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Fun House

Fun House

Fun House

Miércoles 27 Julio, 2011
1970. Elektra

No creo exagerar al decir que aquel que no es fan de The Stooges es simplemente porque nunca los ha escuchado. Es cierto, no eran grandes compositores y a alguno le costará enganchar con ellos, teniendo tan pocos temas “famosos”. Pero no conozco una agrupación en la historia del rocanrol que haya sido más insalubre y peligrosa que el cuarteto que comandaba el inigualable Iggy Pop. AC/DC, Motörhead, Alice Cooper, Sex Pistols, The Ramones, Guns N’ Roses... la lista es larga, pero estos son algunos de los tantos ejemplos de agrupaciones que, con todo merecimiento, fueron ubicados en dicho sitial.

Hace un par de años comenté “Raw Power”, apartando un poco “Fun House”, básicamente porque esa canción “famosa” sí estaba en el clásico de 1973: ‘Search and Destroy’. Pero el tiempo nos ha enseñado a todos que no necesariamente un gran disco debe tener un gran himno contenido para justificar su estatus. A veces, un LP representa mucho más que sus canciones analizadas una por una. No tiene que ser un manifiesto artístico. Simplemente, y aquí hay que poner el acento, debe tener un significado. Esto no se trata de tirar un montón de canciones juntas y venderlas como una copia física de larga duración; un álbum debe hacer historia por el valor agregado que significa en un trayecto musical, y ahí los Stooges le patean el trasero a la mitad de sus contemporáneos que también han tenido su espacio aquí.

Salvo los MC5, no tengo recuerdo de alguna banda que a fines de los sesenta haya anunciado la obsolescencia de sus colegas tan rudamente como lo hacen Pop, Dave Alexander en el bajo, y los hermanos Ron y Scott Asheton. No quiero ponerle el ojo exclusivamente a la aparición del punk; aquello tiene más razones para haber aparecido y explotado que The Stooges. Pero el valor de este registro está en lo encantador y artístico que podía llegar a ser lo feo. La música fea, el sonido malo, el toque descalabrado. Incluso los movimientos más lejanos al mainstream de la segunda mitad de los sesentas, explorando la sicodelia, dándole una vuelta de tuerca al folk y/o abrazando la crudeza (en esta última apuesta, estaban los Velvet Underground como insignias), todos tenían su belleza. La luminosidad de los colores, la belleza melódica, o el romanticismo del desencanto. Incluso Black Sabbath tenía su lado amable, con riffs coreables, que después de todo, retoman el embrujo de la melodía. Pero The Stooges no. No tenían nada.Y lo hicieron todo.

Cómo negar lo buena que es ‘Down On the Street’. Qué significativo el nombre. Callejera, intimidante, filosa. El riff del difunto Ron es de película, con estrofas que desafían al auditor sólo de reojo, y para no caer en la obviedad de un coro tradicional, el tema estalla más como un acto reflejo que como una pretensión cancionera (cuando Iggy grita “no wall”, más como una acusación que como un simple alcance, y luego, en la desesperación, ruge “I’m lost”) hasta emprender su marcha de regreso a la oscuridad, otra vez, mirando al enemigo de reojo. Insuperable.

‘Loose’ invita casi al baile. Pero finalmente uno no lo hace, porque eso es precisamente lo que acusa Iggy con sus versos. Entre diciendo “I took a record of pretty music”, reafirmando que la suya no lo es. Y es por eso también que el coro tiene esa tan inesperada tendencia melódica: todo esto es una broma, una suerte de parodia a la “música bonita” y a toda la gente que la sigue. Como broma es buena, y como canción, monstruosa. Sin tomarse en serio a si mismos, los Stooges exigen respeto en base sólo a buenas canciones.

El arranque de “Fun House” es espectacular. ‘Down on the Street’ y ‘Loose’ la rompen, de eso no hay duda. Pero ninguna de ellas le hace sombra, me parece, a la volcánica ‘TV Eye’. Por el riff, por el desenfreno, por el sinsentido que parece representar. Uno de los argumentos para afirmar que The Stooges no inventó el punk es que ni siquiera tenían canciones rápidas (el creador de eso fue Johnny Ramone). Pero ‘TV Eye’ tiene un elemento que pocas veces se destaca del buen punk: que sabe condensar distintos elementos para entregar una versión casi monótona de algo, pero tan contundente que deja poco que decir.

En este track conviven las crisis de pánico de tanto ácido, la suciedad propia de la banda, la distorsión llevada al límite, los solos de guitarra, el ritmo monótono, la lírica insulsa, el peligro que reflecta (o debía hacerlo) el auténtico rock & roll, y la irresponsabilidad juvenil. No sé cómo ponerlo más claro: ‘TV Eye’ es todo, sin ser nada, al mismo tiempo. Escuchándola, se me aparecen las grabaciones australianas de AC/DC, los primeros (y mejores) momentos de Sub Pop (Green River, Melvins, Malfunkshun), y hasta las exploraciones de Mike Patton. De los Sex Pistols, ni hablar, resulta casi obvio. Pocas canciones, con casi nada, simbolizan tanto.

‘Dirt’ está ahí para demostrarles a todos que The Stooges es mucho más que intuición y descontrol. Esa chapa facilista que les cae encima pierde peso con enlaces como estos. Gracias a ‘Dirt’, no se necesita de un mapa para saber que Detroit está muchísimos más cerca de New York que de California. No hay porqué salir a tomar sol donde las nubes tapan todo el horizontes.

‘1970’ es un clásico gracias a su indomable ritmo, con el permanente latido de Alexander y el golpeteo de Scott, pero también gana fama por el engañoso optimismo (más conformismo y alucinación que felicidad) de la frase “I feel alright”. Esa es la decadencia de The Stooges, sí. ¿Y ese saxo de dónde aparece? Nadie lo sabe, la canción pedía cualquier cosa menos un saxofonista. Bueno, esa es la mejor respuesta entonces, encaja con la ácida ambientación del infierno interno en que parecían habitar los músicos.

‘Fun House’, la canción, comienza tal cual ‘1970’ concluía: saxo y la frase “I feel alright”. Luego adquiere un tono jazzero, y nos recuerda que todo el mérito artístico que el grupo pudiese tener venía de su instinto asesino: ninguno de ellos aspiraba a ser un intelectual, a escribir textos que contuvieran el pestañeo, o que los consideraran “artistas” de manera integral. O sea, ninguno quería ser Lou Reed (las vueltas de la vida, Iggy). Y la canción se mueve así, sin una estructura tan clara, con mucha libertad, carente de seriedad, casi como una jam. Tiene algo funk, pero es difícil de seguir. El nombre, no sé bien qué tipo de “cas” representa, pero parece ser un espacio mental más que un lugar físico. Es tan abstracta y deforme, que se hace indescriptible.

Si me rendí en la tarea descriptiva de ‘Fun House’, entonces con ‘L.A. Blues’ habrá que darle algunas vueltas más. Es que no es una canción. Es una improvisación, una versión mucho más distorsionada y oxidada del free jazz que tanto los cautivaba. También se puede ver como una representación del desmoronamiento de un grupo que tenía que hacer esfuerzos sobrehumanos para mantenerse unido y no colapsar en el intento. Pero lo claro es que no es un relleno: es el track que mejor describe a los Stooges en todo el disco. Detalle no menor.

“Fun House” es el disco menos popular del grupo, seguramente. Creo que no solo es el mejor, sino el que mejor los retrata. Estamos hablando de un álbum y un conjunto que eran tan buenos que pudieron haber dejado la industria del hippismo y el rock-blues hecha polvo. Pero estaban tan fuera de control, que no alcanzaron. Pero su corta lucidez fue suficiente para dejar un par de discos históricos, y un legado que hasta el día de hoy sigue infectando heridas y rasgando vestiduras. Un LP demasiado bueno para haber sido real. Al menos, para haberlo sido en 1970.

Juan Ignacio Cornejo K.

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