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Lollapalooza Chile 2015: Domingo

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Lollapalooza Chile 2015: Domingo

Domingo 15 de marzo de 2015
Parque O'Higgins

Con una jornada inaugural marcada por el debut en solitario de Jack White y la prueba de vigencia de The Smashing Pumpkins, el día domingo se matriculó como el día más concurrido de Lollapalooza Chile 2015. La oferta era variable, desde históricos y pioneros, como son Robert Plant y The Specials, hasta los esperados retornos protagonizados por Kings of Leon e Interpol, cerrando algunos de los escenarios principales. Kasabian demostró por qué era uno de los números que debían estar en el encuentro y Pedropiedra sacó pasaporte a la masividad, siendo una muestra más del alza que obtiene la música nacional en estas lides.

Quique Neira
Casi corriendo llegó Quique Neira a Lollapalooza. La noche del sábado, su música estaba sonando en Colombia, en el tercer día del Festival Estéreo Picnic (lee nuestra cobertura del evento aquí). Sin tiempo para el descanso, el ex Gondwana se encargó de inaugurar la jornada del domingo ante sus fieles parroquianos. Sabiendo que su tiempo era escueto, dejó que la música fuera la protagonista: ‘Reggae is Coming’, ‘Chileno del roots’, ‘Verde, amarillo y rojo’, ‘Alma’, ‘Felicidad’ y ‘Yo planto’ jugaron como ingredientes en la receta del cantante, mezclando la cadencia del reggae con mensajes de paz, hermandad, amor, revolución y, por supuesto, legalización de la marihuana. El libreto, por muy fácil de anticipar que se vea, no pierde trozo de efectividad.

Fármacos
De menos a más, Fármacos pasó de un inicio tibio a un final que, considerando lo poco que puede hacer en media hora un grupo de pop sintetizado con vocación expansiva, solo puede evaluarse como positivo. La banda que lidera Diego Ridolfi, protagonista del concierto -y receptor de las luces sobre el escenario-, aprovechó bien su tiempo, pese a una partida algo floja con 'Despegarte de mí', una canción tan aletargada que no sirvió para atacar la modorra que predominaba el domingo al mediodía. Algo que sí consiguió 'Lo que hacemos sin mirar', punto exacto en que la presentación tomó vuelo; a la altura de 'Nuestra piel' y de la balada casi soulera 'Lento', la agrupación estaba tan cómoda en su rol, que terminó el show con Diego Ridolfi encaramado en la batería que toca Fran Straube (también líder de Miss Garrison). Al momento del cierre definitivo, el público quedó pidiendo otra.

Astro
Aun bajo un sol inclemente que no ofrecía escapatoria, Astro convocó una cantidad de público tan considerable, que desde el minuto uno afloró la duda: ¿qué pasaría si les hubiesen permitido un mejor horario, más entrada la tarde? No se trataba de una audiencia pasiva ni casual, sino militante: cada una de las canciones del grupo fue coreada, en una exhibición del arrastre de su música. De todas las bandas chilenas (de la actual generación) presentes en Lollapalooza, ninguna tiene tanta experiencia en festivales, y se notó sobre el escenario VTR del evento. El pop naturalista y caleidoscópico de Andrés Nusser y sus compañeros es una expresión irresistible de colorismo; LSD de alto poder hecho música. Su repertorio ya es conocido y engancha: bastaban los primeros acordes de 'Panda' o 'Colombo' para desatar efervescencia. Y también pudimos escuchar parte del nuevo material de la banda: una canción de imaginario new age sobre luminosidad y delfines que suena como si Grimes produjera a Florcita Motuda.

Mass Mental
Si no fuese porque, sea donde sea, Robert Trujillo es un espectáculo en sí mismo (desde la postura que asume para tocar bajo hasta la forma en que se desplaza por la tarima), Mass Mental pasaría a los libros como una propuesta para el olvido. Pese a ser un grupo contundente, con un sonido muscular y macizo, lo suyo es tan convencional, genérico y apegado al cánon que no destaca en una jornada llena de apuestas mucho más atractivas (The Last Internationale, sin ir más lejos, causó una mejor impresión en el mismo Acer Stage). Con todo, en el ítem de la interacción con el público, el oficio de sus integrantes permitió momentos de cercanía que dejarán buen sabor de boca entre quienes los vieron.

Lilits
A las 14:30 de la tarde, el Teatro La Cúpula congregaba un número interesante de seguidores y curiosos para ver en acción a Lilits, uno de los pocos créditos femeninos que tuvo el festival. A punta de rock & roll crudo y arreciante, el cuarteto integrado por Masiel Asecas, Cler Canifrú, Carola Baquetas Sangrantes y Berni Traub dio una clase de actitud sobre el escenario. Sobreponiéndose a las fallas en la ecualización del comienzo, atronaron sin piedad canciones directas a la yugular: sonaron apabullantes y filosas ‘Nunca ha sido demasiado, nunca ha sido suficiente’, ‘Hay algo’ y ‘Descontrol’. Peligro y encanto en partes iguales.

The Specials
El mejor show de la capa media de Lollapalooza ocurrió a las tres y cuarto de la tarde, cuando los británicos The Specials le pusieron ska de fina cepa a la jornada. Sin repetir ni equivocarse, con un concierto sabido al revés y al derecho, echaron a rodar clásico tras clásico. Nos recordaron su impacto en la música de estas latitudes desde la partida con '(Dawning of a) New Era', que, si suena familiar, es porque probablemente inspiró la guitarra de Claudio Narea en 'We Are Sudamerican Rockers' de Los Prisioneros, y no demoraron en desenfundar un tema emblemático de los imprescindibles Toots & The Maytals ('Monkey Man') para hacernos sentir cerca de Jamaica. Uno de los puntos fuertes de su planteamiento escénico es el choque de personalidades que se produce entre Terry Hall y Lynval Golding; el primero, hermético, siempre parece estar contando una historia turbia (en especial en 'Concrete Jungle'); el segundo, todo sonrisas, incluso tiene pasos de baile preparados (los practicó en 'Stereotype/Stereotypes, Pt. 2'). Por supuesto, sonó el hit 'Ghost Town'; también 'Gangsters', 'Doesn't Make It Alright', 'Nite Klub' y 'Blank Expression'. Antes de cerrar con 'Too Much Too Young', dedicaron su cover de 'A Message to You, Rudy' (original de otro jamaiquino, Dandy Livingstone) a las mujeres y niños presentes. Considerados y gregarios, hasta tuvieron la delicadeza de pedir disculpas por no haber venido antes. Vista la excelente recepción obtenida, Lollapalooza debería pensar en otras viejas bandas inglesas para próximas ediciones. Desde ya, sugerimos a Madness o Squeeze.

The Last Internationale
Aunque ningún reemplazante podría llenar el vacío que dejó la cancelación de NOFX, el trío The Last Internationale hizo un esfuerzo por justificar su presencia de última hora en el espacio que le correspondía a los clásicos punk rock. Fue un debut correcto para un grupo del que no se esperaba nada: una sesión de blues eléctrico y propulsivo con letras políticas. “Poder es poder, no importa quién esté en la cima / calla, nene, ahora estás en un campo de exterminio”, cantó con vigor la inusitadamente poderosa Delila Paz (en 'Killing Fields'), una de esas vocalistas blancas que suena como afroamericana. La banda en la que, desde la batería, Brad Wilk (quien grabó el disco debut, "We Will Reign", pero no estuvo en el show) continúa su involucramiento en la música con mensaje social recuerda a los subvalorados BellRays, aunque también hace pensar en una especie de Beth Ditto si The Gossip no estuviesen infectados por el virus del dance punk. 

Alt-J
Con dos discos a cuestas, Alt-J vino a Lollapalooza Chile a demostrar porqué es uno de los nombres que construyen actualmente el futuro de la música británica. Su actuación en el Coca-Cola Stage fue una demostración precisa de que la sofisticación y el gusto por los detalles y texturas pueden cautivar de igual manera a las masas. Los formados en Leeds dejaron que el público hiciera suya las delicadas ‘Matilda’, ‘Fitzpleasure’ y ‘Left Hand Free’, ofreciendo un rompecabezas sónico en que los juegos vocales tienen un papel importante dentro de su pop experimental, que funcionó de gran manera en el espacio abierto que es la elipse del Parque O’Higgins. El devenir se siente promisorio para la banda, que agradeció con genuina alegría la adhesión que causó su debut en nuestro país.

Kasabian
Antes de su salida al escenario, la realidad asomaba poderosa: Kasabian era uno de los números más esperados del evento. Una numerosa y eufórica corte de fanáticos recibió a los cuatro de Leicester, que buscaban borrar la cancelación de su debut del 2012 (“Finalmente, lo logramos y estamos aquí”, dijo el vocalista Tom Meighan) y lo consiguieron con un set contundente. A lo largo del concierto, se reveló el manejo de Pizzorno y sus socios en estas lides, curtidos en incursiones a Glastonbury, Rock am Ring, Reading, T in the Park y tantos otros. Saben manejar al público a su antojo, entregando momentos actuales (’Bumblebeee’, ‘Treat’) con los hits que hicieron de ellos uno de los productos más interesantes del Reino Unidos en la última década, como ‘Fire’, ‘L.S.F.’, ‘Empire’ y ‘Club Foot’, coronando el momento más eufórico de la tarde del domingo y robándose la fiesta.

Cypress Hill
Durante todo el fin de semana, el d-Box VTR Stage vivió un festival aparte. Concentrando público en las dos jornadas, el domingo recibió a los históricos Cypress Hill. Los de South Gate, California, tienen experiencia de sobra en estas lides, pues además de formar parte del primer Lollapalooza en Chile (2011), recorrieron Estados Unidos junto a Perry Farrell en los años 90. El arrastre aún se siente en esta parte del mundo: el Movistar Arena estaba repleto, con accesos colapsados. Ante semejante muestra de seguimiento, Sen Dog, B-Real y Eric Bobo no se guardaron clásico alguno: ‘Insane in the Brain’, ‘When the Shite Goes Down’, ‘How I Could Just Kill a Man’, ‘Tequila Sunrise’ y ‘(Rock) Superstar’ mantuvieron prendida a la numerosa audiencia. Clásicos absolutos del hip hop, con más de dos décadas de carrera, Cypress Hill demostraron que todavía tienen fuelle para arrasar en el lugar que se les necesite.

Por quinto año consecutivo, quedó claro por qué Lollapalooza es la vara con la que se miden los demás festivales realizados en Chile. Con un prestigio bien ganado, el evento es prácticamente una carta segura si lo que se busca es pasar un fin de semana inolvidable. Quedan cada vez menos detalles por afinar: el sector Rootz HiFi (donde se pinchó excelente dub y reggae) produjo una zona de polución acústica por su cercanía al Acer Stage y todavía es imposible ir a beber agua sin atrasarse en el itinerario personal, pero, fuera de detalles menores como esos, Lollapalooza ya funciona como reloj suizo. Y, si bien nos dejaron con las ganas de ver a NOFX y Tinariwen, hubo decenas de otras opciones para aplacar sus ausencias: conocimos a The Last Internationale, comprobamos que Astro ya están para las ligas mayores e incluso tuvimos un momento de serenidad y relajo gracias a Alt-J. Sesenta y siete mil personas en la segunda jornada (para totalizar 127 mil entre los dos días) avalan la credibilidad de un certamen que, en el poco tiempo que lleva, es un ritual con todas sus letras.

María de los Ángeles Cerda
Andrés Panes
Jean Parraguez
Fotos: Ignacio Gálvez - Jorge López C. - Lotus Producciones

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