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Duran Duran: Chicos salvajes, fiesta infinita

Duran Duran: Chicos salvajes, fiesta infinita

El show más destacado en la segunda jornada de Lollapalooza Chile 2017
Duran Duran: Chicos salvajes, fiesta infinita

Domingo 2 de abril, 2017
Itaú Stage, Parque O'Higgins

Posiblemente el show de los gigantes Duran Duran sea un de los puntos altos no sólo en la versión 2017 de Lollapalooza Chile, sino en la historia del evento en nuestro país. La primera razón es musical: En 80 minutos dieron una clase magistral de cómo diseñar y ejecutar un espectáculo masivo, cautivante, conmovedor y electrizante. La segunda es actitud: Podrán tener casi 40 años de trayectoria y se acercan a las seis décadas de edad, pero enfrentan su show con la energía y la libertad indolente de un quinceañero. Tercero, porque encarnó con una potencia paradigmática la diversidad en todos los niveles. No importó edad, orientación sexual, etnia, nacionalidad o género; si las personas querían estar con Duran Duran -arriba o abajo del escenario– fueron absolutamente bienvenidas.

La quinta presentación de los ingleses en Chile nació avasalladora: 'The Wild Boys' –con una banda impecable y un Simon excelso-, 'Hungry like the Wolf' –con al apoyo de Anna Ross y Erin Stevenson, coristas monumentales– y 'A View to a Kill’ –con James Bond en las pantallas gigantes– produjeron éxtasis instantáneo en la multitudinaria concurrencia que acompañó a la leyenda de Birmingham. Luego de ese trío ochentero insuperable el quinteto presentó 'Last Night in the City' -rescate de “Paper Gods”, su disco más reciente y en la que Erin cantó muy bien las partes de Kiesza– y se devolvió a los noventa con la sensual y preciosa 'Come Undone', apoyada esta vez por Anna.

Siendo el funk uno de los elementos significativos en la propuesta del conjunto no podían faltar la titánica 'Notorious' –tremendo el pulso y la onda de John Taylor– ni 'Pressure Off'  - otro tema de “Paper Gods”–, la que tiene un perfil abiertamente pop e, incluso, adolescente, pero cuya versión en vivo es significativamente superior a la de estudio. Y si hasta ese minuto los europeos desarrollaban un concierto increíble, con la pieza siguiente lo transformaron en un sueño: ‘Planet Earth/Space Oddity’ y una multitud aplaudiendo y cantando eufórica y emocionada mientras una imagen de David Bowie con la mirada perdida estremecía el parque O’Higgins. El homenaje no era oportunista ni antojadizo: Colin Thurston, productor de los primeros dos trabajos de Duran Duran, fue ingeniero en "Heroes", título emblemático en la producción del fallecido Duque Blanco.

Tras una pausa pequeña en la que Le Bon cambió su atuendo blanco por una camisa verde brillante y fosforescente llega la nostálgica 'Ordinary World', la bailable y ondera ‘I Don’t Want your Love’ y 'White Lines (Don't, Don't do It)', el poderoso y celebrado cover de Grandmaster Flash & Melle Mel en el que la multitud siguió cada instrucción de Simon como una masa hipnotizada, pero feliz. Y si la diversidad fue el denominador común del concierto también se debió a combinaciones como '(Reach up for the) Sunrise’ con ’New Moon on Monday', donde los británicos alternan alegría y guiños a la electrónica más contemporánea con la energía del new wave.

Luego de 'Girls on Film' ocurrió algo curioso: Los músicos abandonaron el escenario y muchos asistentes comenzaron a irse del espacio designado para el Itaú Stage pensando que la presentación había culminado, sin embargo, los artistas regresaron para regalar la inconfundible, reflexiva y melancólica ‘Save a Prayer’ –suave como la luz del sol que a esa hora abandonaba Santiago– y la festiva 'Rio' –imposible no recordar las armonías vocales de Ghost con esta canción-, que con pelotas multicolores saltando entre la audiencia anunciaba, ahora sí, el fin de una presentación invencible.

La envergadura de Duran Duran es tal que son capaces de brindar un show perfecto dejando fuera del set cumbres como ‘The Reflex, ‘Unión of the Snake’ o ‘Is There Something I Should Know?’. Probablemente ya hicieron sus mejores discos y no dominan el mundo como en los ochenta, pero con espectáculos como el de esta tarde demuestran que su vigencia es indiscutible y su legado, eterno. Inmortales.

Mauricio Salazar Rodríguez
Fotos: Jorge López

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