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Electric Ladyland

Electric Ladyland

Electric Ladyland

Miércoles 27 Julio, 2011

1968. MCA

¿Qué introducción se le puede hacer a Jimi Hendrix? ¿Hay algo que ya no se haya dicho con anterioridad? ¿Existe alguien que todavía no sepa de quién estamos hablando? ¿No es simplificar en demasía la historia el hablar de “el guitarrista más importante de todos los tiempos? Desde que Hendrix apareció en el mapa, su talento sobrehumano nos ha generado precisamente más preguntas que certezas. Un artista tan extraordinariamente innovador e incuestionablemente venerado a partir del día cero, provoca cierta inseguridad en lo que todos los mortales damos por sabido. Aseverar que “para terminar por conocerlo todo tienes sí o sí que experimentar a Hendrix” es un error; tras descubrir a Hendrix, nadie puede sentir que ya lo vivió todo. Al contrario, se genera el temor de realmente no saber nada de nada, de volver a nacer.

Ese “no saber nada” es lo que llena nuestras cabezas de preguntas. ¿Podemos separar al compositor y arreglista del guitarrista? ¿Tenemos de verdad algún grado siquiera de cercanía a la magnitud de la importancia de esta morena leyenda de las 6 cuerdas? Se habla tanto de Hendrix, y creo que se tales referencias están tan equivocadas. No creo que sea el mejor guitarrista de la historia, no es tampoco el más virtuoso. Pero es el más importante de todos, el que reinventó el instrumento. Y quedarse en lo del guitarrista me parece tan miserable. Sí, quizás no sea el mejor compositor de todos los tiempos, pero sus tres discos junto a la Jimi Hendrix Experience son elementales. Definitorios. Únicos. E inmortales.

Recuerdo hace ya muchos años cuando no comprendía ni siquiera el fondo del fenómeno Hendrix. No me parecía un guitarrista tan virtuoso, y sus canciones me sonaban un poco cancinas. Fue recién cuando comencé a recorrer el rock con fechas y nombres a la vista que supe a qué se referían todos con este endiosamiento de Jimi. Una vez que se ha escuchado "“Are You Experienced?"” se hace más evidente eso de que “antes de Hendrix no existía el rock”. Algo de cierto hay en esa frase, cómo negarlo. Y es obligatorio oír de corrido “"Electric Ladyland"” para abrir los ojos y terminar por asimilar el verdadero big bang que la escena musical occidental vivió entre 1967 y 1968. Sí, ya estaban los Beatles, los Stones, The Who, Cream, Dylan y muchos otros. Pero es Hendrix quien, de una manera u otra, permite que todos ellos se terminen por hacer trascendentes a nuestros oídos. La diferencia entre Jimi Hendrix y cualquier otro gran personaje de la historia del rock es que él no renegó ni dejó obsoleto lo hecho con anterioridad. Al contrario, desde la nueva dimensión que él creó pudimos tener otra visión, mucho más enriquecedora, de lo que hasta ese momento se había escuchado.

“"Electric Ladyland”", como bien se ha dicho, es el álbum que presenta a Hendrix en toda su amplitud. Y en su mejor forma. Es un disco doble, y aquello ayuda, cómo no. Aquí está todo, con los vicios propios de un héroe venerado en vida. Y eso, contrario a lo regularmente se pensaría, le hace bien a la música. A esta música. Hay que tener coraje para titular ese primer track como ‘'And the Gods Made Love'’. Que no es otra cosa que un exorcismo sonoro para adentrarse en “la obra. ¿“Nunca has ido a "Electric Ladyland"?” te pregunta Hendrix en la siguiente pista, y primera canción en estricto rigor. Sexy, soul y sicodélica.

Rápido desvanecer que colisiona con la inconfundible entrada de ‘'Crosstown Traffic’'. La conjunción entre un riff muy pesado y distintos sazones funky para esta delicia bailable. ¡Qué ritmo! Ya profundizaremos más en ello, pero a Jimi nunca le gustó su voz. Cuesta entenderlo con la interpretación tan justa y viva que se despacha aquí. El blues es presentado en su manera más pura posible en ‘'Voodoo Chile'’, un jam que cuenta con el maestro Steve Marriott (en aquel momento, en Traffic) en Hammond, Jack Casady (de Jefferson Airplane) en bajo, y Mitch Mitchell en batería. Contrario a lo que parece, no está sacada de un show en vivo. Este jam originalmente nació una noche en un escenario del histórico Scene Club en New York, y los 4 protagonistas partieron de inmediato al estudio a repetirla y dejarla como testimonio en cinta. Todo un acierto. Para celebrar su concepción es que luego se le agregaron los aplausos y gritos como si fuese tocada ante público. Romántica historia.

Si ‘'Little Miss Strange'’ te suena extraña, claro, es un tema más bien soft-rock compuesto y cantado por Noel Redding, bajista de la Experience, que estaba pronto a abandonar el barco. Comparativamente, ‘'Long Hot Summer Night'’ está mucho más sucia y llena de polvo. Pero así le gustaban sus canciones a Hendrix. Otra vez, su voz tenía mucho que ver. Hay que pasar a un rocanrol tan revoltoso y de vieja escuela como ‘'Come On (Part 1)’' para que su canto se siente lo encima que el tema le pide. Hagan la contraposición con ‘'Gypsy Eyes'’ y estará todo claro como el agua. Jimi se hizo cargo de la producción de “"Electric Ladyland"”, para encontrar el sonido que quería. Independiente lo haya logrado o no, los paseos de la guitarra por los distintos canales, el volumen de su instrumento y los efectos que acompañan su voz son todas inquietudes propias. Cómo no reconocer una obra maestra como '‘Burning of the Midnight Lamp'’, una de esas canciones que parecen bajar del cielo. Al rock ácido nunca fue más colorido, impredecible y emocional como en este track. Esas coristas le cambiarían la vida a Pink Floyd años más tarde. Y con detalles como aquel, Jimi mostraba estar a años luz de la gran mayoría.

El seguro andar de la fenomenal ‘'Rainy Day, Dream Away'’ es capaz de dar cabida a ‘'Still Daining, Still Dreaming'’, su viciosa y espacial segunda parte. Ambas fueron grabadas en la misma sesión, junto a Buddy Miles en batería, Mike Finnigan en teclados, y por muy extraño que parezca, sin bajo. Es Finnigan quien llena magistralmente tales espacios. Las resignación sicodélica de ‘1983 (A Merman I Should Turn to Be)’. Escuchen ese carrusel sonoro que gira en torno a la batería de Mitch, es simplemente espectacular. La segunda mitad del track es una orgía instrumental pre-zeppeliana muy representativa de la experimentación de Hendrix en el estudio.

Siempre creí que lo mejor de “"Electric Ladyland"” está en su trilogía final. ‘'House Burning Down'’ tiene un ritmo que si no te las aprendes de memoria, es imposible seguirle el ritmo, con sus quiebres y alocada marcha. La guitarra de Jimi arde, y por algún motivo genera la idea de que esos aullidos guitarreros es la mismísima canción que pide clemencia, que estaba destinada a ser solo una cancioncilla más pero Hendrix nota a nota la va exprimiendo hasta lograr el resultado anhelado. La casa de alguien está ardiendo. Ojo.

‘'All Along the Watchtower’' es con toda seguridad uno de los mejores covers que se han hecho en la historia. Es también uno de los trabajos de guitarra más aplaudidos que alguna vez Hendrix hizo: blusero, slide, wah-wah, y virtuoso. Qué limpio suena. Su obsesión por la canción perfecta lo llevó a grabar las pistas (tocó todos los instrumentos, salvo la batería) de esta composición original de Dylan (lo hizo con varios otros temas también, para ser justos) una y otra vez. A juzgar por lo que fue finalmente el primer single del LP, Jimi, una vez más, tuvo razón. Es perfecta. Es tan perfecta que Bob Dylan nunca más tocó su versión propia, sino que adoptó la interpretación-transformación de Hendrix. Ese gesto de Bob ahorra cualquier banalidad que podamos agregar nosotros, mortales comunes y corrientes.

La última, y probablemente más impresionante, cita con la historia lleva por nombre ‘'Voodoo Child (Slight Return)’'. El Hendrix guitarrista y el Hendrix compositor se dan la mano y construyen la canción más pesada que se había hecho hasta el momento (en 1968 solo podía hacerle la pelea ‘'Helter Skelter'’). Han pasado más de 40 años, y todavía una guitarra no suena así. ‘Es el lado más inhumano de Hendrix, y por eso se siente como una especie de viaje. No los viajes en su autobús de gira que inspiraron la letra del tema, sino que una ida y vuelta a su propio mundo.

Podría seguir interminables horas ensalzando la figura de Jimi Hendrix. Pero volvemos al conflicto inicial: aún se nos siguen apareciendo preguntas en la cabeza. ¿Qué tiene de especial “"Electric Ladyland"” en desmedro de sus otros discos? Cuesta explicarlo. Contrario a lo que muchos han dicho, este no es un álbum conceptual. Solo son canciones que estaban destinadas a escucharse juntas. Tan simple como eso. Si tu disco favorito de Hendrix es otro, no hay problema. Existen muchas maneras de finalmente ver la luz…

Juan Ignacio Cornejo K.

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