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10.000 Days

10.000 Days

10.000 Days

Miércoles 22 Junio, 2011

2006. Virgin

No es nada extraña la larga espera que antecede a “"10,000 Days"”, ni tampoco es extraña la enorme expectativa que se crea alrededor de la edición de su último disco. Sus sonidos y sus motivaciones siguen siendo precisamente los mismos de siempre –las marcadas líneas de bajo, la excelente batería, la guitarra punzante, la voz envidiada; las observaciones agudas a la sociedad- y entonces, ¿qué es lo que podría ofrecer Tool que nos sorprendiera a todos de una sola vez?

“"10,000 Days”" en sí es una pieza que reúne metal y ocasionales ambientes tensos a lo Pink Floyd, retratos de decadencia y dolor por la pérdida, claramente, no fáciles de procesar para los oídos vírgenes. Y es que cuando se oye y se pone cuidadosa atención a este disco de Tool una canción puede sonar a mil más, puede sonar a Meshuggah, a Rush, a King Crimson, a thrash de los ochenta, configurando su arte matemático (no por eso frío y calculador)  para atravesar el pabellón auditivo y llegar a remover el cerebro, a reanimar a las neuronas moribundas por causa de la televisión y la consecuente inactividad mental humana.

Y si es que el cerebro acepta la metáfora de que una canción taladre los sesos, el primer acto, ‘'Vicarious'’, cumpliría a cabalidad con su destino. Con una guitarra que engaña en un comienzo y pretende ser similar a '‘Schism'’, que en unos instantes desencadena unos riffs mucho más pesados, todo gracias a la obra del maestro Adam Jones, junto con las metaleras interpretaciones de Chancellor y Carey (llamado uno de los mejores bateristas del globo). Por otra parte, da la impresión de que Keenan se agotó de ver las noticias en horario prime sin poder hacer nada, sin que fuera escuchado. Se cansó de observar como caían las piezas y hoy sólo necesita verlas desaparecer –pero desde cierta distancia- es por eso que se oye al vocalista mucho más sumido en una introspección, una calmada desesperación de estar con las manos atadas y de poder sólo gritar que el universo es hostil en lugar de hallarse furioso, al menos no explícitamente.

Cuatrocientos veintitrés segundos más tarde, Tool continúa con '‘Jambi'’, otro tema donde el principal protagonista es la pesadez con que pueden llegar a sonar cada uno de los instrumentos de la banda. A diferencia de "“Lateralus"”, que en su conjunto forma un ambiente denso y espeso, “"10,000 Days"” es mucho más acelerado, intenso y épico, pero no por eso, y como característica inherente de Tool, de rápido entendimiento.

‘'Wings for Marie (Pt. 1)'’ y '‘10,000 Days (Wings Pt. 2)'’ conforman una dedicatoria de Keenan a su madre Marie, a quien ya había nombrado en ‘Judith’ de A Perfect Circle. Fueron aproximadamente 27 años, o 10.000 días, los que ella pasó en una silla de ruedas detenida por una parálisis, desde que sufrió de un derrame hasta su muerte. Ambas canciones, en un espacio de 17 minutos, están cerca de formar un instrumental, en el que la voz de Keenan pasa a mimetizarse con los bajos y apesadumbrados tonos de estas melodías y los fúnebres sonidos de una lluvia que cae y unos relámpagos que quiebran. Al final, esta sola y gran composición nos convierte en voyeristas del dolor de Keenan o en un mismo “vicario”, en que nos ponemos en el lugar de Keenan para sufrir la misma tristeza. Se agradece a Tool y a su vocalista por una demostración emocional de tanta importancia, y lo que es más, de una belleza inexpugnable.

Otros han definido a “"10,000 Days"” como una “serie de momentos de alto vuelo”, lo que calza perfectamente con '‘The Pot'’, una canción semi tribal, donde Tool incluye por primera vez instrumentos como timbales –bajo la densa línea de bajo-, una guitarra obviamente rompedora y una dulce interpretación de Keenan.  Así también destaca ‘Lipan Conjuring’, un conjuro que podría ser llevado a cabo por el shamán Keenan a fuerza de puro grito y meditación para espantar los malos espíritus… y que da el paso a 'Lost Keys'’, otro instrumental con un diálogo sobre la música. Esa ha sido una de las grandes quejas de los fans de Tool en contra de “"10,000 Days"”, que plantean que casi en la mayoría de las canciones la voz de Keenan está ausente. ¿No se podría considerar que él abre la boca sólo cuando es necesario? Por lo demás, la voz de Tool está ahí presente en cada uno de los tracks, sólo que en algunos se encuentra de forma más sutil, como susurrando.

Después de escuchar este disco, una o diez mil veces, queda la sensación de que Tool puede reinventarse como quiera y cuando quiera, sonando siempre como Tool, siendo siempre como Tool: una banda que no transa con la industria, la falsedad ni el periodismo, pero que a la hora de sentarse a componer, elabora una pieza inigualable tras otra. Este es el caso de "“10,000 Days"”, un álbum que se convierte en una obra única no sólo para aquellos que gustan del grupo sino también de la música grandiosa. “Con la música, el alma se alegra y se eleva a los dioses”, con Tool, nos cuestionamos si en realidad existen o son producto de una ecuación imaginaria. El consuelo llega cuando nos damos cuenta que Tool está ahí, al alcance, sólo basta ir a buscarlo.

María de los Ángeles Cerda

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