Se encuentra usted aquí

Odessey And Oracle

Odessey And Oracle

Odessey And Oracle

Miércoles 27 Julio, 2011
1968. Date

Entre el innumerable arsenal de falacias que circulan de boca en boca por el mundillo de la música popular, y especialmente del rock (entiéndase hard rock), hay un par asociadas, o mejor dicho “dedicadas” al pop, que pueden llegar a causar escalofríos a más de alguno. El desprecio por el pop (utilicémoslo como sinónimo del rock menos estridente, tal vez con la menor presencia de guitarras, es decir, el mismo significado prejuicioso), que es un estilo más “simplón”, de escasa creatividad, falto de emotividad y/o intensidad, e incluso que es “música de plástico”.

Tales prejuicios, me parece, comenzaron a estandarizarse a partir de fines de los setentas, con la música disco y todo ese fenómeno, y se acentuó en la nefasta década del ochenta. Y hasta el día de hoy, podemos concordar en casos en que la situación es así, plástica, simplona, quién sabe. Pero a no generalizar. De que el rock es rock que ha tenido que convivir y alimentarse del pop (y alimentarlo también, claro). Desde los mismísimos Beatles. Los años sesenta fueron una buena época para la alianza pop-rock. Unión donde The Zombies se ganó un nombre. Y varios calificativos… de “notable” para arriba.

Y “Odessey and Oracle” enaltece al pop. Como casi todo lo que The Zombies hicieron en su momento. Acá hay más ideas que en muchos de los best-sellers del rock en las tres décadas que le siguieron. Un fenómeno parecido a los Beach Boys era "Pet Sounds", de todas maneras. Riqueza en las melodías, en los arreglos, y en los detalles. Vamos a ver. O a escuchar.

‘Care of Cell 44’ comienza bien simple, base rítmica, el característico teclado de Rod Argent, y la dulce voz de Colin Blunstone, otro de los sellos que hicieron distintivo el sonido de los Zombies. Una melodía de aquellas tan características que brotan del lado más elegante del pop inglés. Kinks, Hollies, todos van por esta misma senda. El tema se pasa volando, pero uno no se da cuenta cómo se van incorporando segundas voces, armonías de fondo, teclados más gruesos, y aparecen quiebres que más que calmar las emociones, funcionan a la perfección para que la arremetida del coro sea una explosión de colores.

‘A Rose for Emily’ parece una balada de piano cualquiera, que relata la triste historia de la difunta Emily, a la que nadie le va a dejar flores a su tumba. Y mágicamente, cuando Blunstone dirige sus palabras al recordado personaje, cae desde el infinito un manto de voces celestiales que revive el espíritu de la muerta. Tan breve, tan simple, tan perfecta. ‘Maybe After He’s Gone’, ‘Beechwood Park’, ‘Hung Up On a Dream’ o la absolutamente alucinante y casi inalcanzable ‘Brief Candles’ tienen todos estos elementos en común, pero distintas formas de manifestarlas: melodías, riqueza en los arreglos, múltiples colores, y mucha intensidad.

Es difícil llevar a palabras lo que sucede con discos como “Odessey and Oracle”. Son cancioncillas pop tan perfectamente construidas y tan artísticamente equilibradas que a un seguidor del estilo, lo pueden dejar sin habla. Hay algo que va más allá de una simple melodía o de un sonido en particular, y es ese halo a grandeza que se transmite en las composiciones. El mellotron de ‘Changes’, por ejemplo, no hace su trabajo por sí solo. Tampoco bastaría con la épica instrumentación o los coros sobrenaturales. Hay algo más “en el ambiente”. Y me imagino que va en la coherencia del trabajo, la autenticidad, la originalidad, la convicción, todo aquello que lleva a su máximo potencial a una banda.

The Zombies estaban por separarse en 1967. Pero hicieron un último esfuerzo, especialmente Argent y el bajista Chris White, los cerebros detrás de la banda (que aportaron cinco y siete temas, respectivamente). Y el resultado de ese trabajo se refleja aquí. Sí, es cierto, ya habían pasado “Pet Sounds”, ya había sido editado “Sgt. Pepper”, y el hippismo elegante de Donovan también era reconocido. Aquellas influencias dejaron su huella, y algo de eso se percibe en The Zombies. Pero es en definitiva la cruza de estilos, con el pop más cariñoso y elegante, la que colocó su nombre entre los gigantes de los sesentas.

‘I Want Her, She Wants Me’ es un buen ejemplo de este pop de fantasía, casi adolescente, que pareciera llegar cinco años tarde al encuentro, pero no suena extraño entre esta colección de temas más atrevidos y sicodélicos. Como ‘This Will Be Our Year’, que toma la elegancia clásica británica, la llena de vientos, un piano bien entrador, y una melodía de ensueño, en solamente dos minutos de arte. Tan poco estridente, y tan potente. ‘Penny Lane’, afírmate.

En ‘Butcher Tale’, el órgano retumba como en una catedral, y entremedio se meten unos efectos sonoros tan notables como imperceptibles. La alegría de ‘Friends of Mine’ vuelve a evocar al 63 o 64, con la misma frescura, con la misma energía, pero con más atrevimiento. Y para el final, bueno, ‘Time of the Season’. Un bajo hipnotizante, una voz y unas palmas que aparecen por un costado, un coro lleno de ácido, y el teclado de Argent que se va a trippear por ahí. Esos momentos tan vibrantes, con tanta vida propia, que se te mete por los poros, y el resto es difícil de explicar. Bueno, quien haya escuchado alguna vez el que es uno de los mayores himnos sicodélicos de toda la década del 60 (la de la auténtica sicodelia, claro) sabe a qué me refiero. El blanco y negro transformado a un arcoiris lentamente, nota a nota.

Este pop barroco y sicodélico se las ingenia para hacer mucho, dejar la sensación de haber hecho muy poco y dejarlos a todos tranquilos con ello. Porque esta es música que te estimula todos los sentidos, y lo que el oído capta a primeras son solo las capas más superficiales de la misma. Poco más por agregar me queda. Escuchen, disfruten, sientan, emociónense y vean la vida en colores. Nunca es malo.

Juan Ignacio Cornejo K.

Tags: 

COMENTARIOS

Contenido Relacionado