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En Órbita: Ruidos hipnóticos

En Órbita: Ruidos hipnóticos

Exitosa primera edición del festival
En Órbita: Ruidos hipnóticos

Sábado 9 de enero de 2016
Espacio Broadway

El mayor acierto el festival En Órbita, en esta primera edición, fue el haber demostrado en un solo lugar la fructífera y creciente escena de bandas de psicodelia que se encuentran en Chile. Mucho más allá de contar con números clásicos como Os Mutantes y The Sonics –los más esperados del cartel- el integrar a grupos como The Holydrug Couple, Follakzoid, Vuelveteloca y, desde el noise pop al cuarteto Trementina, representa una curatoría que no va en busca del golpe mediático sino de la representación de una faceta de la nutrida actualidad local.

En Órbita se desarrolló, de todas maneras, en una alternancia entre sonidos con influencias de los setenta hasta toques más contemporáneos, entre tracks que sobrepasaban los diez minutos hasta temas en formato canción, desde el rock and roll más básico hasta piezas más ambiciosas. Todo aquello convivió y se hizo coherente en el mismo evento. Como por ejemplo, que Aguaturbia y Radio Moscow, dos conjuntos de generaciones totalmente distintas y de orígenes disímiles se encontraran en un punto en común con la preponderancia del sonido de las guitarras, tal como lo hicieran The Sonics más tarde.

El evento comenzó puntualmente a las 12:30 con los argentinos In Corp Sanctis. No más de cincuenta personas se reunieron para ver su debut en Chile, en el que revisaron parte de su trabajo “El magistrado” (2014). El entusiasmo les sobró y da para que vuelvan a estas tierras a realizar una presentación en forma solitaria. Trementina, media hora más tarde, impregnó su presencia con un show ruidoso y al mismo tiempo, etéreo en la voz de Vanessa, rompiendo con el estatus de promesa para confirmar su potente performance en vivo. Incluso samplearon ‘Nobody to Love’ de Sigma, el mismo que usara Kanye West en ‘Bound 2’.

Vuelveteloca, desde el escenario Skylab, como se caracterizan, unieron sus múltiples capas de guitarra con la fuerza del sonido de la batería, transformándolos en una propuesta casi hasta agresiva y en trance, en particular hacia el final cuando el protagonismo estuvo en los tambores. Magaly Fields volvió a lo más básico del rock and roll, con canciones que toman tanto del punk como del blues más primigenio pasado por el filtro de la electricidad, sumando también lo atractiva de su puesta en escena.

Aguaturbia fue el primer número clásico de la tarde. En esta ocasión, pasaron principalmente por sus nuevos temas en español, y contaron además con músicos invitados, Angelo Pierattini en guitarra y Magdalena Rust en cello. Denise y Carlos Corales, con una relación de más de 40 años, se desenvuelven como si el escenario fuese su hogar. El público también lo percibió y los recibió calurosamente, mucho más allá del respeto que se tiene a una banda histórica, sino también por su despliegue.

Guiso, en su vuelta a los escenarios, cumplieron con sumar diversión al cartel de En Órbita. Fuera de referencias de Álvaro Guerra como “Hola, somos Guiso, una banda emergente”, el dinamismo de sus canciones, como ‘Flojo’ y ‘Nada sirve’, mantuvo la nota en alto en la variada oferta del evento. Los influjos de los setenta volvieron con Radio Moscow, en su segunda visita a Chile, en la que imperó la omnipresencia de Jimi Hendrix Experience y Cream tanto en el protagonismo de la guitarra como en la vertiente directa del blues en ‘250 Miles’.

The Holydrug Couple trajo el punto de quiebre para ofrecer un espectáculo experimental. Ante un mayor marco de público, alrededor de dos mil personas, los locales trajeron hipnotismo al festival en Órbita, con parte de su último disco “Moonlust”. Crocodiles, por su parte, volvieron al formato canción con su mezcla entre post punk y new wave, con un show distendido en el que incluso se dieron el gusto de pedir al público que cantara “happy birthday” a uno de sus miembros.

Tras el cierre de cortina de Crocodiles, Dead Meadow hizo su debut en Chile. El Sputnik Stage, enclavado en medio de un gran espacio fue el propicio para la portentosa propuesta de los formados en Washington. Emparentados desde sus orígenes en el stoner, Jason Simon ofreció a los asistentes una afilada receta de guitarra y bajo, una conjugación desértica con roles principales en la improvisación, músculo y precisión. ‘Til Kingdom Come’ fue el contexto para el lucimiento de Steve Kille y su bajo rickenbacker de movimientos ágiles y potentes. La conocida ‘Sleepy Silver Door’ dio el paso a sucesivas capas, rugidos psicodélicos, espesas sonoridades y movimientos lánguidos, acentuando en cada nota el calor que imperaba a esas horas. Dueños de una discografía tan subrepticia como reluciente, Dead Meadow se pasea por el lado oscuro, acariciando varios de sus rincones -en vivo pueden sonar tan metaleros como cualquier grupo heavy-. Una apuesta certera.

Con sólo cuarenta y cinco minutos de concierto, A Place to Bury Strangers desafió, una vez más, nuestra capacidad para soportar tamaños latigazos sonoros. Tal como en su debut en Blondie, lo entregado por los de Brooklyn fue inapelable. ‘We’ve Come so Far’ fue la apertura y una carta de presentación a lo que sería su set: sin tregua, violenta, te saca de tu lugar de confort, pero con un magnetismo extraño, impidiendo el abandono del escenario. Oliver Ackermann y Dion Lunadon se declaran la guerra una y otra vez, con sus respectivos instrumentos, cargados, listos para matar. “Transfixiation” fue el motivo para tenerlos nuevamente por acá. Y el veneno expuesto en ‘Fill the Void’ -una  de sus recientes canciones- sigue siendo tan letal. Verlos sobre el escenario es estar ante una cruza improbable entre The Who y The Jesus & Mary Chain. Amantes del ruido y la destrucción, azotaron sin piedad instrumentos, obligándolos a entregar un sonido más, un ruido que siga alterando los tímpanos del público, a quienes se acercaron con instrumentos al campo. Pocas veces una tortura fue tan placentera.

Una pausa con el fin de destacar la presencia de Los Mirlos. Íconos absolutos de la cumbia latinoamericana, echaron sobre la mesa sus más de cuarenta años de carrera, cultivando la simbiosis entre el ritmo, la psicodelia y el  rock. La gente lo disfrutó a rabiar y ellos, totalmente agradecidos por venir.

La salida del cartel de Los Jaivas abrió dos frentes: la inclusión de Aguaturbia y el cambio de horario para Camila Moreno. De no ser por el factor viento -colándose en cada segundo del show-, la actuación de la segunda habría sido perfecta. Una hora de recorrido fue suficiente y corroborar, por enésima vez, la calidad proyectada por la cantante y su banda en el escenario. ‘Incendié’ es cada vez más pesada, iluminada por la voz prístina de Moreno. Misma tendencia corre en ‘No parar de cerrar no para de abrir’. Más allá de cuestionamientos de algunos incautos, la voz de la cantante parece tener vida propia, alcanza alturas siderales pero también es capaz de rumiar y ser áspera, directa, acusadora. ‘Tu mamá te mató’ y ‘Máquinas sin Dios’ tienen ese pulso matemático y certero, bebedora de la impronta de Björk. Sin embargo, Moreno tiene un ingrediente orgánico que nadie puede negar.

Uno de los grandes números del festival En Órbita era la presencia de Os Mutantes. Íconos generacionales tras ser carta protagonista en todo el movimiento tropicalista del Brasil de fines de los 60, causaba curiosidad examinar la vigencia de un combo que, del nido original, sólo cuenta con Sérgio Dias (lee el comentario aquí). Tras su maravillosa actuación, quedaba ver a otro de los créditos históricos del evento. The Sonics. Sin mediar mensaje de presentación, el combo tomó sus instrumentos y lanzó una ráfaga de rock and roll primigenio, tiempos simples y de alcance eterno. ‘Cinderella’, 'Strychnine', 'Psycho' y ‘Sugaree’ dejaron con la boca abierta a muchos, aunque la sorpresa puede ser injusta pues no estamos solamente frente a unos buenos ejecutantes, sino que The Sonics son los responsables directos de varias cosas que nos gustan, desde el punk hasta el garage rock. Es cierto, entregan covers -’Money (That’s what I Want)’ de Barrett Strong y ‘Louie Louie’, perteneciente a Richard Berry, entre otros que desfilaron-, ni tampoco estuvieron presentes los históricos Larry Parypa ni Gerry Roslie -parte de la alineación que firmó el regreso discográfico, “This is The Sonics”-, pero aún así dio la sensación de estar frente a un momento irrepetible. Aún así, la contundencia en vivo no mermó en absoluto y gracias al liderazgo de Rob Lind en el saxofón y de Freddie Dennis, de baja estatura pero que esconde una voz sin igual, impermeable al paso del tiempo, los estadounidenses dejaron claro su lugar en la historia del rock. No fue cualquier concierto, era preciso estar ahí.

Lo de Föllakzoid con Atom fue una liturgia casi atemporal. En medio del frío que era dueña del Espacio Broadway, la mezcla entre el trío y el proyecto manejado por el inquieto Uwe Schmidt -anote: su nombre está ligado a Sr. Coconut, Tetsu Inoue, Jorge González, Depeche Mode, Merzbow y Ryuichi Sakamoto, entre otros- derivó en la exploración en vivo del aplaudido “III”, disco que los nacionales han mostrado sin cesar por diversos escenarios del planeta. Sonidos minimalistas e hipnóticos poblaron la actuación, receta totalmente opuesta a la de Él Mató a un Policía Motorizado. Pese a lo tarde de su llegada al escenario, el de los argentinos fue por mucho el concierto más animado de la velada. Fieles a su impronta alternativa, las canciones fuerona una muestra de indie con gustillo noventero, descansando en los coros y las guitarras rítmicas, con volumen. ‘El magnetismo’, ‘Viejo ebrio y perdido’, ‘Más o menos bien’, ‘Yoni B’ y ‘Mujeres bellas y fuertes’ fueron coreadas por gran parte de la parcialidad, sorprendiendo en varias ocasiones al tímido Santiago Motorizado, bajista y cantante. Si Stephen Malkmus y Black Francis hubieran estado ahí, sonreirían orgullosos ante lo mostrado por el conjunto de La Plata.

El tramo final estaba a cargo de The Dandy Warhols. Y tras recordar su debut -en diciembre de 2007, abriendo para Chris Cornell ante una pifiadera monumental e injusta-, lo mostrado por los nacidos en Portland fue cercano a la reivindicación. Feliz de sentirse por fin en un escenario que le pertenecía, Courtney Taylor-Taylor dirigió una banda que lleva mucho tiempo tocando, totalmente consciente de sus capacidades. Por eso mismo, son capaces de agarrar matices varios. Son psicodelicos en ‘Be-In’, 'Pete International Airport' y 'Mohammed', muestran la veta Tom Waits en ‘Crack Cocaine Rager’ y hasta cuando son convencionales logran convencer (‘Get Off’). Veredicto unánime: se hizo justicia. Una opinión que podría extenderse a todo el festival.

María de los Ángeles Cerda
Jean Parraguez
Fotos: Peter Haupt Hillock - Jorge López

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