aún a sus propios antepasados musicales, como Arcoiris y Manal (evidente en ‘Mares’, ‘Luna llena’ o ‘Huracanes’), pero también genera una conexión al espíritu más callejero del rock argentino. Uno que se conecta no a través de letras volátiles y metafóricas, sino que con frases  como las que cantan en la canción con la que partieron, ‘La mirada’: “el pasaje salió el doble y ninguno dijo nada”, en clara alusión al alza en el transporte subterráneo durante la administración macrista; o cuando en otra mención a la coyuntura, cantan “las armas las carga el diablo y las descarga un gendarme“, referenciando el asesinato del joven mapuche Rafael Nahuel, y desatando la reacción del público con pifias en función del reclamo a la causa aludida. Pero también, y por si quedan dudas, esa actitud cuasi-piquetera-hippie quedó de manifiesto cuando, al final de su show, pararon en dos oportunidades la interpretación de ‘La rueda’, encarando ahora a la gente de seguridad por enfrentarse con algunos fanáticos en la barricada. “Dejen de romper las pelotas”, decía Max Prietto a los guardias. “Este show no es para ustedes, es para ellos”, continuó, para luego tocar una canción no contemplada en el setlist –‘El viento’–, dándole aire a la situación, y rematar con un discurso a tono con los tiempos: “La violencia fuera de acá".

El resto del show fue un buen viaje. De menos a más. Si bien las primeras canciones parecían ir pasando en piloto automático, donde la performance de la banda no ayuda mucho a despegar de su cadencia y melodías (cuyo corazón son las percusiones afrolatinas y el wah-wah de la primera guitarra), se lograron conectar con el público. Ahí pasó la pegada entre el hit ‘Jugo’ y la oscura ‘Perdida en el fuego’ -ambas del exitoso “Agua Ardiente”- que, aparte de las influencias ya mencionadas, dejan esa sensación que su música también tiene cosas de Los Tres, post “Fome” (la misma banda ha mencionado que escuchan a los nacionales). Otros colores de la paleta sonora de Los Espíritus son sus citas al tex-mex (‘La crecida’) y a un rock ‘n roll primal (‘El viento’). Y por supuesto, las viejas jams setenteras, que brindaron momentos altos en ‘Jesús rima con cruz’ y ‘El gato’, con sendas improvisaciones cerrando los temas y que rompen la rígida estructura que sostienen en su ejecución, dando cuerpo a desarrollos instrumentales que crean un ambiente más carnavalesco y lisérgico.

Los Espíritus mostraron, otra vez, que pueden proponer una travesía encantadora a través de sus inspiradas canciones, donde los alcoholizados riffs de guitarra eléctrica desencadenan burbujeantes actos de magia negra, mientras las armonías vocales capturan y cumplen la función de ser portales del tiempo. Por supuesto, las percusiones dan la identidad inequívoca, y sus letras nos ponen en la actualidad. No solo en el marco sociopolítico, sino que reflejando su propia historia, como cantan en ‘Huracanes’: “Como mares que quiebran las rocas, o huracanes que llevan las olas. Así de fuerte somos”.

César Tudela
Fotos: Peter Haupt Hillock

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