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Carlos Cabezas: La vitalidad adictiva de la novedad

Carlos Cabezas: La vitalidad adictiva de la novedad

Recuperando el tiempo con Electrodomésticos
Martes 05 Diciembre, 2017
Carlos Cabezas: La vitalidad adictiva de la novedad

Cómo se compone y se monta una canción. La inutilidad de describir la música. La obsesión cinematográfica y el optimismo ante el presente artístico chileno, a pesar de nuestro carácter auto flagelante. El líder de Electrodomésticos reflexiona mientras recupera el tiempo.

Para los parámetros de Electrodomésticos, con una pausa de 17 años entre su segundo y tercer álbum, el presente se vive con cierta urgencia. Carlos Cabezas, el líder indiscutido del grupo, repite como en otras entrevistas la sensación de haber malgastado el calendario en algunos pasajes de su vida. “Ex la humanidad” es apenas el quinto título desde 1986, cuando se trataba de un trío junto a Silvio Paredes y Ernesto Medina que en medio de la marea pop del rock latino, instaló unos desvíos inesperados e intrigantes hacia territorios que habían abierto a machetazos Brian Eno y David Byrne en “My Life in the Bush of Ghosts” (1981). Al igual que los Electro, otras bandas chilenas como Congreso, Los Prisioneros, Aparato Raro y Fulano andaban en algo parecido en la segunda mitad de los ochenta, ansiosos por retratar la ciudad y transmitir su música en una frecuencia emparentada con la trama cinematográfica.

Esa idea se sigue repitiendo en la cabeza de Cabezas. Un rollo que no acaba. Las canciones, los discos, son como películas y ahora el conjunto que completan Edita Rojas en batería, Valentín Trujillo en teclados y arreglos, y Sebastián Muñoz en bajo (de Cómo Asesinar a Felipes), reincide en este título de ocho cortes en 38 minutos de música de presencia magnificente. No cuesta imaginar estas piezas acompañando una cinta inspirada en “Blade Runner”.

A Carlos Cabezas no le agrada el ejercicio de explicar la obra. “Siempre he pensado que los músicos, cada vez que hablamos de lo que hacemos, lo aterrizamos y normalmente no es muy bueno. Es mucho más interesante escucharlo. Si le das un matiz específico a una canción le puedes quitar la sensación a una persona que la escucha sin tener esa información. Siento que estos temas son reflexiones sociales por estar viviendo acá, todo lo que ha pasado en el país en el último tiempo, y las experiencias de vida que hemos tenido. Sigue siendo importante meterle mucha energía a lo que hacemos y estar súper atentos a hacerle el quite a la zona de confort”.

- Me cuesta imaginar cómo se compone una canción en Electrodomésticos. No me calza en la idea de una jam, un riff, una línea melódica.
- Normalmente compongo todo, presento el boceto y hay un espacio para el aporte de cada uno. Lo otro tiene que ver con que la música vaya llevando un poco la cosa, sacar el ego del proceso, tratar de que salga algo visceral para que de ahí surja algo auténtico y no algo que uno pueda inteligentar con la cabecita y decir “esto es lo que viene, esto es lo que está, y eso es lo que la gente espera”, cualquiera de esas divagaciones intelectuales. Desde el primer día es algo que he tratado de mantener lejano en el proceso de composición. Normalmente es una base, una atmósfera, una escenografía, y de ahí poner mucha oreja a qué sugiere ese ambiente. Aparecen melodías, entonces improvisas y se traducen en textos para que el español funcione bien con esta música relacionada con un ADN lingüístico distinto. Finalmente son tus experiencias de vida, tus emociones y las de tus cercanos. Diría que estas últimas composiciones están relacionadas al cine. Tratamos de distinguir la historia y darle una narrativa. Tocar en vivo los temas también ayuda a afirmar las estructuras y que salga la basura normal que queda cuando compones. Tratamos de que cada cosa presente en un tema esté justificada.

Cabezas dice que la mecánica de escritura cambió. Ahora es un proceso mucho más corriente, a diferencia de antes cuando los discos de Electrodomésticos se hacían fuera de Santiago. Ese sistema ya no funcionaba. “Empezó a ser normal componer acá y tenerlo como una parte normal del trabajo. Tengo tres hijos grandes y como que la cosa de la familia ha dejado de ocupar el espacio que dejaba antes. Quizás en el inconsciente uno tiene la sensación de haber perdido tiempo en la vida en tonteras, y ahora quieres recuperarlo y componer mucho para compensar”.

El músico de 62 años ha vencido la tentación de contemporáneos y artistas de menos edad de sostenerse revisitando el pasado una y otra vez. “Las ganas de mirar hacia adelante han estado presentes desde siempre”, sentencia. “Cuando volvimos en 2004 con La nueva canción chilena lo hicimos porque teníamos material y nos daba plancha presentarnos al público sin canciones nuevas. Nosotros partimos no siendo músicos y como que siempre nos sentimos medios metidos en una cosa que no nos correspondía entre comillas. Siempre he tratado de tener muchas justificaciones para presentarme. Hay una obligación por hacer lo que se supone que la sociedad espera de un artista, que es estar buscando nuevas cosas, experimentando, yendo más allá para plantarse en un escenario. Hay un miedo a que la zona de confort te pueda anestesiar. Buscar te da una vitalidad adictiva. Es muy motivante. Te sientes muy distinto cuando estás así, en vez de una carrera funcionaria en la música.

- En ese sentido ¿cómo observas el fenómeno revivalista?
- Por una parte es cierto que hay una relación emocional con la música. Las generaciones siempre van a estar ligadas a lo que escucharon en la adolescencia. Es valorable y una especie de patrimonio musical. Nosotros también celebramos los 30 años (del “¡Viva Chile!”) y creo que hay un valor ahí. Lo que hace ruido es que en algún momento se vuelva más importante que tu trabajo actual. Hay que mojarse el poto y arriesgar.

Carlos Cabezas trabaja en el Consejo de la Música y le toca viajar a ferias internacionales donde artistas y la industria local exhiben su producción. Desde esa perspectiva percibe que la escena local tiene problemas para catalizar su propio quehacer. “Estamos muy aislados y nos cuesta tener un feedback que nos sitúe en el lugar de profesionalismo que podemos tener. Cuando sales y te encuentras con las personas que les va bien y que lo hacen bien, son iguales que tú no más. Te das cuenta de que esta energía nueva, distinta, ya no viene de los sellos multinacionales. Es por la misma historia de la industria musical nacional, donde ha sido obligación entre comillas desarrollar un colaboracionismo. En la dictadura desaparecieron las multinacionales y eso obligó a los músicos a hacerlas todas. Eran managers, productores, iban a las radios. De a poco aparecieron profesionales apasionados por la música, melómanos, gente que puede aplicar sus conocimientos. La industria musical mueve mucho dinero también. Se arma un ecosistema que tiene motivaciones más sanas que conducen a lo mismo que es vivir dignamente de la música, ganar las lucas que correspondan y mostrar tu trabajo. Los chilenos en general tenemos un problema de autovaloración bastante grande.

- ¿Por qué crees que eso ocurre?
- Creo que es una cosa cultural. Muchos extranjeros vienen para acá y te dicen “¿qué les pasa a ustedes?”. El país funciona y tenemos un nivel de autoflagelación un poco enfermizo. No se entiende la diferencia que te cueste pagar cinco lucas para ir a ver a un grupo nacional y no tienes problema con las noventa lucas para ver a Depeche Mode o el grupo que sea. Afuera se valora harto lo que pasa acá. Tenemos buena música. Se puede cuestionar la calidad de ciertos trabajos, pero de que hay un movimiento grande, lo hay. Lo que pasa es que estamos en este teatro geográfico tan distinto. No somos mercados como Argentina, Brasil y México que se autosustentan. Estamos obligados a mirar para afuera porque somos pequeños y hemos sido capaces de reciclar las influencias musicales que recibimos de Europa y EE.UU., con una señal de identidad que afuera se valora. Está la sensación de que lo que se hace en Chile es más bien bueno, con riesgo y una paleta amplia de estéticas musicales. Yo veo muy optimista y esperanzador el estado de la música nacional.

Marcelo Contreras

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