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Babasónicos: Sin mi diablo

Babasónicos: Sin mi diablo

Una fórmula que se agota
Babasónicos: Sin mi diablo

 

Viernes 21 de octubre

Teatro Caupolicán

 

Si descubres una veta artística garante de adoración y éxito ¿estarías dispuesto a moverte a un nuevo territorio? ¿tiene sentido? Babasónicos enfrentó esa encrucijada tras "Jessico" (2001) e "Infame" (2003), fácilmente entre los mejores álbumes de rock argentino del siglo XXI, y decidieron quedarse donde estaban. Difícil culparlos. El lugar es cómodo, grato, arrellanado, envidiable en muchos sentidos. No les exige más que tributarse a si mismos en una especie de loop auto condescendiente, con una fanaticada femenina treinteañera que proyecta en la banda argentina un pasaporte al hedonismo y el sexo por mero placer. El viernes repletaron el teatro Caupolicán para una celebración por partida doble: 25 años de carrera y un disco desenchufado bautizado "Desde adentro - Impuesto de fe", la segunda experiencia unplugged que timbran tras un vibrante show en 1997 para MTV. 

Los argentinos aprovecharon el Caupolicán como antaño cuando había veladas de box. El escenario quedó al medio de la pista y a no mucha altura, algo más de un metro. Cuatro paneles de luces que atacaban desde la altura de manera oblicua, creaban la sensación de una jaula de barrotes luminosos con el grupo en su interior. El arsenal instrumental era vasto y surtido, incluyendo gong, marimba, saxo, bongos, congas, percusión electrónica y teclados. Un festín dispuesto sobre todo al servicio de Diego “Uma” Rodríguez, que opera como Brian Jones en los Stones. Es el multiintrumentista, el que colorea las canciones, también el de las armonías con su hermano Adrián “Dargelós”, el líder y la voz inconfundible de Babasónicos, rock star rotundo, campeón del verso en un país de especialistas, una figura que ancló el calendario. Un tipo con tanta cancha que después de sacarse la mierda al final de 'Yegua' -llegó al borde y dio un paso en el aire cayendo violentamente-, que volvió al escenario, remató el tema y bromeo corto y preciso sobre el fenomenal porrazo.

La decisión de quedarse en un área de confort puede ser encantador para las chicas, pero deja en evidencia que el hambre estilística de antes, cuando en la segunda mitad de los noventa seguían la estela de Beastie Boys entre distintas vetas, no va más. Cuidan su puesta en escena, indiscutido, lo mismo sus vestimentas donde siempre denota el trabajo de diseñadores, pero como instrumentistas no han evolucionado un milímetro desde Infame. Los arreglos de guitarra son idénticos para cada tema, lo mismo la batería y el bajo cansino. “Dargelós” mantiene incólume la voz y ese fraseo ininteligible para unas versiones a velocidad crucero que retratan una impronta de piloto automático lamentable. Babasónicos dio todo lo que podía durante su primera década y ahora vive de manejar una fórmula que antes encendía, y ahora provoca bostezos. 

Marcelo Contreras

Fotos: Jorge López

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