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Black Sabbath se despidió de Chile

Black Sabbath se despidió de Chile

El adiós de los padres del heavy metal
Black Sabbath se despidió de Chile

Sábado 19 de Noviembre de 2016
Estadio Nacional

Como tenía que ser, en un sábado negro, Black Sabbath volvía al país para un último y sentido adiós. Los padres fundacionales del heavy metal paulatinamente van bajando la cortina a sus actuaciones en vivo para retirarse definitivamente de los escenarios, más no de la música, ya sea de forma colectiva o individual.

En este masivo ritual de despedida, la presencia nacional estuvo representada por Yajaira, banda que con más de veinte años de carrera se ha labrado una posición como uno de los nombres más valiosos del stoner rock y la psicodelia en el país, gracias a discos macizos como "Lento y real" y "La ira de Dios", de los cuales el grupo interpretó algunas canciones en sus 30 minutos de actuación. ‘Estados Alterados’ fue el punto más notable de su interpretación, con ese doom de sonido crudo y rudo, pero muy nítido a la vez, donde los liderados por Miguel "Comegato" Montenegro y Samuel Maquieira, se mostraron sólidos y compactos y con un estilo totalmente heredado e influenciado por los propios Sabbath.

Rival Sons, el cuarteto de Long Beach, California, con aspecto y sonido totalmente británico, debutó en el país presentando canciones de su reciente y algo discreto quinto disco “Hollow Bones”, haciendo gala de su sonido vintage influenciado por los grandes nombres del rock clásico. Con un muy buen sonido en vivo, la apertura con ‘Electric Man’ fue notable, para alcanzar algunas canciones más tarde, el clímax de su show con una tremenda ‘Pressure and Time’. Sobre el escenario, casi toda la atención se la lleva su vocalista Jay Buchanan que hereda la estirpe y escuela de Robert Plant, siempre muy bien acompañado por la guitarra de Scott Holiday, aunque también hay que destacar el “zeppeliano” groove de la batería de Michael Miley. Tras 40 minutos de show el grupo se despidió con una ovación cuando el Nacional ya estaba próximo a llenarse.

La noche oscura se iluminó en el firmamento con los flashes de las sesenta mil almas reunidas para esta misa negra de celebración a los creadores de todo el universo metálico, y como no podía ser de mejor forma, el show se inició con la canción que fue el origen de todo, el tema que delineó el sonido heavy metal para siempre, esa que posee el tritono más famoso y diabólico en la historia del metal, ‘Black Sabbath’ sonó tan aplastantemente majestuosa, que las figuras de Tony Iommi, Ozzy Osbourne y Geezer Butler alcanzaron una altura sideral, siempre secundados de manera soberbia por el tremendo baterista Tommy Clufetos y ese hijo de tigre de los teclados en la figura de Adam Wakeman. Considerando el contexto de la despedida, la banda decidió omitir todo el material de “13”, su último disco de estudio, y concentrarse en el material clásico de sus mejores cinco discos (dejando fuera incluso al tremendo “Sabbath Bloody Sabbath”), trabajos que son la enciclopedia de toda la música metal creada desde 1970 en adelante.

Los clásicos fueron cayendo inalterables, con tres pantallas que cubrían todos los detalles de la interpretación de gemas como ‘After Forever’ e ‘Into the Void’, logrando un punto altísimo en la soberbia ‘Snowblind’ para luego Ozzy con su habitual carisma presentar a toda la banda, poniendo el énfasis en “the one and only” Tony Iommi, para que el guitarrista se llevara un tremenda ovación antes de meterse en un durísima versión de ‘War Pigs’.

Antes de ‘N.I.B’ tuvimos la intro de bajo del maestro Geezer Butler con sus titánicos dedos, tan sólidos, prolijos y virtuosos como hace 45 años, para tras cartón dar paso a la tétrica ‘Hand of Doom’ que no sonó en Mexico para luego seguir con ‘Rat Salad’ y toda la contundencia de Clufetos en un demoledor solo de batería. Más clásicos de la talla de ‘Iron Man’ siguieron adelante con un show que no daba respiro, para llegar al que quizás fue el mejor momento de toda la noche con la interpretación de ‘Dirty Woman’ y un extenso y notable solo de Tony Iommi que al igual que Geezer, demostró que su magia y capacidades siguen absolutamente intactas. ‘Children of the grave’ fue la final para rápidamente volver con un único bis en la figura trascendental de ‘Paranoid’ y en un abrir y cerrar de ojos, todo había sucedido, tras una hora y cuarenta y cinco minutos de actuación, donde Ozzy fue el maestro de ceremonias con su siempre carismática presencia, cantando muy bien, aunque físicamente más estático que en otras visitas.

Aunque el show no logró superar la abismante magia de su visita anterior que había dejado la vara altísima, el grupo demostró que quien tuvo retuvo y aquí hay mucha clase todavía para entregar y regalar, por ello, mientras los sutiles acordes de ‘Zeitgeist’ sonaban envasados por los parlantes a la salida, como los propios Sabbath nos enseñaron, nunca hay que decir nunca, never say die!

Cristián Pavez
Fotos: Carlos Müller

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