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Strangers in the Night

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Strangers in the Night

Miércoles 05 Agosto, 2015

1979. Chrysalis

Dentro del mundo del rock, y sobre todo en los años dorados del hard rock en la década de los 70 y del heavy metal en los 80, los discos en vivo tomaron una estatura casi mitológica. Era casi un deber para toda banda que se preciara de tal editar un título en este formato para marcar un hito en su carrera. Ejemplos hay por montones, casi todos trabajos legendarios, algunos mostrando a las bandas con toda la crudeza y fuego de sus directos (“Made in Japan” de Deep Purple, “Alive!” de Kiss, “On Your Feet or On Your Knees” de Blue Öyster Cult, “If You Want Blood” de AC/DC, “Tokyo Tapes” de Scorpions o “One Night at Budokan” de Cheap Trick) así como otros igual de logrados pero más controvertidos por la cantidad de retoques en estudio que se les hizo para redondearlos (“Live and Dangerous” de Thin Lizzy, “Unleashed in the East” de Judas Priest). Dentro del primer grupo, hay uno que siempre ha destacado entre los entendidos como uno de los más redondos, y es “Strangers in The Night”, de los británicos y tremendamente influyentes, pero algo dejados de lado por la gran historia, UFO.

Formados a fines de los 60 como Hocus Pocus, estos ingleses toman su nombre definitivo en honor al club londinense donde tocaban cuando consiguieron su primer contrato discográfico, en 1970. Con su formación original, editan tres trabajos (dos en estudio y uno en vivo en Japón) con un sonido de rock duro con tintes de blues y space rock. No sería hasta 1973, cuando llega desde Scorpions y con 18 años de edad el prodigio guitarrista alemán Michael Schenker, que UFO comenzaría a escribir las páginas más doradas de su historia: los discos “Phenomenon” (1974), “Force It” (75), “No Heavy Petting” (76), “Lights Out” (77) y “Obsession” (78) muestran a una banda que exuda rock puro y duro por todos sus poros, con un enfoque más directo, afilado y aguerrido, que sin duda sienta las bases para el heavy metal de los 80, espoleados por el talento y sonido de la enorme guitarra de Schenker, para mí uno de los guitarristas más geniales e innovadores del hard rock de los 70, junto a su compatriota, amigo y reemplazante en Scorpions, Uli Jon Roth, y antes de la aparición de Eddie Van Halen.

Precisamente, “Strangers in the Night” documenta en vivo el período clásico de la historia de la banda. Fue editado en enero de 1979, poco después de la salida de Michael Schenker del grupo por diferencias irreconciliables con el vocalista Phil Mogg, pero las tomas seleccionadas son con el alemán a las seis cuerdas. No hay concesiones a la etapa inicial del grupo y el resultado es un trabajo vibrante, de poco más de 70 minutos de duración, que entusiasma y exhorta al oyente a subir el volumen de su amplificador, para sentir lo más presente posible el golpe eléctrico del directo del grupo. Sería un hito tan importante en la carrera del grupo que incluso hasta el día de hoy basan su repertorio en vivo en el material editado en este doble álbum.

El rugido del público de Chicago (donde se grabó el grueso de este registro) da el inicio a este “Strangers in The Night”: la presentación del maestro de ceremonias “Hello Chicago!!! Would you please welcome from England, UFO!!!!” y el riff ganchero de ‘Natural Thing’ abren los fuegos del rock. Arrancan las guitarras de Schenker y Paul Raymond (que además toca teclados), se suma la base rítmica del bajista Pete Way y el batero Andy Parker, y entra la voz de Phil Mogg, aguardentosa, que contagia fuerza y garra, para llevar este contundente tema, que se funde con ‘Out in the Street’, muy similar en su cadencia, pero más elegante por la entrada de los teclados y esas pausas donde los teclados y la voz preparan el terreno para gruesos riffs de guitarra, que explotan en los coros.

‘Only You Can Rock Me’, con su coro ganchero, mantiene la cosa muy arriba, pero estos tres tracks no hicieron más que calentarle el terreno al primer momento realmente enorme del disco, me refiero a ‘Doctor Doctor’: con una introducción sutil en teclados y guitarra, luego sube en intensidad para explotar en un tremendo riff, coronado por ese punteo tarareable de Michael Schenker. Qué temazo, un clímax de casi cinco minutos, no por nada Iron Maiden utiliza la versión original del mismo (que aparece en “Phenomenon”) para arrancar todos sus conciertos.

Tras 'Doctor Doctor', damos vuelta el disco uno y el fuego continúa ardiendo con la precisa 'Mother Mary', otro compendio de sólidos riffs, una voz aguerrida y una base firme como roca. 'This Kid's' aporta un poco más de complejidad con una métrica rítmica irregular y un lucido arpegio de piano en los coros, y el segundo gran momento del álbum golpea con la épica power ballad 'Love to Love', en una versión apretadísima, llena de sentimiento como también de adrenalina y potencia, donde los protagonistas son el piano de Paul Raymond al inicio, Phil Mogg durante el tema con una interpretación que viene desde el alma, y un tremendo solo de Schenker en el último tercio de la canción.

El lado tres del álbum es quizás el momento más intenso de todo el disco, con dos temas impresionantes, uno es el trallazo 'Lights Out', con sus guitarrazos heavy de la más pura cepa y la explosión del público de Chicago cuando la ciudad es nombrada en el coro, y el siguiente es 'Rock Bottom', el más pedido por la audiencia, iniciado con una pequeña improvisación que desencadena en el tremendo riff que define a esa canción, una oda al rock duro más adrenalínico y vibrante, un largo solo de guitarra y jam grupal y la vuelta al tema, que termina durando más de once minutos en una versión brillante y aclamada con una ovación.

Y para el lado cuatro queda el encore: cuatro tracks más interpretados con perfecta precisión: ‘Too Hot to Handle’ es UFO haciendo hard rock a sus anchas en un tema ganchero y pegajoso, ‘I’m a Loser’ integra un factor más melódico y dominado por el piano eléctrico, en ‘Let It Roll’ la banda parece explotar de rock, con el doble bombo de la batería machacando en tresillos, y ‘Shoot Shoot’ cierra este doble álbum con su irresistible riff descendente a la salida de los coros. Tras escuchar ininterrumpidamente este trabajo, más claro queda por qué es tan bien considerado por entendidos y tan reverenciado por fans ilustres como Kirk Hammett, Slash, Steve Harris o Dave Mustaine, entre otros. Es una auténtica joya, perfecta para descubrir a una tremenda banda, injustamente relegada a un segundo plano, pese a lo contundente de su producción en su período clásico.

Pedro Ogrodnik C.

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