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Juanita Parra: En el nombre del padre

Juanita Parra: En el nombre del padre

"Gabriel es el inventor de la batería latinoamericana"
Viernes 13 Abril, 2018
Juanita Parra: En el nombre del padre

La historia de Los Jaivas tras la muerte de Gabriel Parra es más o menos conocida. Gato Alquinta, desde un primer momento, le propone a la hija de su amigo, Juanita, de entonces 17 años, hacerse cargo del lugar que había dejado su padre. “Fue una cosa delirante, pasó un día de tener su cuerpo bajo tierra y empezar a asumir que ya no estaba, cuando me empiezan hablar de eso”, nos cuenta.

Antes de toda la vorágine que causó la partida de Gabriel, en un trágico accidente automovilístico el 15 de abril de 1988, Juanita se desempeñaba como iluminadora de la banda, encargada de darle luz a la monumental Ludwig Octa-Plus. “Cuando era chica jugaba con esa batería gigante, muy irresponsable”, recuerda, ríe y continúa el relato, “después entendí que era el instrumento que ocupaba para trabajar y que me prestaba cuando me dio la inquietud de tocar”. Hasta una anécdota de sus primeros pasos en batería nos contó: “cuando tenía 13 años, empecé a tocar, tal cual estaba montada, para zurdos, por mi papá, hasta que él se dio cuenta y me explica que había que cambiar un par de cosas porque soy diestra”.

A 30 años de la partida de Gabriel, y un poco menos de ocupar ese lugar que ella misma dice estuvo predestinado, conversamos sobre lo que significó ese momento y cómo ve el legado de su padre en la actualidad. Con un mensaje claro: “mi deseo más grande es que nunca lo olviden”.

- ¿Cómo fue ese primer impacto cuando te dicen que eres la indicada para ocupar el lugar de tu papá en la banda?
- La verdad es que siempre en mi corazón sentí que iba a estar con Los Jaivas, por unas ganas de querer estar siempre con mi papá, que es lo que sentía en ese momento. Con el tiempo, me di cuenta que el porqué estaba ahí tenía un sentimiento mucho más fuerte y doloroso. Cuando me lo dijeron, yo dije que sí altiro, pensando que era la forma de aferrarme a él. Pero cuando llegó el día de enfrentarme a su batería en la sala de ensayo en Francia, fue una catarsis. Exploté en llanto, y les dije que no podía hacerlo. Me perdí por dos años de la familia y dejé de tocar batería. Necesitaba hacer un quiebre.

- Pero luego volviste decidida a ensayar. ¿Qué es tener las baquetas de Gabriel?
- Estar acá es enfrentar algo súper grande. Estar eternamente comparada, no tener las mismas capacidades y no llegar a ser ese gigante baterista que sí lo fue mi papá. Igual son cosas que he tenido que asumir poco a poco, con serenidad y sin ansiedad, para poder darle el sentido espiritual que para mí tiene ocupar este lugar.

- ¿Te acuerdas de su última etapa con Los Jaivas?
- Sí, me acuerdo perfecto, porque era parte del equipo técnico, y su muerte llegó justo después de una gira a Chile, que era importante porque el grupo había estado ausente un par de años. Además, llegaban con otra onda, más ochenteros, con el pelo corto incluso, y con el proyecto “Si tú no estás” andando, disco que la gente conoció después y que por eso lo asocian tanto con la partida de Gabriel, pero es algo totalmente distinto. Venían buscando un sonido más fresco, casi adelantándose a los noventa, con harto teclado muy en la onda de la new wave que había en Europa. A mi papá en ese momento le llamaba la atención Depeche Mode, imagínate. Otra visión.

- ¿Y de los momentos entre ustedes?
- Estaba muy encima de él, metida en la producción de la gira. Vinimos a Chile sin mi mamá, y yo viviendo una vida más de adulto también, mi pareja era el bajista (Fernando “Kraka” Flores). En eso, me pasó algo muy fuerte que no voy a ahondar porque es demasiado privado, pero como que tuve una premonición, sentía que algo iba a pasar. Me vinieron angustias, crisis de pánico, estaba sintiendo que venía algo raro, pero en el momento no fui capaz de saber qué era. Sí tenía un rechazo muy grande con el viaje de mi papá a Perú. Hasta lo conversamos y discutimos. Recuerdo también que fue extraño verlo tan decepcionado luego del concierto en el Estadio Santa Laura, porque hubo problemas entre la gente y Carabineros. Ahí estábamos alojados en el Hotel Carrera, y la última vez que lo vi fue ahí, en la puerta –se le quiebra la voz– dos días antes del accidente... ahí nos despedimos… como puedes ver, es una pena que aún llevo muy adentro y que me ha acompañado toda la vida.

- Entiendo… como sentir su presencia cuando estás tocando, me imagino.
- O sea, hasta el día de hoy lo invoco como sintiendo que a él le puede gustar seguir ahí arriba de los escenarios haciendo música, y también porque lo siento como un protector. Es bonito pensar que él sigue ahí.

- ¿Cómo describirías el espíritu de Gabriel Parra, baterista de Los Jaivas?
- Lo más interesante y rescatable de él es que inventó la batería latinoamericana. Acá se estilaba tocar el bombo legüero, el kultrún en las ceremonias mapuches, los bongos por el lado tropical, el trabajo de redobles de cajas en la música nortina, pero Gabriel fue el que llevó todas esas formas autóctonas a la batería, un instrumento de imagen rockera. El detalle de cómo metió el bombo en la rítmica y pegarlo al bajo es uno de sus grandes aportes, y que lo diferencia de Congreso, que tienen otra escuela. Gabriel tuvo una conexión a tierra única, con la manera en que tradujo e interpretó el ritmo y el pulso latinoamericano a la batería, y lo hizo respetando mucho el origen folklórico de la música. Si te fijas, ninguno de sus ritmos son binarios, entonces cuando aparece con su batería gigante y todo el ímpetu rock que le llamaron, todos sus ritmos son latinoamericanos. Ahí hay mucho que aprender de él.

- Y lo hizo de manera autodidacta.
- Eso es lo que hace grande a Gabriel Parra, y a Los Jaivas. Porque fueron capaces de tener las antenas alertas, de entender y asimilar una forma de hacer música sin nada, sin estudios, ni familia con tendencias musicales.

- Ese sincretismo que patentaron, ¿sabes cómo se logró?
- Creo que ahí está el milagro musical que produjeron Los Jaivas en conjunto. Se conectaron con lo ancestral, con la esencia de la pachamama, y los cinco fundadores logran conectarse con eso, y de ahí se crea su música. Primero llega el Gato con ese “salvajismo” después de su viaje a Perú y les dice que hay que sacarse los ternos y las corbatas, que hay todo un mundo que investigar ligado a las raíces latinoamericanas, y ahí empieza su transformación. Pero hay algo bien decidor en su historia, cuando se alejan de cualquier influencia para lograr su sonido único. Recuerdo una historia: en uno de sus viajes, les dicen que en México hay un tal Santana que está haciendo lo mismo que ellos, con percusiones y guitarra eléctrica. Impactados, empezaron de inmediato a tratar de hacer otra cosa y se alejaron de todo. En la casa no se escuchaba música de otros.

- ¿Qué sientes tú que falta por hablar, mostrar o investigar sobre la figura de Gabriel?
- Primero, me pasa que creo que ha sido un poco olvidado, porque hace 30 años que falleció y si bien el grupo es el que más puede difundirlo y mantenerlo vigente, la imagen de la mujer baterista ha sido súper fuerte, entonces hay gente como que se le enredó la historia, y una generación que conoce a Los Jaivas conmigo y no con mi papá, que se lo perdió. Y pasa que cuando mostramos imágenes suyas en los conciertos, hay una reacción menos intensa que con Gato. Hay mucho por hacer para hacerlo eterno, como yo quisiera.

- Y desde el punto de vista como baterista, ¿sientes lo mismo, que se ha ido diluyendo su legado?
- Siento que aparte de Juan Pablo Bosco, y de mí, no hay otro baterista que haya seguido esa escuela. En sus términos. Somos muy pocos los que seguimos su estilo musical. Sé que hay muchos bateristas que dicen haberse inspirado en su imagen, por su fuerza, su energía, pero al momento de ejercer como bateristas, se van por una línea totalmente opuesta a la de Gabriel. A veces veo a algunos que tratan de incursionar en el 6/8 pero siempre erran en el tiempo del bombo, por ejemplo.

- ¿Cuál es la batería que más te costó sacar?
- Uno de los temas bien fuertes y un trabajo de la utilización de la batería muy melódica, que él lo hacía bastante bien, es ‘Antigua América’. No es una canción que esté en la lista de las que más tocamos, por eso cuando aparece, me vuelvo a encontrar con el desafío. También el haberme aprendido el año pasado la versión de ‘El Gavilán’ fue un logro. Era un desafío familiar increíble, hasta llamé a mis primos que también son bateristas para contarles.

- ¿Y el que más te gusta tocar?
- ‘La Conquistada’, porque tiene una evolución gigante. Parte con unos platillos muy suaves hasta llegar a una batería genial. Ir acompañando los solos de piano me gusta mucho, como lo hacía mi papá. En mi retorno me aferré mucho a eso, acercar la batería al piano.

- ¿Tienes algún recuerdo de alguna performance de Gabriel que hayas visto en vivo o en archivo que rescates?
- Ahí sí que no. Uno de los temas que más me ha costado es verlo a él en imagen. He aprendido a escucharlo, pero que yo me siente a ver conciertos en video, no. Y cuando lo vi en vivo, lo veía como mi papá, no como alguien que había que estudiar o apreciar su talento como baterista. Sí sé que tuvo una excelente presentación en el Festival de Viña 1983, donde estaba muy inspirado, y sé que tenía muchas razones. También su último concierto en vida en el Teatro Teletón, que tiene arreglos diferentes, es increíble. Ese lo he escuchado en audio.

César Tudela

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