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Beggars Banquet

Beggars Banquet

Beggars Banquet

Miércoles 27 Julio, 2011
1968. Decca

No vamos a descubrir ahora quiénes son los Rolling Stones en la historia del rock. Ni siquiera nos vamos a molestar en discutir si son o no la banda de rock & roll más importante de todos los tiempos. Tal vez lo sean, tal vez no. Da lo mismo. Simplifiquemos la discusión. Puede sonar pelotuda la pregunta, pero se entiende el propósito. ¿En qué momento los Rolling Stones empezaron a ser los Rolling Stones? Es decir, qué fue lo que los llevó a otra dimensión, los separó de toda su generación y los posicionó como “indispensables”. Casi todos los análisis, fanatismos de lado, nos llevan a este disco, a esta época, a este sonido y a estas canciones.

La odiosa comparación con The Beatles no puede dejar de hacerse. Los 4 de Liverpool tenían a principios del 68 discos mucho más elementales a su haber, partiendo por el “Sgt. Pepper”, donde le sacaron una buena ventaja, principalmente porque los Stones aún no se decidían a ser la banda peligrosa y atrevida que todos sospechaban que eran. Los tiempos de ‘Ruby Tuesday’, de “The Aftermath” y todo eso, habían sido brillantes, pero lejos del sucio blues que inspiró sus primeras obras. Incluso antes, con “12x5”, por ejemplo, no había dudas que Jagger, Richards y compañía tenían con qué llegar al cielo. Estaban ahí, a un riff de distancia…

Ese riff lo pondría, cómo no, Keith Richards (aunque Bill Wyman lo reclama como propio). Aquel tema pasaría a ser uno de los primeros himnos de lo que hoy conocemos como “classic rock”, y es uno de sus caballos de guerra hasta el día de hoy: ‘Jumpin’ Jack Flash’. Ese sonido, tan único y reconocible, fue logrado por el mismo guitarrista, registrando un par de acústicas en una grabadora de caset para lograr algo más condensado. El resto, es historia. Esa “vuelta a las raíces”, como a los medios les encanta decir a la hora de referirse a ‘Jumpin’ Jack Flash’ y al sonido del “Beggars Banquet”, era en el fondo la redefinición de lo que los Stones querían hacer hacia delante: adiós Invasión Británica, adiós parámetro convencionales, adiós amabilidad. Bienvenido el rock & roll.

El asunto con ‘Jumpin’ Jack Flash’ es que no pertenece a “Beggars Banquet”. Es parte de las mismas sesiones, sí, pero fue editado como single antes de la salida del álbum y no se incluyó en él. Algo así como el mismo caso de ‘Strawberry Fields’ de The Beatles y su exclusión del “Sgt. Pepper”. Ambas situaciones tienen otro punto en común, que es seguramente lo que más nos abrirá los ojos: ni ‘Jumpin’ ni ‘Strawberry Fields’ son cosas que se hubiesen hecho antes. Al menos a ese nivel. Y, como ya sabemos, la historia de los Rolling Stones tiene un antes y un después de esa composición.

La sensación que primero genera ‘Jumpin’ Jack Flash’ es la de todo el “Beggars Banquet”: la de simplemente “ir”. ¿A dónde? No sé, pero dejémonos llevar y “vayamos”. Eso es lo que tienen los 10 tracks del disco. Eso hace que ‘Sympathy for the Devil’ sea tan incontrolable. Porque da la impresión que los Stones “fueron” por ella, y una vez que se metieron en el asunto, se dejaron llevar nomás. Como alguien una vez me dijo, este tema lo grabaron los Rolling “antes de aprender a tocar todos juntos”. Es descabellada, es sucia, divertida, bailable, tomable y fumable. Es todo un concepto el que acompaña la interpretación. Porque Jagger ni siquiera se preocupa en sonar afinado, porque las percusiones son una locura, la guitarra te quema los oídos, las voces de fondo emborrachan la imaginación… La letra es una volada, pero a la vez es provocativa. Si el hippismo no abría tantas mentes como lo pretendían, los Stones se aprovechaba y se reía de los conservadores, primero con el provocador título del “Satanic Majesties” y ahora con ‘Sympathy for the Devil’. Si a alguien le quedaba una duda de que Mick Jagger podía ser el diablo, él lo aclara hablando en primera persona. Sigo pensando que el diablo es Richards, no Jagger, en todo caso…

El “Beggars” fue el último gran esfuerzo de Brian Jones junto a los Stones. Después de esto, empezó a verse fuera del cuadro. En ‘No Expectations’, por ejemplo, es su guitarra la que acompaña los solitarios rasgueos de Keith, y la canción gana en dimensiones. El brutal abandono en que se siente al quinteto llega a emocionar. Con ‘Dear Doctor’, esa misma amargura se confunde con alegría, pues la harmónica de fondo, las segundas voces y el aire 100% americano de la canción (imposible encontrar a unos Rolling Stones más country) le quitan todo dramatismo.

La suciedad del bar-blues está en ‘Parachute Woman’. Este no es un rock blusero, es un blues rockero. La raíz es una, el camino de desarrollo otro. Sí, los canales colapsan con la voz y la guitarra eléctrica, y la acústica no se escucha tan clara clara ni limpia, enganchando con eso de la “vieja escuela”. Añeja. No como ‘Jigsaw Puzzle’, que no es tan gringa como el resto del álbum, que tiene un bajo mucho más dominante que los otros tracks, y que nos muestra a los Stones en parada más rock tradicional. Más fiestera. Más banda de rock, menos exploradores. Jones juega con la slide como pocas veces lo hizo, y Watts consigue el toque justo para conducir desde el fondo un tema de 6 minutos sin que la intensidad caiga ni un solo segundo. Charlie siempre ha sido así: sin molestar ni robar protagonismo, acomoda las piezas para que el resto de la pandilla juegue a su antojo. Por lo mismo, la potente base rítmica, ‘Jigsaw Puzzle’ suena totalmente a-temporal.

Himnos, los Rolling Stones tienen de sobra. ‘Street Fighting Man’ es uno de ellos. Con una letra que dejó la escoba, en una época en que la gente sí salía a pelear a las calles, y que los llamados revolucionarios estaban a la vuelta de la esquina, ‘Street Fighting Man’ tiene ese brillo lírico de Jagger en que sin ser tan extremo uno se suma a la causa igual. La línea “what can a poor boy do, except to sing for a rock & roll band” trascendió a la canción misma, y con justa razón. El sonido sigue la onda de ‘Jumpin’ Jack Flash’, mientras que el ritmo se remonta a los trabajos más melódicos de los Stones. Rock & roll acústico, con movimiento de caderas y que llama a pasarlo bien, a la vieja usanza. Una mezcla fogosa e irresistible. Un himno que nunca pasa de moda.

‘Prodigal Son’ nos enseña la riqueza de rostros que tenían los británicos. Es un cover a un viejo tema americano, y suena totalmente natural acá. Un manjar, con muchísima onda. Los Rolling Stones y los Allman Brothers nunca estuvieron tan cerca. Pero todos tenemos nuestras regalonas, siempre, y esta no es la excepción. Para mí, la primer en repetirse una y otra vez en mi equipo es y será ‘Stray Cat Blues’, probablemente una de las composiciones de los Glimmer Twins más aptas para pasarlo bien. Los inventores de las fiestas, como lo son los Stones, se despachan este himno a sus incontables groupies, que es simplemente incontenible. La guitarra rítmica por un lado es una locomotora, mientras Keith ensucia y distorsiona todo con su fantástico trabajo en la guitarra principal. El coro se toma con 2 hielos, y ojalá al máximo de volumen. “Apuesto a que tu madre no sabe que puedes morder así, apuesto a que nunca te vio rasguñar mi espalda”. Gracias Mick. Qué sería de nosotros sin ti.

Nos empezamos a acercar al fin de esta obra de arte que roza la perfección de lo que entendemos como buen rock & roll. ‘Factory Girl’ es otra pieza inspirada en el country, donde Richards juega otra vez a ser gringo, y a esta altura, nadie puede discutir que la contraposición entre crudos rocanroles y este tipo de canciones les funcionó a la perfección. ‘Salt of the Earth’, otro clásico inmortal, es la balada que pone el punto final de una forma más sublime que lo que podíamos prever. Sí, es Keith Richards el que canta los primeros versos, y luego su voz deja espacio al canto de Mick y un maravilloso piano. Eso de hacer un brindis por la gente trabajadora no es algo que uno esperaría de parte del quinteto más peligroso de los sesentas. Y por lo mismo, uno atesora este momento y estos casi 5 minutos como un tesoro. También pueden ser chicos buenos. Al menos pueden aparentarlo, y les sale como a los mejores.

10 canciones, solo 10, que conforman un álbum inoxidable. Sumémosle ‘Jumpin’ Jack Flash’ y tenemos el génesis de los años más notables de la carrera de los Rolling Stones. En pleno proceso de cambios, de convertirse en la banda de rock & roll más grande del mundo, de reemplazar a Brian Jones, de redirigir sus propósitos como grupo. El mundo estaba buscando su destino, lo mismo que los Stones. “Beggars Banquet” les sirvió a ambos a ver el futuro más luminoso.

Difícil imaginar el desarrollo del rock sin un  “Sgt. Pepper” o un “Beggars Banquet”. Imposible diría yo. Todo lo que hoy nos hace sentido en la música, parte de acá. Así de exagerado. Led Zeppelin estaba por llegar, Sabbath se estaba incubando, The Who preparaba su obra maestra. Pero las puertas a la libertad la abrieron The Beatles con más gentileza, primero, y los Stones, a patadas, casi al mismo tiempo. Ahora sí, el mundo estaba preparado para peleadores callejeros. Aleluya.

Juan Ignacio Cornejo K.

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