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Bon Jovi: Siempre

Bon Jovi: Siempre

La obsolescencia no está en su vocabulario
Bon Jovi: Siempre

Jueves 14 de septiembre, 2017
Estadio Monumental

Durante 'God Bless This Mess', uno de los singles de "This House Is Not for Sale", el disco del 2016 que trajo a Bon Jovi de vuelta a Chile, en la pantalla son proyectados titulares reales de prensa, tal como los que salen en el videoclip del tema. La serie de frases termina con una elogiosa afirmación sacada de USA Today: "Nadie escribe himnos rockeros como Bon Jovi". Podríamos discutir la exactitud de esa sentencia por largas horas, pero está claro que, en el fondo, se trata de una hiperbólica forma de establecer credenciales que, a estas alturas, son incuestionables. Las 39 mil personas que desafiaron el frío de la noche maculina no pueden estar equivocadas: por su estatus de clásicos que convocan multitudes, los hijos ilustres de Nueva Jersey siguen en la cima del juego a nivel planetario.

Al nivel de Bon Jovi no se llega con rapidez. El show es rico en matices gracias a los años de recorrido, a veces con grandes contrastes entre una canción y la siguiente. 'Someday I'll Be Saturday Night' data de los noventa, una época difícil para todos los egresados del hair metal, con Jon Bon Jovi en la guitarra acústica conectándose con su faceta más seria, contando historias de sobrevivencia a lo Bruce Springsteen. Acá la tocaron pegada con 'Bed of Roses', que para generaciones completas continúa siendo una balada candente, en la que el vocalista apela únicamente a su encanto para entonar parte de la letra en un español que jamás ha mejorado un ápice. Debe señalarse que el atractivo del cantante de 55 años fue un elemento en varios pasajes del concierto: aún conserva sus ademanes de chico lindo.

Otra desemejanza interesante ocurrió entre 'This House Is Not for Sale' y 'Raise Your Hands'. Separadas por tres décadas, la primera se debe al pop actual y la segunda al heavy metal. Una se adapta a los tiempos con algo de millennial whoop y cierto parecido en el coro a 'Gone, Gone, Gone' de Phillip Phillips de "American Idol"; la otra es parte del archifamoso "Slippery When Wet" (1986) y está fuertemente inspirada en 'Crazy Train' de Ozzy Osbourne. La distancia temporal y de estilo entre los referentes de ambas habla, en última instancia, sobre la longevidad de la propuesta de Bon Jovi. Resulta impresionante escuchar 'It's My Life' sabiendo que, en su momento, significó su resurrección en gloria y majestad; ahora, a 17 años de su salida, forma parte del repertorio canónico y mejor recibido de la banda, pese a ser, en sí misma, un guiño bastante descarado (sobre todo por el talk box y la reaparición de los protagonistas de 'Livin' on a Prayer') a ese cancionero.

La quinta vez de Bon Jovi en Santiago, aunque estuvo enmarcada en la gira de un nuevo disco, resultó ser una noche nostálgica, exactamente como se esperaba. De hecho, los encargados de iniciar la velada fueron los nacionales Temple Agents, cuya noción de la música de guitarras es absolutamente noventera. El plato de fondo llegó aun más allá: trajo el recuerdo de cuando el rock todavía pensaba en grande. Canciones distintas entre sí como la romántica 'I'll Be There for You', la llameante 'You Give Love a Bad Name' o la forajida 'Wanted Dead or Alive' no comparten tanto la sonoridad, sino las dimensiones: son todas gigantescas. Y, de paso, configuran un espectáculo que ofrece montones de variables mientras masajea la memoria. Hay que ver a Bon Jovi al menos una vez en la vida.

Andrés Panes
Fotos: Peter Haupt Hillock

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