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Exile on Main St.

Exile on Main St.

Exile on Main St.

Jueves 12 Julio, 2012

 

1972. Virgin
 
Después de un poker de aclamados lanzamientos (tres discos de estudio y uno en vivo, todos calificados dentro de lo mejor de la época), los Rolling Stones estaban convencidos como nunca de sus capacidades. El destino – y las deudas – los llevaron a Francia, en donde pudieron apartarse un poco del frenesí propio de la escena rockera de la época, que no paraba de sacar a la luz nuevas y grandes propuestas, pero que también presionaba a sus grandes números por mantenerse vigentes.
 
Arrendaron una mansión, y se tomaron el asunto con calma. No escatimaron en tiempo, y conservaron la soltura compositiva. En un ambiente aparentemente inspirador, trabajaron en tantas canciones que hubo 18 cortes que se hicieron imposibles de desperdiciar, convirtiéndose este en el primer álbum doble de los Stones. Como suele ocurrir en estos casos, cada faceta presente en la música del conjunto se hace aquí presente. ¿El resultado? “Exile on Main St.”, un clásico imperecedero.
 
El relajo les permitió pasar más tiempo del que jamás imaginaron trabajando en un estudio al cual tenía libre acceso. Esa es, de seguro, una de las razones para que “Exile” suene más a una celebración que a un esforzado y tedioso trabajo de estudio. 
 
Si ‘Rocks Off’ no te enciende el ánimo, nada lo hará. Fantástica melodía, y la energía de una banda que estaba en condiciones de comerse al mundo. Así se ratifica en varios momentos: ‘Rip This Joint’, la fantástica ‘Happy’ (con Keith Richards en voz), y la coreada ‘All Down the Line’.
 
Así como pudimos decirlo para el caso de ‘Rocks Off’, “Exile” contiene algunas de las mejores canciones que la dupla Jagger/Richards alguna vez compuso. ‘Tumbling Dice’, con esa sombra soul pero con la épica propia de los Stones más hambrientos de todos; ‘Torn and Frayed’ no necesita de un gancho para hacerte caer, y si bien tiene ecos de la escena folk-sicodélica de la California de fines de los 60, te lleva de viaje con su vibra; y ni hablar de la grandeza de ‘Loving Cup’.
 
Siendo este un esfuerzo que suena tan colectivo, cuesta creer que todo el trabajo lo hayan hecho sólo Mick y Keith. ‘Ventilator Blues’ es la única en que Mick Taylor es reconocido en los créditos como co-compositor, pero parece evidente de que el guitarrista no resumió su aporte sólo a ello. Cuesta creer que Charlie Watts no haya tenido voz en un tema tan fino rítmicamente como ‘Tumbling Dice’, por citar un ejemplo. Y ni hablar del rol de Jimmy Miller, quien más que productor, aquí se titula de artista.
 
Para el final de esta extensa entrega, los Stones se guardan dos temas que son un auténtico lujo. Su cover a ‘Stop Breaking Down’, de Robert Johnson, es grandioso. Y el soul celestial de ‘Shine a Light’ que con su optimismo y gracia pone un último toque de magia antes de la despedida.
 
Con poco menos de 80 minutos de duración, “Exile On Main St.” es uno de esos discos que uno no quisiera que nunca se acabara. Cuando lo hace, se siente algo distinto. Si este no es el álbum definitivo de los Rolling Stones, es algo realmente difícil de creer. Un broche de oro a una era brillante, irrepetible e histórica para cualquier banda. 
 
 
Juan Ignacio Cornejo K.

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