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The Stone Roses

The Stone Roses

The Stone Roses

Miércoles 20 Julio, 2011

1989. Silverstone

Durante la segunda mitad de los ochentas, el rock británico tenía un tibio presente y un preocupante futuro. A los nombres de The Cure, U2 y The Smiths, había muy poco que agregar. Peor aún, de esas 3 agrupaciones, sólo la encabezada por Morrissey era “british”, pues las otras dos tenían un sonido demasiado “universal”, lo cual nunca ha caído muy bien en el Reino Unido. The Smiths tenían su estilo propio, y lo hacían de gran manera, no cabe duda. Pero eran “demasiado grandes”, casi inalcanzables. Unas eminencias, por decirlo así. No tengo idea qué era lo que buscaban los jóvenes británicos de aquella época, tal vez sentir que el rock tenía los pies puestos sobre la tierra, quién sabe… pero sea lo que fuere, lo encontraron en una banda llama The Stone Roses. La gran masa rockera los desconoce, pero para los británicos, su álbum debut (es decir, éste que comentamos ahora) es uno de los 5 discos más grandes de la historia, por lo menos.

Su álbum debut” es a todas luces un discazo. Pero a primeras, debería quedar sólo en eso. ¿Qué hizo que trascendiera tanto más que eso? Bueno, la respuesta es bien simple: los jóvenes. Los líderes surgen cuando se les necesita, y la juventud inglesa requería de un fenómeno como los Stone Roses. Vibra joven, con mucho ritmo y actitud; letras simples, con rasgos del idealismo adolescente que The Smiths por ejemplo no tenía; y una consecuente cercanía con esa generación en particular, los cuales al alcanzar el éxito propio no olvidarían a sus héroes. Esos chicos Gallagher, Albarn, Coxon, Anderson y otros que después la reventarían con el britpop, todos tomaron a Stone Roses como el nuevo espejo, el nuevo horizonte de “lo que querían ser”. Ian Brown, el frontman de los Roses, era de alguna manera el símbolo de lo que su banda representaba: esa apariencia tan “común”, tan “hágalo usted mismo”. La manera en que Brown tomaba el micrófono fue imitada por años por Damon Albarn de Blur. Y todo lo otro se lo acaparó Liam Gallagher, y de eso no hay dudas. Ese aspecto de “niño tonto” en escena tuvo su escuela en Ian Brown. Y, en este caso, me atrevo a decir que el alumno no pudo superar al maestro.

Cuando digo que los líderes sirven cuando se les requiere, es para remarcar cuanto mérito de su fama fue propia y cuánto de la deseosa juventud inglesa. Tanto entusiasmo generó este cuarteto, que los fans dejaron pasar incluso las evidentes falencias vocales de Brown, tal vez uno de los cantantes más deficientes en la historia de las “grandes bandas”. Pero lo que quedó fue el pop-sicodélico de guitarras, con mucha onda dance y una importante dosis de melodías, además de la capacidad única de los Roses para generar atmósferas con cada una de sus composiciones. Ése fue el gran aporte musical de Stone Roses. Y es lo que en definitiva cambiaría el mundo 5 años más tarde…

Cuando hablamos de Ian Brown, hablamos de un tipo tremendamente arrogante en el escenario. Pero cuando canta ‘'I Wanna be Adored'’, el primer track de la placa, su delicada voz parece flotar por el aire pidiendo cada vez con más ganas que le adoren. El inicio de este tema fue todo un indicio de lo que proponían los Stone Roses: una especie de actualización de la sicodelia de mediados de los sesentas, mucho más evolucionado, con un bajo inicial de Mani que casi de casualidad encentra a la guitarra de John Squire haciéndole una especie de eco, imitando cada uno de sus pasos, mientras los sonidos intergalácticos siguen adornando el fondo.

Después de este brillante inicio, nos topamos con otra gema pop: ‘'She Bangs the Drums'’. Probablemente el mejor coro de todo el rock-pop inglés de toda esa década. Y más que seguro, la más irresistible de toda la placa. La guitarra inicial es una invitación a bailar. Brown también hace lo suyo, porque así como en la apertura (y casi todo el resto del LP) parece flotar, aquí se le siente mucho más terrenal y energético. Con ese desparpajo que posee, termina por rematar a esos viejos estandartes ochentenos con un sutil “'You’'re All Out of Time'”. El vocalista de los Roses pone la bandera de su banda entre los grandes del rock inglés sin que nadie se lo pida.

Si ‘'She Bangs the Drums'’ era la más irresistible de “The Stone Roses”, ‘'Waterfall’' se lleva el segundo lugar. Y por poco. Claro, no tiene la energía rejuvenecedora de la pieza anterior, pero posee unas guitarras sesenteras, muy juguetonas, casi infantiles. La melodía vocal también es muy alegre, y la base rítmica no hace otra cosa que hacer más cálido el ambiente, mientras la protagonista de la historia intenta liberarse de todo lo negativo que ha visto. Me atrevo a decir que no hay ninguna nota demás. Es simplemente perfecta.

Tan buena es '‘Waterfall'’, que la cuarta pista, ‘'Don’'t Stop'’, está grabada sobre un demo de ese tema. Sicodelia pura, digna de los mejores momentos de los Beatles. ¿Parecida a la canción “inspiradora”? Totalmente. Y esa es la gracia. A ver quién más de atreve a hacer algo así, y poner ambos tracks juntos más encima. Brillante. Genial. ‘Bye Bye Badman’ es otra gran melodía, con mucho ritmo y muy contagiosa. Lamentablemente, tiene a ratos 3 guitarras sutilmente sobrepuestas, lo que hizo que fuese casi imposible de hacerla en vivo. Lo más curioso es que a la primera escuchada, pareciera ser asombrosamente simple.

‘'Elizabeth My Dear'’ es una preciosa pieza acústica, que me recuerda demasiado a artistas como Jim Cross, Don McClean o Simon & Garfunkel. Es de esa onda, pero dura lamentablemente sólo 54 segundos… Una pena. De lo bueno poco, está bien. ¡Pero no tan poco, por favor! ‘'Sugar Spun Sister'’ es el único momento en que (con o sin intención) los Stone Roses logran sonar como The Smiths. Insisto en mencionarlos a ellos, porque mal que mal era casi lo único de lo que se hablaba en UK, especialmente después de “"The Queen is Dead"” de 1987. Pero esa es otra historia…

‘'Made of Stone’' es otra obra maestra. Simplemente porque tiene un coro alucinante. ¿Les ha pasado que a veces escuchan una canción y están seguros de haber oído esa melodía antes? Bueno, aquí’ les va a pasar. No hay palabras. Además de ellos, en las estrofas los Roses juegan con mucha delicadeza a ser The Beatles, mientras en la parte instrumental Squire se titula de crack al mismo tiempo que Mani y Reni se ponen a la altura de cualquier dupla rítmica que le quiera hacer el peso en los últimos 25 años. Y ese talento se va acompañado de una gran versatilidad en la funky ‘'Shoot You Down’'.

'‘This is the One'’ es de esas joyas con historia dignas de recordar. Cuenta la leyenda que el productor del disco encerró a los 4 miembros del grupo en una pieza y dijo que no saldrían de ahí hasta que tuviesen un tema. ¡Y así le respondieron! Fenomenal. Primero, los cambios de ritmo, casi zeppelianos; la evolución de la intensidad, esa sensación de algo que crece y crece y parece no tener techo; por otro lado, los detalles sonoros que se incorporan a medida que la guitarra se recrudece a cada segundo que pasa. Una vez que se acelera, los Roses nos hacen sentir liberados, aliviados por completo. Cada disco clásico debe tener su diamante en bruto. Y éste es el caso para el debut de los Stone Roses.

'‘I Am the Resurrection'’ es el final, el dulce y épico final. Lo más grandilocuente que hay en esta placa, es tan atrevida, tan desfachatada… Uno va a caballo con el tema aproximadamente a los 3 minutos, y de la nada deciden que deben terminar con eso y se largan un jam de 5 minutos sencillamente descabezado. Y con ese simple jam final, abren la puerta para que en los noventas existieran Kula Shaker, Ash y algún otro que se me escapa. ¡Todo a partir de estos 5 minutos! Bueno, los primeros 3 minutos les comenzaron a por mostrar el camino a Oasis, The Verve y, especialmente, Blur. Si no han visto a Stone Roses en vivo, se los aconsejo, porque ‘I am the Resurrection’ casi siempre fue la encargada del cierre, y era absolutamente intimidante. Cuánta seguridad… y cuánto talento.

No conozco a nadie que se haya hecho fan de los Stone Roses en la época que este disco salió. Probablemente porque a esa altura era inimaginable la influencia que tendría sobre una escena entera, gracias a lo variado que es. Si alguna vez escuchaste britpop en la radio, sin que siquiera te haya llamado la atención, se les va a partir la cabeza saber que este “The Stone Roses” salió 5, 6 años antes. Por esa razón, podríamos decir que fue el último disco en Inglaterra que cambiaría el mundo. Al menos el que se vive en la Isla. Lo que voy a decir puede sonar a exageración, pero si alguna vez se les quema la casa o algo por el estilo, asegúrense de rescatar este CD. Cada día que lo escuchen les va a parecer mejor.

Juan Ignacio Cornejo K.

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