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Lollapalooza Chile 2018: Los traspiés fueron superados

Lollapalooza Chile 2018: Los traspiés fueron superados

Royal Blood y Spoon se vieron afectados por fallas técnicas
Lollapalooza Chile 2018: Los traspiés fueron superados

No se esperaba para nada. La organización de Lollapalooza -que ha trabajado impecablemente en cada una de las ediciones del festival, incluyendo ésta- se vio, por un momento, agobiada. Varias bandas que viajaron desde Argentina tras tocar en el Lollapalooza trasandino, se vieron afectadas por la demora de la llegada de sus cargamentos a Chile, y obligaron a los grupos locales a simplificar su propuesta (de ahí el reclamo de Mon Laferte, que no pudo utilizar su show visual para que el equipo de Red Hot Chili Peppers montara a tiempo en el mismo escenario). Incluso la banda alternativa Oh Wonder tocó solo 15 minutos por no contar con todos sus instrumentos. Hubo soluciones, en todo caso: Royal Blood se presentó dos horas más tarde de lo agendado, en otro costado del parque O'Higgins, y Spoon, que solo estuvo presente en área de prensa para conceder entrevistas, tocará hoy a las 20:45 en el escenario Acer. Pudo haber sido un problema mayor, pero la producción, mostrando su experticia y su profesionalismo, salió adelante.

El sábado tuvo un marcado contraste con el viernes en cuanto al marco de público. Si bien el primer día de Lollapalooza contó con un marco de audiencia desde la primera banda de la jornada, varios cientos en cada escenario, ayer la gente llegó en forma masiva desde primera hora. Así lo vimos con Santaferia y por supuesto, con Alain Johannes Trio, que atrajo a unos cuantos miles al escenario VTR a la una de la tarde. Ya para las cuatro de la tarde, el parque estaba repleto, con una concurrencia que llegó a las 80 mil personas.

Alain Johannes Trio: Poder y espiritualidad
La unión de Alain Johannes con los hermanos Cote y Felo Foncea causa un efecto atípico: pueden pasar desde una melodía dura, poderosa, a la emotividad. Como en cada uno de sus shows, el trío funciona en complicidad, sonríen, y entienden la carga que trae tocar canciones de Eleven, el grupo que Johannes formó junto a su esposa Natasha Schneider. Felo interpreta su música de la forma en que ella lo hacía, y traslada a Alain a esa parte de su historia que mira con melancolía pero también con orgullo. Esa es la sensación que traspasan cuando  tocan 'Reach Out' y especialmente la explosiva 'Why?', que el público celebra. También pueden ser más espirituales e íntimos, y les resulta igual de fácil, como 'Gentle Ghosts' y 'Making a Cross', ambas del repertorio solista de Johannes. El entorno pudo no haber sido el más favorable, su música requiere un aspecto de cercanía, pero de igual forma sus fans atraviesan lo mismo que el trío, y comprende que en cada tema no solo hay destreza sino también un acto de elevación.

Rubio: Bailando en la oscuridad
Antecedido por la publicación de cinco EPs (uno por cada letra de su nombre), más o menos podíamos intuir cómo sería el show de Rubio, a quien le tocó abrir el escenario dispuesto en el Movistar Arena, hábitat natural de DJs y actos de la EDM más dura (para nosotros, algo así como “el otro Lollapalooza”). Sin embargo, el proyecto de Fran Straube –de Miss Garrison– propone una electrónica elegante y trabajada milimétricamente, creando atmósferas digitales y volátiles que se complementan con la fina manufacturación de arreglos más orgánicos. Un botón de muestra: ‘Hacia el fondo’, que sonó gigante. Iniciado como un proyecto solista, hoy Rubio es un cuarteto en donde las percusiones son el espíritu de su música: la batería lleva el pulso principal, y sobre ella se van superponiendo samplers, loops, cajas rítmicas y sub-graves programados. Por otro lado, Fran actúa como una frontwoman totalmente compenetrada en su labor de ir generando la onda expansiva de sus melodías. Baila, se contornea y su cuerpo parece quebrarse con cada beat que hace desde sus sintetizadores. También canta, grita, pero todo lo que sale de su garganta está filtrado por efectos, como el autotune, en canciones que incluso coquetean con el trap por sus fraseos binarios. Pero también tiene otras composiciones que, por su estética oscura, generan link inmediato a la obra más electrónica de Cerati, a la lisergia technicolor de Follakzöid, y hasta al pulso bailable de The Chemical Brothers. Un montaje en donde se notan las inquietudes que tiene Straube por hacer música tan genuina como moderna, hecha con botoneras y máquinas pero sin ser desechable, acorde con el espíritu de nuestros tiempos.

Fernando Milagros: Los sonidos de la tribu
No hay dudas que el 2017 fue un gran año para Fernando Milagros. Tras la edición de su último disco –su mejor trabajo hasta la fecha– solo ha sabido cosechar éxito. Y se lo merece. Los años de oficio le han permitido dar con la fibra de su música, en una exploración minuciosa que ha dado frutos insospechados. Su nueva propuesta musical está empapada por los sonidos latinoamericanos, “de la tribu” como le gusta decir, y es que como un buen arqueólogo, ha descubierto y ha sabido leer la genética de nuestra música de raíz. Para los que pudieron presenciar su show en el Acer Stage, se habrán dado cuenta que todas sus canciones tienen nuevos arreglos, profundizando siempre en darle un toque más autóctono, sin perder un ápice de identidad o modernidad. ‘Querido Enemigo’, por ejemplo, incluyó un acordeonista que le dio un exquisito color de vallenato colombiano. El folclore bastardo en todo su esplendor. Bajo un sol abrasador que no espantó a los fanáticos y que llamó la atención del público que a esa hora pasaba por el lugar, el show incluyó principalmente sus canciones más nuevas, ya cerrando el ciclo de "Milagros". Con varios otros compositores locales incursionando en la modernización del folclore sudaca, lo de Fernando Milagros es de una autenticidad sorprendente, que sólo habla de autocrítica, crecimiento, talento y mucho trabajo.

Chancho en Piedra: ADN fiestero
Estamos al tanto de la convocatoria de Chancho en Piedra. Si su regreso a Lollapalooza Chile era para festejar un hito de su catálogo, el público seguramente iba a llegar. Así fue. Poco más de las 15 horas, un calor acechante y miles de fieles marranos estaban ante el VTR Stage para ver a sus favoritos interpretar “La dieta del lagarto”. En conversación con Toño Corvalán momentos después, rescató lo especial que era regresar al festival, conmemorando un trabajo que se lanzó hace veinte años, “cuando estaba todo este boom por la música chilena”, y que continúa obteniendo nuevos conversos. Piezas como ‘Hacia el ovusol’, ‘Huevos revueltos’, ‘Empresaurio’ y ‘Da la claridad a nuestro sol’ conservaron su adn inicial, pero están enriquecidas con bronces y otros elementos surgidos de la improvisación. “La dieta del lagarto” nació clásico y sigue envejeciendo con gracia. Todo un acierto celebrarlo en Lollapalooza Chile. Ojo: El baterista también aseguró que Chancho en Piedra celebrará los 20 años de “Ríndanse terrícolas”. Quién sabe si hay un regreso el 2019.

Las Pelotas: El milagro llegó
Una de las bandas que se benefició de los cambios de horario anunciados en la jornada sabatina fue Las Pelotas. Los argentinos tienen kilómetros recorridos y provienen de la vertiente bendita de Sumo -fue una de las dos bandas que se formó tras la muerte de Luca Prodan. La otra es Divididos-, por lo que había una considerable masa de fanáticos esperando a los liderados por Daffunchio. Con casi treinta años de historia, su show se centró en los momentos más destacados de su historia. ‘Si supieras’, ‘Personalmente’ y ‘Será’ fueron coreados por los asistentes, muchos de ellos argentinos. Lejos de la convocatoria masiva y la pasión que despiertan en su país natal, Las Pelotas entregan un rock con movimientos clásicos, con dosis fuertes de melancolía y ese tufillo a estadio innegable. ‘Capitán América’ fue dedicada, por supuesto, a Donald Trump. Para finalizar, el gran regalo: ‘El ojo blindado’, esa furia punk de Sumo que cobró vida en Lollapalooza Chile.

Mon Laferte: Insuperable
Todo el mundo sabía que el de Mon Laferte era uno de los shows más esperados del festival, probablemente top 5 en convocatoria de todo el fin de semana, que sus canciones serían coreadas por toda una masa fanática, expectante por ver a una de las artistas que más ha dado que hablar en el último par de años. Todos lo sabíamos. Pero aún así impactó estar presente durante su actuación, la más concurrida del día -sólo superada por Red Hot Chili Peppers-. Es una maestra de ceremonias implacable, sabe cuánto darle al público, pasando el testimonio del protagonismo -’Tu falta de querer’ fue largamente interpretada por la fanaticada-, improvisando sobre el escenario un pie de cueca o simplemente entregando lo más popular de su repetorio: ‘Si tú me quisieras’, ‘Amárrame’, ‘Amor completo’. Su impedimento de no poder utilizar sus propias visuales -culpando a la organización- no mermó en nada su show en Lollapalooza Chile. Impecable. Conversando con Rockaxis, dijo que está trabajando en varios proyectos con Omar Rodríguez-López y otros músicos. Estaremos atentos.

Anderson .Paak & The Free Nationals: Groove natural
El que más ganó con los cambios de horarios fue el rapero nacido en Oxnard (California). Pasando a uno de los escenarios principales contó con un protagonismo impensado, ganando adeptos que gozaron con su repertorio en que la cadencia y la fiesta están al servicio de la música. Acompañado de The Free Nationals -”mis únicos amigos en la tierra”, según comentó-, Anderson .Paak demostró tener la receta perfecta para hacer música negra de calidad. ‘Come Down’, ‘Heard Don’t Stand a Chance’, ‘The Bird’ y ‘Am I Wrong’ encarnan la cruza ideal de hip hop, soul, flow, R&B, jazz y funk en envoltorio pop, pases para la cadencia y la revelación: se nota que lo pasa bien en la tarima. Además, toca la batería de manera fenomenal. Groove natural.

Royal Blood: Maquinaria pesada
Los ánimos estaban caldeados. Tras diversos problemas en el arribo de algunos equipos –que más temprano habían dejado sin tocar a Spoon– el show de Royal Blood sufrió cambio de horario y escenario, algo que no le gustó a algunos fanáticos del dúo que los estaban esperando en el Itaú Stage. La descarga voltaica ahora sería donde estaban ya apostados los seguidores de la artista pop Camila Cabello (Acer Stage), y un poco más tarde de lo presupuestado.

Pese a todo, apenas los británicos pisaron el escenario la temperatura subió y el público (que llegó en masa) comenzó a levantar el polvo del Parque O’Higgins. ‘Where are you now?’ daba la partida y ya el single ‘Lights out’ era un anticipo de lo que sería esta acotada pero intensa presentación. Royal Blood tenía 15 minutos menos debido a todos los inconvenientes técnicos, además de la responsabilidad de representar a un estilo cada vez más relegado del festival. Pero Ben Thatcher y Mike Kerr tenían súper clara su misión. Desde ‘I only lie when I love you’, las distorsiones nos pasaron por encima, como una aplanadora cuyo único objetivo es pulverizar. No una, sino que varias veces. Eso que en el papel sale sobre su apuesta de que “menos es más” lo llevan al límite. Sí, son un refrito de muchos sonidos que han abundado en el rock, desde The White Stripes a Muse. Sí, la fórmula se vuelve a ratos predecible y repetitiva. Pero, su performance es tan catártica que las comparaciones y valorizaciones poco importan. Royal Blood es el puto presente del rock de trazos gruesos.

Una batería maciza, versátil y poderosa –que fue de menos a más–, y un bajo procesado por cuánta pedalera para otorgarle efectos por doquier (haciendo olvidar que acá no hay guitarras), son los recursos de su carga explosiva. Sobre el final, la pegada entre ‘Figure it out’ y ‘Out of the black’ llevaron las cosas a un punto de brutalidad sin retorno. El poder purgante vivido en estas últimas canciones en una banda en pleno proceso de crecimiento pocas veces se ha visto en Lollapalooza (quizás, con las Savages en 2014). Rock en estado puro. Rock sin adornos ni parafernalia. Rock que se niega a morir y que tiene a Royal Blood como fieles escuderos, dispuestos a arremeter, levantar y llevarse todo a su pasó. Dantesca presentación, que dejó una cosa más que clara: el grupo tiene que volver en solitario para un show de larga duración porque, sin lugar a dudas, son el futuro de la música fuerte y pesada que tanto nos gusta.

El segundo día de Lollapalooza, pese a los inconvenientes, salió airoso gracias a los músicos que entregaron grandiosos shows. La reafirmación de la consolidación definitiva de Mon Laferte y el poder de los nuevos escuderos del hard rock Royal Blood, fue lejos lo mejor y más sorprendente de la jornada, una que también evidenció el auge del rap estadounidense, con las performances de Anderson Paak y Chance, The Rapper. Claro, son todos los matices que entrega el festival con mayor convocatoria en el país, que apela al público querendón del viejo rock, como también a los millennials y centennials que repletan el Movistar Arena y disfrutan actos pop como Camila Cabello e Imagine Dragons. Vamos por la última jornada de música.

María de los Ángeles Cerda
Jean Parraguez
César Tudela
Fotos: Peter Haupt - Juan Pablo Maralla

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